Cuando en la víspera el Banco Central hizo su propio focus group de paridad, ya jugado públicamente el jefe de Estado, dejó correr la demanda y las agujas de la City se detuvieron antes de los $35, registró que la intersección del día entre dólar, tasas e inflación no es de los $41 ni $38, según habían estimado economistas de la talla de Miguel Angel Broda o Carlos Melconián, pero tampoco de los $24 de inveterados optimistas que hablaron con el corazón antes que con el bolsillo, como dijo el extinto ex ministro radical Juan Carlos Pugliese en los difíciles tiempos prehiperinflación de Raúl Alfonsín.
Sin embargo, los últimos sucesos demuestran que no sólo es cuestión de números la explicación por el ensañamiento de los mercados contra Argentina.
El analista económico de la influyente agencia Bloomberg, Ben Bartenstein, consideró que si bien la "presidencia de Mauricio Macri estaba destinada a sacar a Argentina de un período deprimente de impagos de deudas, controles cambiarios y recesión", ahora "los mercados muestran que los inversores están perdiendo la fe en el nuevo amanecer para la 2da economía más grande de América del Sur".
Describió el inside del riesgo país: "El rendimiento de Argentina sobre los bonos del Tesoro -el costo adicional que paga prestado en el mercado de bonos en comparación con Estados Unidos- ha subido este mes al nivel más alto desde diciembre de 2014. El diferencial superó al de Ecuador, que tiene la dudosa distinción de tener el 2do lugar- la mayoría de los valores predeterminados en el mundo desde 1800, por primera vez desde mayo de 2015", señaló.
Prat Gay sabe de qué habla
El ex ministro de Hacienda y Finanzas del primer tramo de la Administración Macri, ejecutor del plan que regresó al país a la comunidad financiera internacional mediante la liberación de los cepos que trababan el movimiento de capitales y el arreglo extrajudicial del default de parte de la deuda privada, Alfonso Prat Gay, de algún modo tomó la representación de una línea de opinión que trasciende a la ortodoxia local: "Para ordenar esta economía, que es un quilombo, necesitás un ministro de Economía. Si no hay un responsable que tenga la visión general, se nos van a ir los desequilibrios. Si se elige el camino del gradualismo, exige un monitoreo", sostuvo.
Pudo haber sangrado por la herida, al haber sido despedido a instancias de la mesa chica de la economía, que coordina la Jefatura de Gabinete, pero sus antecedentes en la mesa del Morgan y los contactos que mantiene con los ex colegas harían pensar que lo que dice no anda muy lejos de lo que piensa la mesa examinadora que recibirá a Macri en Nueva York.
Con todo, fue directo en las declaraciones efectuadas a un canal de noticias cuando admitió haber tenido “un problema con el esquema de funcionamiento, y se lo dije al equipo de Jefatura de Gabinete el primer día".
Su ex colaborador ascendido y actual presidente del Banco Central, Luis Caputo, también lo tiene y a punto estuvo de recibir roja directa en la Casa Rosada cuando iba decidido a plantearle al mandatario las viejas cuitas que provocaron las secuencias de malas praxis. Lo pararon a tiempo.
Prat Gay puso como ejemplo de los desaguisados que denuncian que "va Dujovne a Nueva York, va Quintana, ahora lo van a hacer ir al Presidente a Nueva York a explicar algo que es distinto a lo que dice el acuerdo. No podemos exponer al Presidente", enfatizó.
En realidad, el Presidente asumió en la práctica que hace falta ejecutar todo el crédito del FMI y que el cálculo de las necesidades de financiamiento adicional para cerrar el Presupuesto 2019, elaborado por Hacienda y Finanzas, no se lo cree nadie, cuando lo que habían querido demostrar era que del lápiz rojo emanarían las soluciones.
Puro voluntarismo, a los ojos de los tahúres de las finanzas, más pendientes de que los gobernadores estén dispuestos a poner el gancho que del blablablá de funcionarios que se caracterizan por errar pronósticos e incumplir promesas.
Sin embargo, a figura de Mauricio Macri aún goza de la simpatía de los gobiernos del G-20, como bloque e individualmente. Lo creen convencido en llevar adelante las reformas que permitan reinsertar definitivamente a la Argentina en el mundo para comerciar y recibir inversiones, a la vez que ponderaron, en general, el compromiso que se puso de manifiesto con la transparencia, al ser librada una lucha contra la corrupción como nunca antes de había visto en el país.
Las dudas subsisten y se reflejan en la dureza con que el país es tratado por los mercados. No sólo ponen en tela de juicio la gobernabilidad frente a la conjunción de un ajuste sin fin con una recesión e inflación ya endémicas, sino que reprueban la idoneidad de su equipo, al que tampoco se le ve recambio.