"La Unión Europea y China consideran la acción climática y la transición hacia energías limpias un imperativo más importante que nunca. Ambas confirman los compromisos logrados en el histórico Acuerdo de París de 2015 y darán un paso más en su cooperación para reforzar su implementación", afirma el borrador de conclusiones.
Hace justo un año, China y la UE estaban al borde de una guerra comercial, enfrentadas por los aranceles de importación, subsidios y dumping.
Ahora, Bruselas y Beijing asumirán de facto el liderazgo conjunto en algo que trasciende el medio ambiente.
Francia y Alemania han dado pistas en los últimos días de que Europa, tras el Brexit y las elecciones estadounidenses, debe empezar a valerse por sí misma.
Prescindir de Washington en temas de Seguridad, Defensa o Comercio es un paso demasiado agresivo, casi suicida, tras 7 décadas con un orden internacional que ha traído paz y prosperidad. Pero asumir más protagonismo en asuntos climáticos, algo que se encuadra más en eso que Joseph Nye llamó "poder blando", puede ser el marco más propicio para hacer experimentos.
Esto ya pasó con el protocolo de Kioto, que George Bush decidió abandonar antes de firmarlo en 2001. Los republicanos estadounidenses son muy peligrosos para el planeta Tierra, para que quede en claro.
"Una por una, he cumplido todas las promesas electorales", ha asegurado Trump, "lucho todos los días por la gente de este país y no quiero que nada nos pare. Por eso, para seguir con mi deber de proteger a los ciudadanos, los Estados Unidos abandonan el Acuerdo de París".
Trump ha definido el Acuerdo de París como "una redistribución masiva de la riqueza de USA hacia otros países", y se ha quejado de que no es tan duro "con China o India".
También que USA necesita "todas las formas de energía estadounidense disponible o estará en grave riesgo de apagones".
“Estoy dispuesto a renegociar otro (acuerdo), favorable para Estados Unidos, que sea justo para sus trabajadores, contribuyentes y empresas. Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París”, dijo Trump, reivindicando su doctrina de América Primero, chauvinista programa que mezcla patriotismo económico y xenofobia.
Acosado por el escándalo de la trama rusa, sometido a la presión de las encuestas, vapuleado por los grandes medios de comunicación domésticos ha lanzado un golpe al mundo con la esperanza de encontrar el aplauso de sus votantes más fieles, la masa blanca y empobrecida que culpa a la globalización de todos sus males.
“Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París. No se puede poner a los trabajadores ante el riesgo de perder sus empleos. No podemos estar en permanente desventaja”, afirmó Trump.
La ruptura no representa una sorpresa. Pese a que USA es el 2do. emisor global de gases de efecto invernadero, Trump siempre rechazó el Acuerdo de París. En numerosas ocasiones ha negado que el aumento de las temperaturas se deba a la mano del hombre, una tontería de los conservadores estadounidenses financiados por empresas contaminantes.
“Acepto que el cambio climático esté causando algunos problemas: nos hace gastar miles de millones de dólares en desarrollar tecnologías que no necesitamos”, ha ironizado en su "América Lisiada", su libro programático.
La salida
Pero lo que realmente movió a Trump fue el cálculo económico. En su discurso el pacto es un mero acuerdo comercial, injusto y peligroso para USA. Una barrera burocrática que, a su juicio, impide la libre expansión industrial y que sólo ofrece ventajas competitivas a China e India.
“Este acuerdo es un castigo para USA. China puede subir sus emisiones, frente a las restricciones que nos hemos impuesto. E India puede doblar su producción de carbón. Este pacto debilita la economía estadounidense, redistribuye nuestra riqueza fuera y no nos permite utilizar todos nuestros recursos energéticos”, remachó.
Tomada la decisión, la salida es fácil, aunque técnicamente lenta.
A diferencia del Protocolo de Kioto, que abandonó George W. Bush en 2001, el Acuerdo de París no es vinculante. No ha sido ratificado por el Senado y carece de penalizaciones.
En este marco, cada país es libre de decidir su propio camino a la hora de recortar emisiones de gases de efecto invernadero. Lo importante es evitar que a finales de siglo la temperatura mundial supere en 2 grados Celsius el nivel preindustrial (ahora mismo ya ha aumentado 1,1 grado Celsius).
La salida de USA del Acuerdo de París no se materializará hasta dentro de casi 4 años, el 04/11/2020, 1 día después de las próximas elecciones presidenciales, según consta en las normas que rigen el pacto climático.
Dado que el pacto entró en vigor el 04/11/2016 (al ser ratificado por un mínimo de 55 países que producen el 55% de las emisiones totales), Trump no podrá romper deshacerse del acuerdo hasta 2019, al menos, formalmente. Luego, tardará 1 año más en tener efecto, según el artículo 28 del Acuerdo de París, que es parte del legado de Barack Obama.
“Cualquiera de las partes podrá denunciar el presente Acuerdo mediante notificación por escrito al depositario en cualquier momento después de que hayan transcurrido tres años a partir de la fecha de entrada en vigor del Acuerdo” afirma el artículo 28.1 del Acuerdo de París. “La denuncia surtirá efecto al cabo de un año contado desde la fecha en que el depositario haya recibido la notificación correspondiente o, posteriormente, en la fecha que se indique en la notificación”, concreta el artículo 28.2.
Fue una de las estrategias de Obama (y sus aliados) para amarrar mejor el Acuerdo, ante la posibilidad de que la llegada de los republicanos resultara un giro o cambio de dirección.