Las devaluaciones son la manifestación de la muy precaria situación fiscal. Es cierto que en los 3 primeros meses del 2018 se observó un importante ahorro fiscal del 20% gracias a la reducción de los subsidios a la energía. Pero esto fue más que compensado por un incremento del 30% del principal gasto del Estado nacional, que es el previsional, y del 100% en el pago de intereses de deuda pública. Esto llevó a que el déficit total pase de $540 mil a $665 mil millones, o sea, crezca en $125 mil millones en sólo los 3 primeros meses del año.
Como agravante, las herramientas para moderar el crecimiento del gasto público están siendo fuertemente cuestionadas en el Congreso. El cambio de la fórmula de movilidad previsional se logró en un contexto de gran polémica, demagogia y violencia. En el mismo sentido, pululan las iniciativas tendientes a revertir o aletargar el sinceramiento de las tarifas de los servicios públicos. De prosperar alguna de estas demandas, se revertiría la principal fuente de morigeración del gasto público, que son, los recortes en los subsidios económicos.
Al exagerar las bondades del gradualismo se pierde conciencia de los costos sociales del alto déficit fiscal. La devaluación es consecuencia de la inflación y ésta del alto desequilibrio en las finanzas públicas. Para evitar las devaluaciones es necesario asumir de manera más seria la organización del sector público. Un tema central es la reforma integral del sistema previsional.
Puntos claves son tender a la eliminación de los regímenes especiales que les permite a ciertas personas jubilarse antes, aportar menos o cobrar prestaciones mayores. También hay que revisar la regla de pensión por cónyuge que duplica los beneficios ya que a las personas que ya tienen jubilación les brinda un segundo beneficio (pensión derivada) cuando su cónyuge fallece.
Que el dólar y las tarifas acompañen a la dinámica del nivel general de precios es la menos peor de las alternativas. Para evitar los traumas y las preocupaciones que generan las devaluaciones y los “tarifazos” hay que bajar la inflación. Esto pone en evidencia la importancia de ordenar estructuralmente las cuentas públicas.