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El recálculo de la desocupación se cierne como el gran tema de 2018

El déficit de intercambio de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) para todo el año fue estimado por la UIA en USD 35.000 millones, 12,9% más que en 2016, y por encima de los USD 32.885 millones de 2013 y USD 32.004 millones de 2015 en pleno cepo K. Son los dólares anuales que le cuesta a la balanza comercial el tradicional sesgo importador de la industria nacional, pero peor aún: son los puestos de trabajo que se resignan cuando se trae del exterior un producto que reemplaza al que se hace o se podría hacer en las plantas locales con mano de obra autóctona. Las automotrices pueden dar fe de ello. El dato se traslada a la política, más precisamente a la relación de fuerzas entre el movimiento obrero organizado, las patronales y el gobierno. En la cresta de la representación laboral casi que no se divisan los mamelucos, esos que tácitamente disputan la estabilidad de los puestos con otras latitudes (mecánicos, metalúrgicos, textiles). Prevalecen, en cambio, los que prestan servicios pesificados vinculados al consumo interno, no pasibles directamente de ser importados: comercio, banca, gastronómicos, estatales y construcción. Por eso, la representatividad de genéricos como las paritarias o la reforma laboral es tomada con pinzas en el estilo de diálogo institucional que se viene, debido a que las condiciones de trabajo y salarios que acuerden en cada mesa sectorial, como ya hicieron los petroleros, electrónicos y automotrices, estarán en la práctica por encima de lo que suceda “para la foto”.

La dirigencia sindical de gremios de tradición combativa, como el metalúrgico (UOM) de Tierra del Fuego, petrolero (SPGP) de Neuquén y mecánico (SMATA) de Córdoba, se avinieron a sentarse con las patronales a discutir sobre la flexibilización de los convenios laborales, sin esperar la suerte que corra el proyecto de reforma laboral, en las sesiones legislativas ordinarias, a partir de marzo.

Es un approach, asimismo, de lo que puede ocurrir en las mesas de las paritarias, que también se abren con el primer mes hábil del año, donde el tema dominante será la actualización de los salarios frente a la inflación “recalculada”, a la que el gobierno nacional ya le anticipó un tope del 15%.

Salvo la industria relacionada con los hidrocarburos, que depende de inversiores de capitales internacionales (incluido YPF), la actividad en las otras quedó íntimamente relacionada con la competencia externa ya que desde que se levantó el cepo empezaron a fluir las importaciones: automotriz, electrónica, textil, antes que nada se preocupan porque la plantilla de empleados de las fábricas locales se encuentra en zona de riesgo, a lo que cabe agregar que el avance de la tecnología en los procesos industriales reemplaza al overol.

No es el mismo problema que les toca afrontar a las representaciones de los empleados de comercio, bancarios, estatales y docentes, cuya reacción espontánea ante el límite salarial que se pretende imponer a las convenciones colectivas fue tirar sobre la mesa la cláusula-gatillo. Tampoco lo es para los gastronómicos u obreros de la construcción, que miran más por la demanda interna (el consumo) y el gasto estatal en pesos que por los ingredientes dolarizados de la balanza comercial. 

A nivel corporativo e institucional, como entidad madre del movimiento obrero organizado, la CGT ya no cuenta con una validación política actualizada, ni en la interna ni ante la sociedad. Sólo caudillismos parciales de algunos de sus antiguos dirigentes, como Hugo Moyano o Luis Barrionuevo, trafican destellos de identidad, que muchas veces tientan a la clase política para intentar armar acuerdos de cúpula pour la galerie.  

Dejando de lado estas antiguas glorias, u otros nombres de segundo orden con presencia mediática, como Héctor Daer, Juan Carlos Schmid, Carlos Acuña u Omar Plaini, en la mesa directiva de la central obrera sobresalen camioneros, estacioneros de combustible, de peaje, construcción, señalizadores y judiciales, apuntalados por los denominados Gordos, que precisamente encarnan gastronómicos, comercio, bancarios. Los mamelucos huelgan y no precisamente por estar de paro.

El desenvolvimiento de la realidad económica transitó por afuera de la gran foto y, en los dos años que transcurrieron de barreras semiabiertas en la Aduana, la industria automotriz se convirtió en un caso testigo de la transformación: por una puerta entran robots a cumplir tareas antes reservadas a personal bajo convenio y, por otra, salen seres de carne y hueso suspendidos o directamente desvinculados.

En números redondos, la radiografía estadística sectorial mostraría que en 2017 se patentaron más de 900 mil vehículos, de los cuales 600 mil arribaron en contenedores y 300 mil salieron de las terminales locales. Computadoras a full, máquinas más “tranquis”.

De un relevamiento realizado por Adecco surge que más del 85% de los protagonistas del sector prevé que las ventas aumentarán en 2018 o por lo menos se mantendrán similares a 2017. Pero cuando la pregunta va hacia cómo cerrarán el ejercicio, casi 6 de cada 10 creen que será mejor que el anterior, versus el 40% que pone en duda que esto pueda suceder o directamente lo niega.

En este contexto, la mitad de los consultados reconoce que la coyuntura económica está afectando su estructura de personal.

No extraña, en consecuencia, que el 75% de las empresas (entre automotrices y autopartistas) admita que ya está reduciendo las plantillas de personal efectivo y que 12% estime que este año nuevamente se producirán suspensiones, cuando por otro lado venden cada vez más y anuncian planes de inversión.

En la compulsa aparece que, pese a las medidas que afectarán la ocupación de mano de obra, la mayoría de las compañías (40%) sostiene que particularmente está creciendo y un 67% que invertirá, para lo cual espera contar con créditos blandos y promoción industrial.

Robotización versus humanización

En ese sentido, al contestar un cuestionario de El Cronista Comercial RPM, los titulares de las principales automotrices desparramaron optimismo y ratificaron planes de ampliación de sus líneas de producción.

Inclusive, en una entrevista publicada en La Nación, el Ceo de Volkswagen Argentina, Pablo Di Si, anunció que ampliará los pedidos desde Brasil de la Amarok V6 fabricada en Pacheco, lo cual implica mayores exportaciones para 2018, pero no más empleo. La compañía, que redujo un turno en 2016, implementó junto al sindicato una revisión de procesos para mejorar la productividad. El titular de la compañía, Hernán Vázquez, hizo hincapié en que este año podrían producir 400 vehículos por día, lo mismo que hace dos años, pero con un turno menos.

En la misma dirección, Carlos Zarlenga, presidente de General Motors Mercosur, recordó que US$ 500 millones (US$ 300 millones pondrá la firma y US$ 200 millones la red de proveedores) serán invertidos en el Complejo Automotor de Alvear, Santa Fe, en una nueva plataforma para el período 2017-2019 de un modelo global de Chevrolet, la cual, sostiene, generará nuevos empleos directos a partir de 2020.

Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Chrysler Automobiles Argentina, señaló que completan una inversión de US$ 500 millones en reequipamiento y modernización de la planta, incorporación de nuevas tecnologías y procesos, desarrollo de más de medio centenar de proveedores y capacitación de las personas, destinado a la producción del Fiat Cronos, el nuevo modelo de la marca.

Luis Fernando Peláez Gamboa, titular de Renault Argentina, recordó que la inversión de US$ 100 millones en marcha termina este año con la incorporación de más de 500 nuevos colaboradores en la fábrica y la inauguración de un segundo turno de fabricación.

Enrique Alemañy, presidente de Ford Argentina, nada dice de puestos de trabajo, pero sí que continúan ejecutando el plan de inversión en la localización autopartes y la modernización de Planta Pacheco. Y que avanzan hacia el largo plazo con el lanzamiento del Mondeo Híbrido, que marcará el primer paso en la Argentina de la estrategia global de electrificación de Ford.

El relevamiento de Adecco apunta como uno de los grandes desafíos para este año a los vinculados al sector autopartista, donde se busca solucionar la falta de autopartes importadas tanto como sostener la cadena de proveedores nacionales, hoy muchos de ellos en situación crítica excepto las multinacionales, para lograr cumplir con la integración local.

Además, las compañías señalan la necesidad de mejorar la competitividad con Brasil, bajar los costos logísticos y un mayor acceso a financiación.

Otro dato relevante es que, mientras las empresas del sector automotor se quejan de la dificultad para comprar piezas importadas, cerca de la mitad de los consultados en el estudio se sienten perjudicados por las importaciones que se realizan en el sector.

La industria trae del exterior más del 60% de las partes hechas con mano de obra extranjera (brasileña principalmente) que componen el auto que sale de fábrica, y además importa el 70% de los vehículos terminados que se venden.

La reconversión fabril en marcha que entraña esta distribución en el empleo, más la automatización que llega de la mano de la disrupción tecnológica como fenómeno global, pone en un aprieto a los gerentes de RRHH de las automotrices cuando de cubrir posiciones de personal calificado se trata, de acuerdo con el 41% de las menciones. En el 47% de los casos son atribuidas a una expectativa salarial de los trabajadores por encima de la ofertada.

La mayoría de nuevas contrataciones, sin embargo, se producen solo para reemplazos (71%) y un 29% por nuevas posiciones.

Pasando en limpio la ocupación del sector, la fabricación de rodados generó más de 196 mil puestos de trabajo, tanto directos (en las terminales o concesionarios) como indirectos (tal el caso de repuestos, services, reparación, etc), para lo cual se encomendaron 1.5 millones de horas anuales de capacitación y formación para los empleados.

Cuatro son las provincias (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Tucumán) que reúnen 11 terminales, más de 500 autopartistas y el doble de concesionarios.

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