Tras el default, las conflictivas relaciones externas y sobrerregulación e intervencionismo exacerbado hasta 2015, la eliminación del cepo (que impedía a las multinacionales presentes en el país enviar utilidades al exterior y forzaba a reinvertirlas) tuvo en principio un efecto contrario al esperado, ya que al permitirles compensar aquellas restricciones con salidas de capital terminaron afectando el magro saldo neto de IED acumulado en los últimos años.
Argentina marchó en sentido contrario a lo que ocurría en otros países de la región, en los que los aportes de capital y los préstamos entre compañías eran la principal fuente, según corroboran datos de CEPAL.
El director general de la consultora “DNI”, presidente del Capítulo Argentino de la Internacional Society for Performance Improvement (ISPI) e investigador y profesor del ITBA, Marcelo Elizondo, destacó al emitir el informe que “la recuperación de Argentina en la agenda de recepción de IED de 2017 la pone en marcha para avanzar en una materia en la que viene rezagada”.
Y que “para mantener las nuevas fuerzas exhibidas en 2017 deberá acompañar los buenos nuevos resultados con mayores avances en reformas estructurales pendientes, recuperación de equilibrios económicos y generación de incentivos varios”.
Apunta Elizondo que “los países que reciben mayores niveles de IED logran mayor capacidad tecnológica, inserción en cadenas internacionales de comercio y producción, más alta tasa de inversión doméstica, empleo de más calidad, desarrollo de estándares internacionales productivos y mejor performance de su PBI”.
Está en el prospecto de reformas que le viene reclamando la comunidad internacional a Macri, que ni la carencia de liderazgo ni la idoneidad de sus propios equipos han logrado introducir a pleno hasta ahora.
Reinversión de utilidades
El rebote favorable a Argentina del año pasado provino, en realidad, de una mayor reinversión de utilidades, que se disparó 47% interanual en el período abril-junio, así como en la menor salida de capitales por el pago de deudas con las compañías matrices.
“La inversión en relación al PIB, en valores constantes y desestacionalizada, llegó al 21%, el valor más alto en los últimos 4 años”, reportó la Agencia Argentina de de Inversiones y Comercio Internacional (AAICI).
Desde la asunción de la actual Administración, en diciembre de 2015 hasta el 30 de septiembre pasado, los anuncios de inversión totalizaron US$ 74.011 millones, correspondientes a 687 proyectos de 527 empresas, según figura en el Mapa de la Inversión en el país, la herramienta interactiva que se elabora en la órbita del Ministerio de la Producción.
A nivel de sectores, en el total de anuncios sobresale la industria de petróleo y gas, claramente impulsada por las oportunidades en la formación Vaca Muerta y el acuerdo sectorial que, entre otras cosas, impulsa las inversiones en la actividad y las condiciones de trabajo específicas para la explotación de hidrocarburos no convencionales. Acumula US$ 22.500 millones, los proyectos mineros totalizan US$ 8.300 millones, y el rubro Telecomunicaciones, Medios y Tecnología completa el podio con US$ 7.600 millones.
Más atrás siguen los desarrollos inmobiliarios (US$ 6.500 millones), Generación y Servicios Públicos (US$ 6.300 millones), Energías Renovables (US$ 6.200 millones), Bienes de Consumo (US$ 4.400 millones) y Bienes industriales (US$ 3.900 millones).
Si bien los resultados de 2017 de Argentina permiten observar una muy relevante recuperación en la recepción de IED, los niveles (muy mayores que en 2016) son aún menores que los que recibiera en 2012 y similares a los de 2010, 2011 y 2015. aunque en estos último prevalecieron circunstancias particulares domésticas que hicieron que las decisiones de inversión no fueran tan libres como en 2017.
Asimismo se dio la particularidad de que los flujos de IED en el todo el mundo cayeran 16% el año pasado, hasta US$1,32 billones (después de 2 años con muy buenos niveles de IED: 2015 y 2016), según reporta en un reciente informe la oficina de la UNCTAD.
Tampoco Latinoamérica ha sido, claramente, una región de gran recepción de flujos de IED en el planeta, pero tiene en Brasil (país al que sin embargo cayó de modo relevante la IED el año anterior), y en niveles algo menores en México, dos actores relevantes desde hace mucho tiempo.
De todos modos, comparándolo con lo que ocurrió en el resto del mundo, el descenso en la recepción de IED en nuestra región fue menor que en las más atractivas en la materia, de acuerdo con la consultora internacional T. Kearney, e incluye en la columna de Latinoamérica al Caribe).
Datos recogidos por el Centro de Estudios Latinoamericanos, en base a informaciones oficiales propuestas por los diversos países, dan cuenta que Argentina registró un alza de 152% de recepción de IED en relación al año anterior, mientras los ingresos en Latinoamérica en total descendieron 5%.
Se convirtió, en consecuencia, en el país de mayor crecimiento porcentual en la materia, aun teniendo en cuenta que la base de comparación es inusitadamente baja, porque en 2016, ante la salida del cepo, había tenido un resultado exageradamente bajo, además de arribar, tras muchos años de ostracismo inversor, con un stock acumulado de inversión extranjera directa (IED) menor que el de economías de la región que tienen un PBI más pequeño.
Brasil, en tanto, fue una vez más en 2017, y pese al descenso comparativo respecto de niveles anteriores, el único país de Latinoamérica presente entre los 10 principales receptores de IED del planeta (fuente UNCTAD), por encima de México y aun Colombia. Argentina quedó 4to tras desplazar en 2017 a Chile, que lo venía superando en los últimos años, y a Panamá y Perú.
El reciente avance se produjo a pesar del stock acumulado (acervo) de IED muy bajo por la relativa cuasi desconexión de la economía mundial durante mucho tiempo y ser muy débiles emisores de inversión extranjera hacia el exterior, al contar con pocas multinacionales, o sea empresas que establecen eslabones propios de producción en el exterior a través de inversión propia fuera del país.