Pero más tarde arribó al Río de la Plata y cabe preguntarse que lo motivó a viajar de Francia a Buenos Aires. Sucedió que, a principios de 1826, con la creación del cargo de Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Bernardino Rivadavia, 1er. jefe de Estado, buscaba transformar la ciudad en un centro cultural, y para ello precisaba de algunos referentes.
Uno de los más codiciados por Rivadavia fue Pedro de Angelis, y le extendió un contrato para crear y dirigir 2 periódicos en las Provincias Unidas. Entonces, De Angelis emprendió viaje rumbo al continente americano. En un comienzo, él ejerció el periodismo cuestionando las ideas federales y, a diferencia de cualquier otra persona nueva en tierras desconocidas, no tuvo miedo de escribir ni de enfrentarse con quien fuese.
Desde sus periódicos apaleó a Manuel Dorrego, Esteban Echeverría y a la intelectualísima Generación del '37, a quienes consideró unos "salvajes unitarios".
De Ángelis tuvo que enfrentarse a la cruel realidad que Rivadavia duró escaso tiempo, y cuando ocurrió la salida de su protector hacia un exilio definitivo, el inmigrante tuvo que reinventarse.
A fines de 1827, De Angelis se encontraba nuevamente sin empleo, tal como antes en Europa. El coronel Dorrego estaba al mando, y no tenía en sus planes olvidarse de las críticas recibidas por el italiano. De inmediato, Dorrego le cerró sus periódicos y le clausuró el acceso al gobierno. No hay nada nuevo en la Argentina de los tiempos M o de los K.
Pedro de Ángelis dedicó a dictar clases y fundó un ateneo que convocó a una nutrida población joven. Pero Dorrego también fue fugaz, y su asesinato a manos de Juan Galo Lavalle aflojó notoriamente la situación del periodista. Sin embargo, el horizonte no le era propicio a causa del lento ascenso de Juan Manuel de Rosas, quien no tenía simpatía alguna por el historiador.
En septiembre de 1829 Pedro de Ángelis fundó otro periódíco, El Lucero, el 1er. diario porteño que incluyó pronósticos meteorológicos, movimientos de naves en el puerto, cambios de moneda e ingresos diarios de ganado en la ciudad. En El Lucero, además, se incluyeron algunas crónicas de la Campaña del Desierto que llevaba adelante Rosas.
Durante los años siguientes, De Ángelis pasó relativamente inadvertido en la politica. Él realizaba algunas críticas literarias y se enfocaba en uno de sus más grandes trabajos: un archivo personal de documentos sobre los años fundantes de la Argentina. Su acumulación de datos, tanto geográficos como históricos y étnicos, fueron superiores al Archivo General de la Nación, nacido como Archivo General de la Provincia de Buenos Aires.
Su investigación lo llevó a escribir algunos biografías: de Rosas, Estanislao López, José Ildefonso Álvarez de Arenales y Aimé Jacques Alexandre Goujaud Bonpland. Más adelante, el italiano comenzó a justificar las ideas de la Restauración. Ya lo había afirmado el refrán: "si no puedes con tu enemigo únete a él".
De Ángelis comenzó a darle contenido intelectual o cultural a un movimiento populista muy básico.
La relación de Pedro de Angelis y Juan Manuel de Rosas comenzó a incrementarse, al punto que él fue contratado para divulgar el proyecto de la Restauración a través del "Archivo Americano y Espíritu de la Prensa del Mundo", que circularía en Europa editado en 3 idiomas. Sin embargo esto era de poca importancia para el historiador, quien por ese entonces también publicó una "Memoria sobre los Derechos de Soberanía de la Confederación Argentina a la parte austral del continente americano".
La llegada de Justo José de Urquiza al poder, dejó a De Angelis -¡otra vez más!- sin oportunidades laborales: ni periodista ni historiador. Él fue expulsado -aunque para entonces él ya se había autoexiliado en Montevideo, antes de irse a Río de Janeiro donde fue recibido con los mayores honores-.
Entre sus principales producciones había dejado la "Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata", iniciada en 1836, y que en 7 tomos reunía una vasta colección de documentos sobre los tiempos de la colonización española y los albores de la Argentina.
Precisamente en Uruguay, en 1854, decidió darle un corte definitivo a su situación económica y laboral. Tramitó la venta de su biblioteca que, tal como es de imaginar contenía una de las más importantes remesas de documentos relativos la historia del Río de La Plata. Luego de varios años y de arduas negociaciones, se la quedó el gobierno de Brasil.
En Río de Janeiro fue nombrado miembro del Instituto Histórico Geográfico de la que era capital de Brasil. También fue incorporado a la Royal Geographic Society de Londres, a la Societé Geographique de París, a la Societé Royale des Antiquaires du Nord de Copenhague, al Reale Instituto d'Incoraggimiento delle Scienze Naturali de Nápoles y a la American Philosophical Society de Filadelfia.
De Angelis regresaría una vez más a la Argentina, en 1855. Sin embargo él fue recibido como un ex colaborador de Rosas. Trabajó en algunos proyectos como la "Memoria sobre el estado de la Hacienda Pública", el "Proyecto de organización para la instrucción pública de la Provincia de Buenos Aires", la "Recopilación de las leyes y decretos promulgados en Buenos Aires desde el 25/05/1810 hasta el fin de diciembre de 1835", el "Reglamento para el ejercicio y maniobras de los regimientos de infantería", una "Bibliografía General del Río de la Plata", que no se alcanzó a editar y cuyos manuscritos se conservan en el Archivo General de la Nación, y un "Libro de Lectura Elemental e instructiva para jóvenes estudiantes".
En su vejez, siendo todavía rechazado por la mayoría de la intelectualidad unitaria argentina -basta recordar los fuertes enfrentamientos con Esteban Echeverría-, fue reconocido y nombrado miembro del Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata, a pedido de su creador, Bartolomé Mitre.
Pedro de Angelis falleció en Buenos Aires, el 10/01/1859, y sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta.