Estos básicamente son las cláusulas gatillo de los ajustes de valores,. Son al mismo tiempo referencias directas para las negociaciones paritarias y para la política cambiaria del Banco Central, que por esa vía procurará que la paridad actual acompañe la marcha de la inflación para no volver a acumular más atraso, aunque al igual que las tarifas, la devaluación impacte en el índice general y, como el boomerang, regrese al dólar.
Y la tasa de interés oficia de cubierta de este mecanismo que se nutre, alimenta y retroalimenta la inflación.
El resto de los precios relativos (regulados y libres) giraría, en más y en menos, en torno del IPC/CER/UVA/dólar/tasa.
Semana Santa y después
El día después de las minivacaciones de Semana Santa + Malvinas amanece con una artillería de remarcaciones, empezando por la factura de gas, que subirá un 32% promedio, debido al último ajuste dispuesto por el gobierno sobre los ingresos de las distribuidoras y transportistas. Más un 12% en el boleto de colectivo, tren y muy posiblemente el subte; 13,4% los peajes de las autopistas porteñas, y una eventual corrección en los combustibles que seguirá al alza del 8% para el bioetanol con que se mezclan las naftas.
De esta forma, al previsible salto del 2% que se pronostica para el IPC, abril le sumaría otro tanto, un poco como consecuencia de las indexaciones de marzo y el grueso por efecto del tarifazo y la corrección cambiaria del mes, de modo que si el trimestre concluye con el 6,2%, el cuatrimestre no bajará del 8%.
Y así seguirá el carrousel en lo sucesivo, con lo que cualquier quiebre hacia abajo será suave y dependerá de los puntitos que se le puedan arañar a los sectores que, por una cuestión de oferta y demanda, aflojen un poco o que los cierres paritarios sigan cercanos al 15% a fin de promediar hacia abajo los valores regulados o semi (tarifas, combustibles, cambio), más próximos a una tasa anualizada del 20%.
En 2017, aún con la levantada final, el dólar quedó muy por debajo de las Lebacs (18,4 contra 28,6%) y a mitad de camino estuvo el IPC. La ventaja que le estuvo sacando mensualizada la letra del BCRA fue del 8,6%: el famoso trade carry, que hasta antes de la devaluación del 12 de diciembre anotaba una ganancia bruta de 16,7% en dólares.
En enero, la política financiera se puso patas para arriba. Empezó por bajar la tasa de interés, aunque en seguida se la dejaba como iba estando por el repunte de la inflación y subía el dólar más rápido que lo soportado por los operadores.
En este contexto volátil, invertir en Lebac rindió 2,44% en pesos durante el primer mes del año, el dólar subió 5,44% en el mismo período y la inflación el 1,8%.
En febrero, la Lebac rindió 2,08% en pesos, el dólar 2,41% y el IPC 2,4%.
En marzo hubo un quiebre a partir del 5, cuando el BCRA empezó a intervenir en la plaza cambiaria y la Lebac recuperó 2,4% en dólares: la corta dio 2,01% frente a una suba del dólar de 0,14% y la inflación difícilmente sea menor a 2%. El enfriamiento cambiario insumió US$2.000 millones de las reservas, pero el mercado descuenta que la sangría para la flotación sucia ya está aplacada.
El trimestre, en consecuencia, finalizaría con una recuperación cambiaria de menos de un punto, Lebac 6,7%, el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) 6,8% y más atrás el plazo fijo de pizarra, 5,5%.
El CER, hoy por hoy, es el seguro que tienen los inversores contra los aumentos de tarifas y del dólar que alimentan la inflación, y a la vez ésta a aquellos.