“El principal objetivo del Plan Gas es reducir el volumen de importaciones de gas natural y, por ende, su costo fiscal; incrementando la producción de gas y estimulando la inversión en exploración y explotación. A 4 años de su implementación, la producción de gas natural se ubica en niveles similares al 2013. Con relación a las inversiones, las estadísticas del Ministerio de Energía y Minería indican que en 2016 se redujeron tantos los pozos de exploración (-39%), como los de desarrollo (-9%), respecto de 2012”, advierte el director del CERES de la UB.
“Desde 2013, las inversiones se concentraron en la producción de recursos no convencionales. En el período, representaron US$ 11.190 millones, mientras que los subsidios del Plan Gas ascendieron a $6.726 millones, el 60% del monto invertido. En particular durante 2016, se subsidió la producción de gas en un monto equivalente a toda la inversión anual realizada en la producción de hidrocarburos, incluida Vaca Muerta, por un monto de US$ 2.900 millones”, ilustra.
“Con relación a los subsidios e incentivos a la producción de petróleo, el Barril Criollo, consiste en garantizarles a los productores locales un precio superior al internacional hasta 2018. Su implementación, desde diciembre de 2014, implicó para los consumidores argentinos pagar los combustibles más caros de la región, con efectos macro y microeconómicos relevantes en costos logísticos, el nivel general de precios y el presupuesto de las familias. La aplicación del precio sostén al petróleo representó transferencias de los consumidores a las empresas productoras de petróleo por aproximadamente US$ 6.500 millones en 2015 y 2016”, sostiene.
“Como resultado, en 2016, la producción de petróleo fue 5% inferior a la del 2013, y la tendencia se mantiene para el 1er. trimestre de 2017 con una caída interanual del 7%. Este escenario nos pone a las puertas de comenzar importar cantidades crecientes de petróleo crudo para cubrir la demanda local. Incentivos discrecionales de precios por sí solos no parecen suficientes para incentivar la inversión, si no se acompañan del diseño de una política pública y de planificación energética en el marco de acuerdos amplios. Alinear los precios internos a los internacionales y terminar con el Barril Criollo y el Plan Gas podría ser un primer paso”, completa Einstoss.