ver más
POD 11_336_VIO_KNOPOFF

Estado de alerta en el gobierno por la fuga de capitales

Para ubicarlo en su justo término: la venta de dólares forzada que realiza el BCRA es fuga de capitales. O sea que con Mauricio Macri en la Casa Rosada, no ha cesado la fuga de capitales, que podría resultar más explicable en los días de restricción de CFK. Y, aunque el lunes 09/04 haya sido tranquilo en materia de venta de dólares del BCRA vía el Banco Nación, los operadores no le creen al gobierno cuando insiste en que aún es baja proporción entre deuda y PBI: del 30% según acaba de declarar el ministro de Finanzas, Luis Caputo, en el Congreso, quien asevera que no peligra la continuidad del financiamiento externo e interno elegidos para solventar con gradualismo el déficit fiscal. Pero resulta que si se computan los rojos del Tesoro, los intereses de su deuda y los de la que contrae el BCRA, más el atraso cambiario, la verdadera relación se estira a un riesgoso 50%. El agujero a financiar, en consecuencia, termina triplicando el 3,2% del PBI del desequilibrio primario que consta en el presupuesto. E inclusive los intereses que se pagan por la rueda real a solventar aumentaron 51% en el primer bimestre, en comparación a igual período de 2017. La vulnerabilidad de la estrategia de financiamiento llevaba a cabo por la Administración Macri enciende luces naranjas porque, además de que se debe más de lo admitido, el perfil de los vencimientos se concentra entre un mes y 3 años. En tan breves plazos, los movimientos en alza en las tasas internacionales que ya empezó a descargar la Reserva Federal de USA y las aprehensiones que puede despertar entre los acreedores el elevado grado neto de exposición deudora del país, en el marco de una inflación que no cede y con un PBI de débiles pulsaciones, el camino sólo conduce al dólar. No ayuda que en el horizonte cada vez más se ciernan, amenazantes, recuerdos no muy lejanos que remiten a medidas desesperadas con que se buscaban financiamientos forzosos o semiforzosos a través de canjes de deuda gigantescos a rendimientos exorbitantes o métodos aún peores de obtener préstamos de determinados sectores de la sociedad en particular.

 

Tic-tac, tic-tac, suele ser el punzante repiqueteo del reloj que tortura a un insomne en el silencio nocturno, o el amenazante avance del timer de una bomba. Pero a plena luz en las jornadas bursátiles y financieras asume la forma de un goteo de reservas internacionales que emigran del Banco Central a diario para pagar que la paridad no supere los $20,5 que la demanda cotidiana de divisas pone en jaque.

Desde marzo, el drenaje suma más de US$2.000 millones que como ni el saldo comercial ni la cuenta de capital de la balanza de pagos reponen, la compensación queda exclusivamente pendiente de la vaca que se haga cotidianamente en la city porteña, la rosarina y la cordobesa.

La dinámica contabilidad financiera sobrevuela las rigideces presupuestarias que suelen atravesar la mesa de entradas del Congreso en las segundas mitades de los años, analizarse en las comisiones, discutirse, pelotear entre Diputados y Senado para terminar saliendo con formato de ley tiempo después, cuando la inflación y las ejecuciones del ejercicio previo hicieron estragos con esos cálculos.

Tal es así que el 3,2% del PBI que se toma como déficit fiscal en el Presupuesto vigente se triplica en la práctica a la hora de consolidar todos los rojos estatales que convergen en el mercado financiero local y exterior: el operativo del Tesoro, los intereses de la deuda del Tesoro y los de la deuda del BCRA.

Y el taxi que genera ese costo financiero de la deuda que se va gestando, según admitió el ministro de Finanzas, Luis Caputo, en el Congreso, papelito va, papelito viene, saltaron de $12.396 a $37.328 millones, o sea el triple.

De modo que el déficit financiero total se elevó en el primer bimestre de 2018 un 51% interanual, a contramano de la reducción del 30% en el mismo período que mostró el primario, pero con el agravante de que se lo está solventando con vencimientos escalonados a muy corto plazo, que tornan muy precario el equilibrio, aumentan la volatilidad y encarecen las pretensiones de rendimiento.  

 

Deuda/PBI

No se comparece con el día a día en el mercado la reciente aseveración del ministro de Finanzas, Luis Caputo, sobre que la relación endeudamiento/PBI es una de las más bajas de los últimos tiempos.

La ubica en el 30%, pero se queda cortO porque no incorpora la deuda tomada por el BCRA, que supera por sí sola el 12% del PBI, ni tampoco la de las provincias u organismos públicos.

Tampoco considera el frecuente uso de créditos otorgados por el Banco Nación y otras entidades públicas para cerrar cuentas en forma cosmética en el Estado.

Con lo cual -aún sin la deuda provincial- la relación entre deuda pública y PBI supera el 45%.

El diagnóstico se complica si se le carga “un atraso cambiario de alrededor del 30%, que haría ascender la relación al 40%, y si se le suma la deuda pública del BCRA, el cociente supera el 50% con creces. En otras palabras, al estar la deuda mayoritariamente contraída en dólares y al estar el PBI contabilizado en pesos, estamos en realidad comparando peras con manzanas”, como advirtió el economista Wálter Graziano en ámbito.com.

Toda la deuda del BCRA vence en plazos sustancialmente inferiores al año y buena parte de la pública está concentrada en niveles que van de varios meses a 3 años, y no más.

Por más que el Banco Central haya dejado sin efecto la política de baja de tasas que anunciara el 28 de diciembre la mesa chica económica, en la última semana la mitad de los tenedores de las Lebacs que vencían no quisieron renovar y los inversores prefirieron seguir tomando posición en dólares, absorbiendo los que regaba el BCRA para evitar la devaluación y que se vaya a precios.

Al ser la deuda pública eminentemente flotante, y en consecuencia su perfil de vencimientos caótico, se surfea en bicicleta y se queda a merced de recompensar a los inversores con la tasa que pretenden como condición para quedarse con el ciento por ciento de la emisión del bono que tenga que lanzar el gobierno a fin de no frenar el revolving.

Si Federico Sturzenegger tuvo su revancha tan pronto a la mordida de polvo que le propinaron desde la mesa que coordina la Jefatura de Gabinete y retomó la senda ascendente de la tasa ello obedeció a que los mecenas privados de la gran rueda del financiamiento al Estado no quieren saber nada de que les carguen en la cuenta del carry trade que traían la inflación adicional por la reducción de los subsidios energéticos y simultánea mejora que produjeron los tarifazos en los balances de las compañías como Edenor, Transener, Transportadora de Gas del Norte y del Sur y Pampa Energía: prefieren comprar dólares.

La búsqueda de liquidez en verde en las carteras, sea para llevar al redil americano a los Georges Washington´s o para seguir el partido gradualista de Macri desde una tribuna techada, copó el centro del tablero de las finanzas.

El Presidente les pide a los ministros que “pongan huevos”, como hacía la 12 a los jugadores xeneizes cuando manejaba Boca y los resultados no se daban, y los insta a decirles que no a los gastos.

En los grandes números, la consigna se dificulta porque las tres cuartas partes de las erogaciones presupuestarias van a parar a la asistencia social y, si bien los tarifazos aportaron una caída de 4 puntos del PBI al reducir subsidios económicos, el equipo de lujo volvió otra vez la mirada hacia el régimen previsional, de donde se quedaron con las ganas de extraer un bocado mayor cuando impulsaron el recorte a las jubilaciones.

Más Leídas

Seguí Leyendo