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Al final, la Casa Blanca decide si lloverán inversiones y cuándo

El slogan "liberación o dependencia" que planteaba hace más de medio siglo el omnipresente de la política nacional actual, general Juan Domingo Perón, mutó en "inserción o aislamiento" y es entonces que la Administración Trump fija el cronograma de nuestra reinserción al mundo, según prometiera el presidente Mauricio Macri en la campaña presidencial de 2015: 1ro. ordenar la macroeconomía con intervención directa del Fondo Monetario Internacional; 2do. mejorar la calificación del país de fronterizo a emergente en el índice global que elabora Morgan Stanley Co. In. que aliviará la tasa de riesgo a los bonos; 3ro. celebrar en noviembre la cumbre del G-20 en Buenos Aires bajo el cierre de la presidencia in tempore que ejerce Argentina este año, y 4to. iniciar los trámites de admisión del país a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sobre la que Washington ejerce una influencia decisiva, una vez que sea cursada la invitación formal para ingresar en el selecto club. De los 36 que lo integran salió el año pasado el 77% del total mundial de inversión extranjera directa y recibieron el 57%, en el marco de una retracción general del 16% que caracterizó a esa rama del movimiento internacional de los capitales, la que en Latinoamérica se atenuó al 5%. En medio de tanta sequía, Argentina obtuvo una vez y media más de Inversión Extranjera Directa (IED) que en el año anterior, el primero sin cepos ni sanciones de la comunidad financiera internacional de los últimos años, la mayor parte generada en los socios de la OCDE.

Había sido cuando menos una frívola ligereza del gobierno de Mauricio Macri haber transmitido a la población que, con levantar el cepo y arreglar con los fondos buitres por los bonos en default, Argentina iba a recibir una lluvia de dólares en inversiones.

Hubo, sí, en el 1er año de gestión de Cambiemos un copioso ingreso de divisas en formato endeudamiento aunque en el simultáneo contexto de un drenaje continuo de capitales hacia el exterior que no cesa desde 2011.

La tendencia se acentuó inercialmente en 2017, año de sequía global en materia de inversión extranjera directa, si bien la Argentina fue una de las excepciones de tanta escasez de los flujos de IED en el mundo y en Latinoamérica en particular, al recibir una vez y media más fondos del exterior aplicados a la economía real que los del año precedente. De todos modos, siguió por debajo del promedio regional.

Aunque a pesar del gran salto de 2017 Argentina no pudo superar el nivel de IED de 2000 (la entrada en 2001 (ante la inminente crisis, ya había descendido a sólo US$3.181 millones en los últimos tiempos de la convertibilidad), el valor de este resultado es más bien simbólico porque exhibe que los inversores muestran cierta recuperación de confianza y credibilidad, luego de que el alza en la recepción de IED en los vecinos ha sido mucho mayor desde hace 20 años a esta parte.  

Mientras Argentina recibe hoy niveles de IED similares a los del primer año del siglo (2000), en Brasil, México, Colombia y Chile desde ese año se han elevado sustancialmente.

Tras el default, las conflictivas relaciones externas y sobrerregulación e intervencionismo exacerbado hasta 2015, la eliminación del cepo (que impedía a las multinacionales presentes en el país enviar utilidades al exterior y forzaba a reinvertirlas) tuvo en principio un efecto contrario al esperado, ya que al permitirles compensar aquellas restricciones con salidas de capital terminaron afectando el magro saldo neto de IED acumulado en los últimos años.

Argentina marchó en sentido contrario a lo que ocurría en otros países de la región, en los que los aportes de capital y los préstamos entre compañías eran la principal fuente, según corroboran datos de CEPAL.

El director general de la consultora “DNI”, presidente del Capítulo Argentino de la Internacional Society for Performance Improvement (ISPI) e investigador y profesor del ITBA, Marcelo Elizondo, destacó al emitir el informe que “la recuperación de Argentina en la agenda de recepción de IED de 2017 la pone en marcha para avanzar en una materia en la que viene rezagada”.

Y que “para mantener las nuevas fuerzas exhibidas en 2017 deberá acompañar los buenos nuevos resultados con mayores avances en reformas estructurales pendientes, recuperación de equilibrios económicos y generación de incentivos varios”.

Apunta Elizondo que “los países que reciben mayores niveles de IED logran mayor capacidad tecnológica, inserción en cadenas internacionales de comercio y producción, más alta tasa de inversión doméstica, empleo de más calidad, desarrollo de estándares internacionales productivos y mejor performance de su PBI”.

Está en el prospecto de reformas que le viene reclamando la comunidad internacional a Macri, que ni la carencia de liderazgo ni la idoneidad de sus propios equipos han logrado introducir a pleno hasta ahora. 

Reinversión de utilidades

El rebote favorable a Argentina del año pasado provino, en realidad, de una mayor reinversión de utilidades, que se disparó 47% interanual en el período abril-junio, así como en la menor salida de capitales por el  pago de deudas con las compañías matrices.

“La inversión en relación al PIB, en valores constantes y desestacionalizada, llegó al 21%, el valor más alto en los últimos 4 años”, reportó la Agencia Argentina de de Inversiones y Comercio Internacional (AAICI).

Desde la asunción de la actual Administración, en diciembre de 2015 hasta el 30 de septiembre pasado, los anuncios de inversión totalizaron US$ 74.011 millones, correspondientes a 687 proyectos de 527 empresas, según figura en el Mapa de la Inversión en el país, la herramienta interactiva que se elabora en la órbita del Ministerio de la Producción.

A nivel de sectores, en el total de anuncios sobresale la industria de petróleo y gas, claramente impulsada por las oportunidades en la formación Vaca Muerta y el acuerdo sectorial que, entre otras cosas, impulsa las inversiones en la actividad y las condiciones de trabajo específicas para la explotación de hidrocarburos no convencionales. Acumula US$ 22.500 millones, los proyectos mineros totalizan US$ 8.300 millones, y el rubro Telecomunicaciones, Medios y Tecnología completa el podio con US$ 7.600 millones.

Más atrás siguen los desarrollos inmobiliarios (US$ 6.500 millones), Generación y Servicios Públicos (US$ 6.300 millones), Energías Renovables (US$ 6.200 millones), Bienes de Consumo (US$ 4.400 millones) y Bienes industriales (US$ 3.900 millones).

Si bien los resultados de 2017 de Argentina permiten observar una muy relevante recuperación en la recepción de IED, los niveles (muy mayores que en 2016) son aún menores que los que recibiera en 2012 y similares a los de 2010, 2011 y 2015. aunque en estos último prevalecieron circunstancias particulares domésticas que hicieron que las decisiones de inversión no fueran tan libres como en 2017.

Asimismo se dio la particularidad de que los flujos de IED en el todo el mundo cayeran 16% el año pasado, hasta US$1,32 billones (después de 2 años con muy buenos niveles de IED: 2015 y 2016), según reporta en un reciente informe la oficina de la UNCTAD.

Tampoco Latinoamérica ha sido, claramente, una región de gran recepción de flujos de IED en el planeta, pero tiene en Brasil (país al que sin embargo cayó de modo relevante la IED el año anterior), y en niveles algo menores en México, dos actores relevantes desde hace mucho tiempo.

De todos modos, comparándolo con lo que ocurrió en el resto del mundo, el descenso en la recepción de IED en nuestra región fue menor que en las más atractivas en la materia, de acuerdo con la consultora internacional T. Kearney, e incluye en la columna de Latinoamérica al Caribe).

Datos recogidos por el Centro de Estudios Latinoamericanos, en base a informaciones oficiales propuestas por los diversos países, dan cuenta que Argentina registró un alza de 152% de recepción de IED en relación al año anterior, mientras los ingresos en Latinoamérica en total descendieron 5%.

Se convirtió, en consecuencia, en el país de mayor crecimiento porcentual en la materia, aun teniendo en cuenta que la base de comparación es inusitadamente baja, porque en 2016, ante la salida del cepo, había tenido un resultado exageradamente bajo, además de arribar, tras muchos años de ostracismo inversor, con un stock acumulado de inversión extranjera directa (IED) menor que el de economías de la región que tienen un PBI más pequeño.

Brasil, en tanto, fue una vez más en 2017, y pese al descenso comparativo respecto de niveles anteriores, el único país de Latinoamérica presente entre los 10 principales receptores de IED del planeta (fuente UNCTAD), por encima de México y aun Colombia. Argentina quedó 4to tras desplazar en 2017 a Chile, que lo venía superando en los últimos años, y a Panamá y Perú.

El reciente avance se produjo a pesar del stock acumulado (acervo) de IED muy bajo por la relativa cuasi desconexión de la economía mundial durante mucho tiempo y ser muy débiles emisores de inversión extranjera hacia el exterior, al contar con pocas multinacionales, o sea empresas que establecen eslabones propios de producción en el exterior a través de inversión propia fuera del país.

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