- tipo de cambio, $27,4 a fin de año.
El reporte se remite a encuestas de opinión pasadas para detenerse en febrero de 2017, cuando comenzaron una serie de recortes en torno del crecimiento para ese mismo año, basados en una seguidilla de publicaciones del EMAE negativos desde agosto 2016.
Subraya que, a partir de entonces, redujeron el crecimiento hasta mayo 2017 cuando revirtieron esa tendencia, influenciados esta vez por una serie de resultados positivos del mismo estimador.
Mientras la estimación oficial del PBI en campaña electoral se hallaba en el 3%, en el REM bajó al 2,80% en marzo y 2,70% en abril hasta tocar el 2,60% en mayo, pero a partir de ese momento remontó hasta converger con la retocada por el gobierno en 2,90% en el mes del comicio.
Para mediados de 2017, con el tipo de cambio, el Rofex calculaba una paridad más alta que el REM, frente a un comportamiento efectivo del mercado por debajo de ambos. Hasta que en julio de 2017, en la previa de las PASO, los 3 planetas se alinearon en $17 y monedas, según el cuadro elaborado por Transacciones, y a partir de ese momento las pizarras empezaron a marcarle el paso al dólar, si bien entre noviembre y diciembre, quedaron relegadas por el vector de los futuros, para retomar en enero la delantera.
En abril se disparó el billete y, en plena corrida, en mayo se fue a $23,67, lo cual ni el Rofex, que estaba en$19,35, ni el REM, que la había estimado en $18,70, acertaron, ya que ambos inclusive quedaron en leve baja respecto del mes precedente.
Duelo de expectativas
El balance de los vaticinios de los 6 meses anteriores a la crisis indica que, en promedio, los expertos subestimaron la cotización del dólar en torno del 0,88%, mientras que el mercado apenas la sobreestimó en alrededor de 1,44%.
Las diferencias entre lo pronosticado y la realidad no son aleatorias, sino que reflejan un excesivo optimismo a futuro en momentos financieros favorables y, viceversa, en los desfavorables, lo cual se reflejó el año pasado en la subestimación del tipo de cambio previo a las PASO, observa el informe de Transacciones.
Haber acudido al Fondo Monetario Internacional le representa al gobierno una vida más, en el argot de los videojuegos.
Durante tres años, la macroeconomía estará sometida a auditoría multinacional y la recompensa serían los desembolsos que se pautaron del préstamo contingente de los organismos hasta cubrir los US$50.000 millones otorgados, empezando por los US$5.000 millones de la transferencia inicial.
La libre flotación cambiaria le pone un termómetro al pulso de los mercados y transmite las inquietudes que pudiera despertar el cumplimiento de los objetivos de política fiscal y monetaria del acuerdo, al que los expertos REM y Roflex irán siguiendo con lupa.
Pero la activa participación que seguirán teniendo las tarifas de los servicios públicos y de los combustibles en el sistema de precios relativos, además de la carga financiera que proviene del sobreendeudamiento, inoculan presiones inflacionarias que la política monetaria no dará abasto para morigerar.
Le esperan jornadas menos agitadas al titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, a medida que la Tesorería no le pida más emisión y pueda transformar las Lebacs suyas en Letes de Hacienda, y no necesite tener activa la mesa cambiaria con el ojo puesto en el Índice de Precios al Consumidor y en las reservas, que ahora el FMI vigila, ante la descreída mirada de los expertos, con el titular de E&R, Diego Giacomini, y el economista Javier Milei, entre los más incisivos.
La debutante cotización del dólar libre no define aún tendencias que destaquen algún elemento pro-cíclico en las proyecciones que permita identificar, en la observación de las series precedentes, patrones de pronósticos más o menos optimistas o pesimistas, como sucediera en la etapa de la Administración Macri iniciada en diciembre de 2015, cuyo réquiem finalmente decidieron los propios ejecutores al haber recurrido al FMI, según puntualizó Víctor Beker, director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano.
El especialista sostuvo que “la meta de inflación pasa por lograr que, en junio del año que viene, estemos en el 20%”, cuando para este año pronósticos moderados como el de Miguel Kiguel la ubican en 27/28%.
La Nación relevó el domingo opiniones calificadas que combinan temores por una mayor inflación en el 2do semestre con una contracción de la economía, como expresa el director de EPyCA Consultores, Martín Kalos, y avizora una espiral entre indexación de tarifas, devaluación e IPC, que afectará el salario real y el consumo, sobre todo barrial. Va de suyo que se transita hacia un deterioro laboral de acá a fin de año.
En ese sentido, Irina Moroni, economista jefe de la Fundación Capital, subraya que el empleo industrial hace varios meses que no crece y que podría percibirse una baja en la construcción. Pero a la vez prevé para este año una caída del poder adquisitivo del salario, de al menos 2 puntos en promedio, con una baja más pronunciada en el sector público.
Pese a la devaluación, las exportaciones tampoco ofrecen soluciones a la vista, ni para aliviar la cuenta corriente del balance de pagos ni para morigerar la retracción de la demanda interna.
Con 2018 jugado y la sequía ya atravesada, el agro cerrará esta campaña administrando la liquidación de divisas y con la mirada puesta en la cosecha que viene, sin corrientes del Niño y la Niña que la comprometan prima facie. Junto con el despeje de incógnitas en cuanto al ritmo real de recuperación de la economía brasileña, constituyen las dos grandes equis de la ecuación económica del año electoral, 2019.
El hiperoficialista titular de la consultora W, Guillermo Olivetto, se resignó en un artículo publicado hoy en La Nación a una 2da parte del año para el olvido, e instó a suspirar por los números del 1er trimestre, cuando explotó la crisis cambiaria. Para ese entonces, según el índice general de actividad económica que elabora la consultora de Orlando Ferreres, la economía crecía al 3,8%, y “de los 14 sectores del consumo que monitoreamos en Consultora W, 12 mostraron crecimiento, 1 quedó empatado y solo 1 mostró contracción”, expuso.
Pero la historia cambió: “Las proyecciones más recientes de múltiples economistas, bancos e incluso del gobierno señalan que la variación del PBI oscilará entre +0,8% y +1,4% anual”, aclara, lo cual significa que: “1) Será mucho menos que lo previsto (entre 2,7% y 3,5%). 2) El impacto del freno en el nivel de actividad comenzará a percibirse de manera creciente en los próximos meses. 3) No están hablando de caída, sino de 2 trimestres más ´fríos´".
Olivetto ensaya un canto al optimismo para 2019 a partir de este nuevo piso, ya que “prevé que la economía crecerá 2% o más. La Bolsa de Rosario proyecta una cosecha de 120 millones de toneladas, un 21% más que este año. El consumo masivo podría recuperar cierta dinámica creciendo 1 o 2% y si el crédito cobra ritmo nuevamente, los bienes durables volverían a despertar el deseo del consumidor”.
Aunque menos entusiasta, el economista director del estudio Eco Go, Federico Furiase, coincide: pronostica un crecimiento del 1 al 1,3% del PBI para 2018 y de 2,5% para 2019, con un techo del 3% por efectos del ajuste y la tasa alta que mantendrá el Banco Central para bajar la inflación.
Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de Orlando Ferreres & Asociados, se esperanza en la forma en que podría irradiar al PBI del año electoral que viene una recomposición salarial del 5% por inflación, más aumentos adicionales en noviembre, diciembre y enero por las renegociaciones que comienzan en septiembre, y el impacto final de las paritarias.
La mesa está abierta, hagan juego señores.