Los mitos de género han generado una poderosa serie de creencias sobre la sexualidad de la mujer y los doble estándares sexuales. Como parte de la socialización de género, a las adolescentes se les enseña a ser pasivas y evitar mostrar su deseo sexual.
Puede confundir la proliferación de imágenes de mujeres desnudas o semidesnudas en poses provocativas en revistas, redes sociales o internet, pero esto podría responder más a la intención de presentarse como objeto sexual ofrecido al hombre que a manifestarse como deseantes.
Los mitos de género sitúan a los hombres como los principales receptores de sexo oral y a las mujeres como las dadoras de sexo oral a los hombres.
La evidencia indica que los aspectos positivos y negativos de las experiencias de sexo oral en las mujeres jóvenes reflejan las mismas representaciones socioculturales que existen en nuestra cultura y sociedad desde siempre. De los hombres se espera que deseen y busquen el comportamiento sexual sin importar el contexto, mientras que de las mujeres se espera que evitan el sexo casual y tengan relaciones sólo cuando están enamoradas y en una relación.
En el estudio puntual de Sovetkina, Weiss y Verplanken, se armaron discusiones en grupos focales para conocer cómo las mujeres jóvenes perciben sus experiencias de sexo oral, y cómo las estructuras de género y poder en la sociedad afectan las interacciones de sexo oral entre los hombres y mujeres jóvenes heterosexuales.
De las 24 estudiantes universitarias, aproximadamente el 17% de ellas reportó tener una extensa experiencia en el sexo oral, 83% dijo tener experiencia moderada. La mitad de las participantes indicó que había practicado sexo oral dentro y fuera de una relación, alrededor del 42% de ellas dijo haberlo tenido sólo en el marco de una relación, mientras que el 8% lo tuvo sólo por afuera de una relación. La mitad de las estudiantes reportó haber tenido una experiencia positiva de sexo oral, el 25% había tenido experiencias neutras, el 21% podía recordar experiencias mixtas y el 4% reportó haber tenido una experiencia negativa con el sexo oral.
Las mujeres definieron su percepción de vulnerabilidad en el sexo oral como relacionada con factores tanto externos como internos.
Los factores externos estuvieron asociados con la vulnerabilidad física de la mujer en el encuentro, a partir de haber tenido experiencias en las que un hombre intentó controlarlas físiclmente durante la felación, así como haber sentido dolor físico o incomodidad durante el cunnilingus.
Los factores internos estuvieron asociados con la vulnerabilidad emocional (psicológica) de las mujeres, y se relacionaron con la angustia que les produce la percepción de su propia imagen corporal, y su percepción de que los hombres toman el control en las relaciones.
"De hecho, mi novio me dijo que de alguna manera le gusta cuando estoy un poco incómoda, y esto lo escuché de muchos chicos -dijo una de las participantes durante una de las discusiones de grupos focales-. Es un tema de poder, pero no quiere decir que él quiera lastimarme. Creo que ellos simplemente lo encuentran sexy cuando una está un poco incómoda. Pienso que simplemente tiene que ver con su propia naturalza: quieren sentirse poderosos."
Entre otras cosas displacenteras asociadas a la felación, las mujeres reportaron la percepción de que los hombres querían eyacular en sus bocas y esperaban que ellas tragaran el semen, así como que les empujaban la cabeza hacia adentro.
Las estudiantes universitarias enfatizaron que la mayoría de los hombres estaba obteniendo su conocimiento sobre el sexo oral a través del porno en internet. Asímismo, la experiencia de sentir dolor físico durante el cunnilingus fue percibido por las mujeres como un signo de inmadurez de los hombres y fue atribuido a la influencia del porno.
En cuanto a la percepción de la vulnerabilidad emocional, apunta el esutdio, esta estaba organizada en torno a los estereotipos socialmente aceptados sobre cómo debería ser la apariencia física de una mujer y se relaciona con los problemas de autoestima de las mujeres y su "eficacia" sexual. Predominaba la ansiedad y el miedo a no alcanzar los estándares sexuales de los hombres, así como la preocupación de que los hombres las controlen y dominen en la relación.
En cuanto al cunnilingus, las participantes dijeron que la presión social de los medios y la pornografía -que dictan los estándares sobre su apariencia física- juegan un rol preponderante en que ellas se sientan vulnerables durante este acto. Dijeron que esto las volvía demasiado conscientes de sí mismas e impactaba en el nivel de satisfacción que sentían respecto de su imagen corporal. (Por ejemplo, algunas mujeres temían que un hombre notara su celulitis u otras imperfecciones físicas o particularidades de sus vaginas). También fue nombrado el tema de que las mujeres temen que a los hombres no les guste el bello púbico o se burlen de sus imperfecciones.