Faraón, Hegemon y Rey pero prefería que le llamaran dios

Hijo de Felipo II, rey de Macedonia, y de su mujer, Olimpia de Epiro, Alejandro nació el 20/07/356 aC en la capital del reino de su padre, Pela.
Alejandro fue preparado para ser rey, desde lo militar y lo intelectual. Fue alumno de Leónidas y a la edad de 13 años, comenzó a estudiar con Aristóteles.
A los 15, su padre comenzó a darle tareas asociadas al gobierno. Él era el encargado de recibir a los enviados persas, quienes reclamaban pagos en nombre de Darío III.
A los 16, fue el jefe de la caballería macedónica en la batalla de Queronea, convirtiéndose en gobernador de Tracia.
Luego Filipo II se casó con una nueva mujer, y Alejandro junto con su madre Olimpia se marcharon a Epiro.
Pero en el 336 aC su padre fue asesinado por el capitán de su guardia, Pausanias. A los 20 años, Alejandro fue el nuevo monarca de Macedonia. ¿Quién estuvo detrás del asesinato? ¿Darío III u Olimpia?
Algunas polis griegas se rebelaron creyendo que ahora era su oportunidad. Alejandro las sometió rápidamente. Y continuó por el Peloponesa, destruyendo y saqueando menos los templos y edificios simbólicos. Atenas le rindió pleitesía, y Alejandro fue Hegemon de toda Grecia.
Entonces emprendió, con 40.000 hombres, una expedición hacia Asia Menor. En Macedonia y el resto de Grecia dejó a Antípatro, el último general que quedaba de los de Filipo II.
La batalla inicial fue la de Gránico, y así accedieron al control del Mar Egeo y sus islas, y de Jonia, Éfeso, Halicarnaso, Pérgamo y Mileto.
Apenas conquistaba una nueva tierra, la orden era casarse con mujeres del lugar para generar una unión que diera más estabilidad al dominio.
Derrotó al persa Darío, que tenía un ejército de 500.000, luego conquistó Fenicia, Gaza y la isla de Tiro, para ir sobre Egipto, donde fue recibido como un libertador, y lo nombraron faraón.
Luego Cirene, capital del antiguo reino de Cirenaica, en el norte de África, se rindió a Alejandro en el 331 aC, extendiendo sus dominios a Cartago.
Entonces, Babilonia y Susa, dónde Alejandro volvió a enfrentarse a Darío, quien volvió a escapar pero al día siguiente fue asesinado. Entonces, a Persépolis, la que destruyó.
Intentó unificar los imperios griego y persa, comenzando por las monedas y el mercado comercial. Fundó 70 ciudades, la mayor parte de ellas con el nombre de Alejandría.
Si bien mantuvo en sus puestos a los sátrapas persas, ubicó fuerzas griegas que controlaban la zona, y él cruzó el río Indo e invadió el Punjab. Alejandro fue, en forma simultánea, Faraón de Egipto, Hegemon de Grecia, Rey de Persia y de Macedonia... pero su propio ejército se le rebeló. Ellos se negaron a continuar atacando, estaban agotados.
Magno regresó a Babilonia en la primavera del 324 aC, y murió a los 33 años. El imperio colapsó, antes de desaparecer. Alejandro no tenía ningún heredero legítimo, y su hermano Filipo Arrideo era deficiente. Su hijo Alejandro nació cuando él ya estaba muerto, y el otro, Heracles, era bastardo dudoso.
Sus generales (diádocos) se dividieron el territorio: Seleuco, Prolomeo, Antígono, Lisímaco y Casandro.
Alejandro Magno - El camino hacia el poder
"Le gustaba que le llamaran Dios, y creía serlo. Alejandro Magno (356-323 aC) recibió ese título de los sacerdotes del oráculo de Amón, en Siwa, al conquistar Egipto. Era un paso más en su imparable carrera. En 13 años, forjó el mayor imperio de la Historia. Dominó Grecia, la tierra de los faraones, Anatolia, Oriente Próximo y el norte de India. Era un monarca treintañero y poderoso, carismático y seductor; un guerrero cuajado de claroscuros que desencadenaba alabanzas y críticas, y sembraba la duda a su paso. Tuvo amantes -hombres y mujeres-, varias esposas y 2 hijos conocidos, aunque ningún heredero. (...)".
El periodista especializado en historia, arqueología y patrimonio Mario Agudo Villanueva -autor de "Macedonia: la cuna de Alejandro Magno"- fue entrevistado por César Cervera para el madrileño ABC, y aquí va un fragmento:
"(...) –Los atenienses consideraban a los macedonios unos bárbaros, aunque hoy se estime su historia irrenunciablemente helena, ¿por qué de esta contradicción?
–Macedonia no era a nivel cultural y político igual que el resto de Grecia. Todas las polis griegas tenían su propia idiosincrasia, pero es que Macedonia además era un reino. El rey tenía el poder absoluto, tanto político, militar como religioso. Su clima y su paisaje eran distintos, rodeados de montañas y en una planicie aluvial. Lo que les concedía mucha vegetación y riqueza minera y ganadera... Los rituales también eran muy distintos. Sus tradiciones de enterramiento con piras funerarias eran más propias de tiempos heroicos. Además, los jóvenes macedonios tenían que pasar por un ritual de acceso a la edad adulta que consistía en matar un animal por sus propios medios. Tenían valores arcaicos a ojos del resto de Grecia. Desde Atenas no los consideraban griegos y se los cita frecuentemente como bárbaros. Lo más curioso es que hoy es al revés. La historia de Macedonia es algo irrenunciable para los griegos actuales como consecuencia del impacto de la figura de Alejandro.
(...) –Tradicionalmente se presenta a Macedonia como una sociedad muy belicosa, poco interesada por la cultura.
–Los macedonios eran bastante aguerridos, entre otras cosas porque tenían vecinos terribles: los tracios en el norte y los ilirios por el oeste. Su posición estratégica, estando en la ruta terrestre entre Europa y Asia, y teniendo grandes cantidades de la madera fundamental para la flota ateniense; los situaba en un terreno bélico de primer orden y les involucró en muchos conflictos. De hecho, fue en las guerras del Peloponeso donde empezaron a despuntar un poquito. Pero eso no significa que no tuvieran también cierta vida cultural, con una orfebrería avanzada, exquisitos relieves, tallados de marfil… El problema es que, cómo las fuentes son atenienses, siempre se presentan deformados los macedonios y los tracios; porque en otro tiempo fueron sus enemigos.
–El filósofo Aristóteles era macedonio y rompe con esta idea de un pueblo de cabreros.
–Aristóteles es el caso más conocido. Nació en Estagira, un territorio que estaba cambiando de manos cada pocos años, pero que en tiempos de Aristóteles y su padre, el médico Nicómaco, quedó férreamente en manos macedonias. A Aristóteles le pesó ser macedonio a ojos de los atenienses y preceptor de Alejandro Magno. De hecho cuando Alejandro murió el filósofo se fue de Atenas.
–¿Cuándo y cómo se convirtió este reino de cabreros en una potencia militar?
–Hubo una serie de pasos previos. Alejandro I, un rey macedonio en tiempos de las Guerras Médicas, se movió con cierta astucia y apareció en los textos como un filoheleno (esto demuestra, de nuevo, que no eran considerados griegos). Macedonia entró con él en el primer plano de la historia de Grecia. Por su parte, el rey Arquelao reformó el Ejército y acogió a intelectuales griegos. Pero el salto definitivo es sin duda con Filipo II, el padre de Alejandro, cuando se gestó la hegemonía sobre Grecia. Alejandro no se puede entender sin la figura de su padre y es muy probable que no hubiera podido llegar tan lejos sin él.
Alejandro Magno, el señor de la guerra
–¿En qué consistieron los cambios encabezados por Filipo II?
–Filipo II heredó un reino en descomposición asediado por todos sus vecinos y lleno de peligros. Con astucia, habilidad diplomática y tácticas militares reunificó el reino, amplió sus fronteras y preparó la campaña asiática. Logró en la batalla de Queronea vencer a Tebas y Atenas, siendo el dominador del escenario político griego. Cuando Filipo fue asesinado por un tema de intrigas amorosas, había ya tropas macedonias en Asia. Filipo marcó el camino a Alejandro.
–¿Qué tenía diferente el ejército macedonio respecto al resto de griegos?
–En sus orígenes el ejército macedonio era en su mayoría caballería, con buenos jinetes y excelentes caballos. Su infantería no era poderosa y no tuvo un ejército en garantías hasta las reformas militares de Arquelao y de Filipo II. Filipo había sido rehén en Tebas y se había dado cuenta de que había otras formas de guerrear más allá de la caballería. Añadió a la buena caballería una poderosa infantería equipada con sarisas, que eran unas largas picas de 3 a 7 metros de longitud. El mayor peso de la pica se compensó con una reducción en el peso del escudo macedonio, que algunos autores apuntan que se inspiró en el tradicional escudo tracio. Asimismo, Filipo entrenó mucho a sus soldados y mejoró sus tácticas. Creó así la imbatible falange macedonia.
Otro de los éxitos macedonios es que fueron incorporando a otras fuerzas auxiliares a su ejército, como la caballería tesalia; y luego unidades procedentes del Imperio persa, ya en tiempos de Alejandro Magno.
–¿Da usted crédito a la idea de que Alejandro estuvo detrás del asesinato de su padre?
–A Filipo II le mató un amante llamado Pausanias por despecho, según las crónicas. No podemos saber lo que ocurrió realmente por la falta de materiales y testimonios. Alejandro salió beneficiado, pero eso era lógico. En el libro cuento que Filipo II nuncas dudó de que su hijo le sucedería y cuando salió a hacer sus campañas fuera de Macedonia le dejó de regente, lo cual fue alabado por los emisarios extranjeros, a los que el joven les dejó alumbrados. En su cabeza era la única posibilidad de sucesión, pues era el más preparado y capaz. (...)".
Alejandría - Hasta el fin del mundo
Otra vez Luisa Idoate, en La Verdad:
"(...) ¿De qué muere Alejandro Magno? Hay hipótesis, no seguridades. Come y bebe a destajo en casa de su amigo Medio 'el Tesalio' el 29 de junio de 323 a C; vino sin rebajar, como buen macedonio. Por superar los tres litros consumidos por el oficial Promacos -le costó la vida-, él toma cuatro. Diodoro Sículo dice que, de repente, «como golpeado por una tormenta, dio un gran grito y comenzó a quejarse». Amanece febril, débil y, progresivamente, pierde la movilidad; en una semana, ya no puede ni hablar. Para los optimistas, es la vieja herida en el pulmón que se resiente. Cameron Battersby, cirujano de la Universidad de Queensland (Australia), defiende en un artículo publicado en 'ANZ Journal Surgery' en 2007 que el abuso del alcohol pudo causarle una pancreatitis aguda. Según las narraciones de Arriano y Plutarco, no descarta que sufriera una perforación de estómago o una rotura de esófago, debida a un vómito o al intento de evitarlo, que pudieran haber desencadenado una infección séptica.
Otros creen que lo asesinó el general Casandro. Para Juniano Justino y Curcio Rufo, él lleva en mula a Babilonia el veneno que su hermano Yolas, copero real y amante de 'el Tesalio', le sirve. Pero los tóxicos de entonces -arsénico, estricnina- eran casi fulminantes y Alejandro agoniza once días. Según un estudio de Leo Shep, toxicólogo del Centro Nacional de Venenos de Nueva Zelanda, publicado en 2014 en la revista 'Clinical Toxicology', lo envenenan con 'Veratrum album', ballestera o eléboro blanco, una planta liliácea. Con ella los griegos inducían el vómito y, en dosis altas, podía provocar una muerte lenta y dolorosa «con la aparición repentina de dolor epigástrico y retroesternal, que también puede estar acompañado de náuseas y vómitos, seguidos de bradicardia e hipotensión con debilidad muscular severa». El emperador sufrió síntomas similares, afirma Shep, que encajan con los relatos de Diodoro Sículo, «aunque nunca sabremos con certeza qué provocó su muerte». Sospecha que alguien mezcló ese veneno con vino para ocultar un sabor muy amargo que no percibió, porque quizá iría borracho. Voluntarios para ello no faltaban, añaden los historiadores. Acababa de decretar el regreso de los exilados a Grecia, que podían reclamar tierras y patrimonios y desestablizar política y económicamente la Hélade.
Para John S. Marr, epidemiólogo del Departamento de Salud de Richmond (Virginia), y Charles H. Calisher, microbiólogo de la Universidad de Colorado, el virus del Nilo pudo acabar con el emperador. Lo defendieron en 2003 en la revista 'Emerging Infectious Diseases'. El 'Flaviviridae flavivirus' es uno de los numerosos virus que causan encefalitis, infección que ocasiona fiebre, delirio, dolor abdominal y a veces desemboca en coma. La transmiten los mosquitos y tienen como reservorio natural a los pájaros, que la contagian a los humanos; antes de hacerlo, sufren encefalitis y muchos mueren. Eso cuadra con el relato de Plutarco: «Cuando Alejandro llegó (a Babilonia), en las murallas de la ciudad se vieron a muchos cuervos picándose unos a otros, multitud yacían muertos y otros caían a su paso...» Lo que entonces se consideraba un pésimo augurio, mantienen los investigadores norteamericanos, refuerza la hipótesis de la encefalitis; algo normal en Irak, zona endémica de fiebre del Nilo, que entonces posiblemente lo era. Ven poco probable la malaria, porque no se mencionan síntomas como la orina oscura o 'agua negra' y la «curva dramática de fiebre». En su opinión, «la parálisis flácida» que citan los historiadores «reduce el diagnóstico diferencial a poliomielitis, síndrome de Gillain Barré y encefalitis».
Un 80% de quienes padecen la fiebre del Nilo no presentan síntomas, un 20% sufre fiebre y entre el 1 y 1,5% problemas cerebrales y del sistema nervioso, comenta Guillermo Quindós, microbiólogo de la Universidad del País Vasco. «Si hubo epidemia, ese 1% significaría que la sufrieron un número importante de personas y no hay constancia de ello». No descarta que confluyan la encefalitis apuntada por Marr y Calisher y las consecuencias del abuso del alcohol señaladas por Battersby. «Está claro que hubo una infección».
Lo único cierto es que Alejandro empeora. Se corre la voz. Imposible sujetar a sus soldados, que pasan al goteo por su lecho para despedirse. Agoniza. En once días, muere. Sin heredero. Tiene dos hijos, Heracles y Alejandro -uno bastardo y otro póstumo-, y un hermano, Filipo Arrideo, con problemas mentales. La muerte de Hefestión, su favorito, trunca la sucesión al trono que él mismo complica con sus últimas palabras. Le preguntan quién será el nuevo rey y contesta: «Krat'eroi», que en griego significa «al más fuerte», lo que agrada a los generales presentes y desaira a los seguidores del militar Crátero, hombre de confianza y amigo del monarca, cuyo nombre se pronuncia igual: «Krater'oi». Para muchos, sus hijos urdieron la muerte del emperador, que enfrenta a los generales Seleuco, Ptolomeo, Antígono, Lisímaco y Casandro por la posesión del imperio. (...)".