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Macri, ofendido con los empresarios que destrozaron a su equipo (¿?)

Las principales empresas del país encuestadas por encargo de IDEA modificaron drásticamente su opinión sobre la gestión económica del gobierno respecto de lo que proyectaban un mes antes de la elección de noviembre pasado: el 76% que en ese momento vaticinaba una mejora en el 1er semestre de 2018, transcurrido este período, con devaluación y corrida cambiaria incluidas, admitió en 68% de los casos que en realidad le fue peor. ¿Repercusión del endurecimiento financiero internacional en la política de endeudamiento que bancó el gradualismo? En parte. ¿Repunte de la cotización internacional del petróleo que afectó los precios internos? También. ¿Sequía? Incidió. Pero el pesimismo reinante en los timoneles de las empresas que representan entre el 70% y 80% del PBI tiene 3 responsables intestinos: la inflación, la comunicación y el equipo inadecuado, que la volatilidad del dólar, que lo catapultó por encima del 50% e hizo perder US$20.000 millones de reservas en el intento por controlarla, sin que aún esté dicha la última palabra, no hizo más que exacerbar. Entre aquel coloquio preelectoral y el que viene dentro de 4 meses hubo un 28 de diciembre en que la Jefatura de Gabinete mostró públicamente que había tomado el control político del Banco Central y sometido a su titular, Federico Sturzenegger, quien apenas unos meses después, vaciado de credibilidad, debió pilotear la tormenta cambiaria que terminó llevándoselo puesto.

El enojo de los últimos días de Mauricio Macri con el círculo rojo ya es rayano con la obsesión. No es que haya habido críticas nuevas de periodistas o de economistas, sino que, sobre llovido mojado, le pegaron mal los resultados de la encuesta hecha entre la 2da y la 3ra semana de junio (cuando la mayor parte de la devaluación ya se había concretado) por encargo del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA): casi 7 de cada 10 de los 230 ejecutivos de las principales empresas del país afirmaron que en el 1er semestre les fue peor que en el periodo anterior.

En efecto, en el coloquio de octubre del año pasado, una semana antes de los comicios de medio término, se batía el récord de optimismo en el historial de la compulsa que arranca en el 2000, ya que 76% manifestó que la economía iba a mejorar en el período enero-junio, en lo que presagiaba la inercia esperable de una victoria electoral.

Pero al mes siguiente, en diciembre, el panorama cambió. Embriagada con las mieles de las urnas, la Jefatura de Gabinete, donde funciona la mesa chica de la economía bajo las órdenes de Marcos Peña bajo la coordinación de los secretarios Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, anunció que se replantearían las metas inflacionarias y se bajaría la tasas de interés, a contramano de la aceleración de los precios tras los tarifazos reanudados, y así se introdujo en los mercados el germen de la desconfianza, al mostrar que habían doblegado a la conducción del Banco Central, a cuyo frente estaba Federico Sturzenegger, quien dio la cara en la conferencia de prensa que le era totalmente adversa.

La encuesta de IDEA que acaba de ser difundida, realizada por Eduardo D´Alessio, lo registró claramente: los ejecutivos señalaron a la inflación, la comunicación y el equipo inadecuado como los 3 mayores déficits de la gestión macrista que agravaron la situación financiera externa y provocaron la corrida cambiaria cuyas consecuencias se sienten y prolongan sus efectos sobre el 2do semestre, en cuyo transcurso tendrá lugar la restante compulsa anual que organiza IDEA.

Para entonces, sin embargo, el 51% de los ejecutivos prevé una recuperación leve de las expectativas, atribuida al repunte en la posición financiera luego del acuerdo con el FMI y haber sido recategorizado el país a emergente por la sociedad MSCI, además de una repercusión favorable en el comercio exterior, producto de la apertura internacional, del aumento del dólar y de la mejora en los términos de intercambio.

Al hacer la presentación de los resultados, el titular de la consultora, Eduardo D'Alessio, relacionó la caída de la actividad en este período con la de 2008/9 tras la pelea entre el kirchnerismo y el campo, si bien aclaró que "en general no se está viendo una profundización de la crisis".

Desde que se realiza la encuesta, en el 2000, sólo una vez hubo una diferencia mayor entre las expectativas y la realidad: fue entre el periodo de mayo y octubre de 2001, cuando en el medio sucedió el atentado del 11 de Septiembre a las Torres Gemelas.

El péndulo empresarial

En esta oportunidad, contrastó un tal vez excesivo optimismo poselectoral, influido más por el alejamiento de la proyección del temor a un regreso del populismo en 2019 que a la marcha objetiva de la economía, cuyos indicadores y acechanzas lejos estaban de justificar tamaña euforia reflejada en el sondeo.

Macri sigue atragantado con los empresarios porque tampoco esos estados de ánimo triunfalistas se habían traducido en las lluvias de inversiones que estuvo vanamente pronosticando desde diciembre de 2015.

Siente que no reconocen que haya torcido, con el viento en contra de la corriente popular legada por el kirchnerismo, el rumbo del modelo económico hacia los principios neoliberales que la oposición le endilga y sus ex colegas esgrimen en la retórica: como sacar los cepos al dólar y la importación y levantar el default de la deuda que trababa el financiamiento externo. Ni aun así, la respuesta recibida fue de apuesta con los efectos conducentes a la reforma en marcha.

Quizá no reparó en que en las propias declaraciones juradas ante la oficina anticorrupción de la mayoría de los funcionarios de su gobierno, brutalmente verbalizadas ante la prensa por el ex ministro de Energía Juan José Aranguren, residía la clave de tan contradictoria actitud: el reconocimiento casi general de que mantenían la mayor parte de sus ahorros en cuentas del exterior.

En el blanqueo se vio clara la reticencia: 9 de cada 10 residentes que se acogieron al régimen de sinceramiento fiscal pagaron pero sin repatriar los fondos declarados.

Desde entonces, la Administración Macri manifestó buenas intenciones y hasta ahora tuvo reconocimiento institucional con el FMI y el MSCI, pero cometió muchos errores, que el propio Presidente admitió varias veces últimamente, que no ayudaron a restaurar la confianza de los agentes económicos, ya sensibilizada por las acechanzas de la política monetaria estadounidense y los conflictos comerciales declarados por USA, sobre todo, con los países asiáticos.

En este marco, la cuarta parte de los consultados no cree que la situación varíe, aunque otro tanto opina que el contexto actual es mucho peor. Lo adjudica a:

-la devaluación de la moneda y la inflación;

-la caída del nivel de actividad y la baja en el consumo;

-la falta de inversión,

-las elevadas tasas de interés y

-la imposibilidad de bajar el déficit.

En menos de un año todas las expectativas de empleo, ventas y rentabilidad bajaron considerablemente en comparación a las previsiones que tenían las empresas.

Sólo se mantuvo la inversión estimada, lo cual no es poco, dadas las circunstancias. Los niveles habían sido récord, con promesas de desembolso del 14% de la facturación anual, que cayeron apenas al 13%, y siguen muy arriba del promedio de los últimos 8 años.

D´Alessio dijo al respecto en la presentación de la encuesta que, aun con este panorama adverso, "la inversión por unidad de negocio sigue estando por encima del promedio, cambió su destino: ahora prevalecen las del tipo blandas (desarrollo de tecnología, de nuevos productos y búsqueda de nuevos mercados), respecto de las duras (incorporación de maquinaria, obras civiles y equipamiento informático)", indicó.

No siguieron el mismo patrón positivo las estimaciones en cuanto a creación de nuevos puestos de trabajo, ya que sólo para un 19% el empleo en su empresa aumentará en el próximo año, contra el 48% que en octubre de 2017 esperaba aumentar la cantidad de personal.

Algunas empresas privadas del sector de servicios, como Accenture Argentina, que se encuentra en la conducción de IDEA, anunciaron que "en los próximos 6 meses vamos a contratar a 600 personas. En nuestro caso, las expectativas de negocios aumentaron, no solo por la mejora en la competitividad con la devaluación, sino que muchos proyectos de transformación en energía, la industria pesada y el sector financiero están creciendo", indicó su presidente Sergio Kaufman.

Donde nadie se hace demasiadas ilusiones es con las ventas. Las expectativas se derrumbaron desde el 83% que el año pasado afirmaba que iban a aumentar, al 34% del reciente sondeo.

Ahora, inclusive, el 41% de los ejecutivos prevé una disminución a un año vista, cuando en octubre de 2017 sólo el 8% avizoraba un panorama negativo.

También en relación a la rentabilidad, del 43% que el año pasado creía que iba a crecer, únicamente el 28% prorrogó el crédito hasta el año en curso.

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