No es muy alentador el panorama que presentan los flujos internacionales de capitales especulativos cuando se los convoca desde economías recesivas y con crecimiento económico negativo, verbigracia el caso argentino.
Los inversores se muestran renuentes a asumir mayores riesgos para colocar dinero en países emergentes, como el nuestro, pero además no hay mucho con qué:
-la Fed ampliará a casi el doble de junio (30.000) el nivel de absorción de los bonos por 50.000 millones mensuales desde octubre que colocara en la crisis y
-es probable que siga subiendo las tasas desde el 3,5%, lo cual restará margen para los emergentes. Para Argentina pueden resultar fatídicos, porque ya 2,8% encendieron la mecha de la corrida.
En bancas de inversión de Wall Street, como el J.P. Morgan, manejan al dedillo toda esta información, y aun más detallada, por la incidencia que tendrá una languidez como la que se insinúa sobre los bonos argentinos ya emitidos y por emitir.
Por de pronto, fueron los primeros en salir de las Lebacs cuando se incubaron los supermartes y la secuencia posterior terminó dándoles la razón.
Teniendo como presidente del Banco Central a Luis “Toto” Caputo, quien acredita en su CV el paso que tuvo por Wall Street como empleado de la entidad, es fácil imaginar que sobreviven en la agenda varios colegas suyos que siguieron juntando años cuando él se fue, y que esa relación abre el canal de intercambio de figuritas.
Y por si Toto se hubiera alejado del todo de aquel hábitat, también abrevaron de esa fuente otros prominentes funcionarios del gobierno de Mauricio Macri, empezando por el ex ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay; Demien Reidel, vicepresidente del BCRA; el secretario de Finanzas, Santiago Bausili; Vladimir Werning, ex subsecretario de Análisis Económico de Jefatura de Gabinete, y Miguel Ángel Gutiérrez, titular de YPF, entre los de mayor nivel.
Los puentes, en consecuencia, están permanentemente tendidos entre la Administración Macri y la meca financiera de Manhattan.
Optimismo versus pesimismo
Ya en funcionamiento el crédito stand by otorgado por el Fondo Monetario Internacional, de nuevo aparece en escena el banco norteamericano de mayor exposición en América Latina sembrando de ratones los números sobre Argentina.
Las proyecciones más pesimistas que plantea indican que este año el PBI caerá -1,5% y otro 2% en 2019, año en que Cambiemos (o como se rebautice la coalición) irá por la reelección. Recién en 2020 volvería el signo positivo a 1,5% y así se mantendría en los dos años siguientes.
Las perspectivas de inflación son también sombrías: 35% este año, 26% el que viene, 20% en 2020 y recién un dígito en 2023: 8%.
En ese contexto, la tasa de interés descendería desde el 48% estimado para 2018, al 32% en 2019, 26% en 2020 (como la de referencia de los buenos tiempos de Federico Sturzenegger al frente del Central antes del 28 de diciembre, en que le patearon el tablero desde la Jefatura de Gabinete. Para 2021 la tasa sería de 18%, del 16% en 2022 y 14% en 2023.
El ratio de deuda estimado por el Morgan va del 71,6% del PBI en 2018, al 72,7% en 2019; y 71% hasta llegar al 2023. Hace unos meses, se calculaba en 58% la relación entre deuda y PBI del final de un eventual 2do mandato.
Claro que para ello es condición que el gobierno sea reelecto, lo cual por estos días la performance económica no parecería asegurar, ni mucho menos. Pero es cierto, asimismo, que tampoco asoma una oposición cohesionada que pueda arrebatarle el sillón de Rivadavia.
Pero en la hipótesis de que Macri tenga que entregar el bastón de mando a otro/a Presidente/a dejaría un ratio de deuda del 72,7%. Pero desde el Norte del Hemisferio, ven con preocupación la posibilidad de una salida prematura de Cambiemos, ante el riesgo que representaría un regreso del populismo a la Casa Rosada.
Al acuerdo firmado con el FMI se le prendieron luces amarillas del lado del financiamiento, porque la disminución de las hipótesis de crecimiento obligan a replantear en baja el déficit fiscal primario ya en este año: de 2,7 a 2% del PBI y también el de 2019, de 1,3 a 0,99 puntos.
La compensación eleva la relación deuda/PBI del 64,5% de base a 70% este año y la deuda federal, del 53 al 58% en 2023. El Tesoro tendría un ratio del 43,1% en 2019 y se mantendría en esos niveles hasta 2023.
El reporte advierte acerca de la vulnerabilidad de los inversores internacionales tenedores de títulos en dólares ante otra devaluación en términos reales, lo cual puesto en palabras sería: ante el riesgo de incumplimiento, deshacerse de todas las tenencias de bonos argentinos.