Es que los límites territoriales son el teatro de operaciones donde se libra el cuerpo a cuerpo de lo que fríamente registran las estadísticas con que se maneja la burocracia central. Los secretarios coordinadores del gobierno que llevan los números de 22 ministerios, 13 organismos descentralizados y 16 empresas en las que el Estado es accionista principal se guían por los datos que monitorean y emiten conclusiones.
La lectura que les dieron a las curvas hacia atrás y luego proyectadas de cada indicador de la economía es que no se puede estar peor que el año pasado en materia de actividad económica y que caer menos brindará una sensación de mejoría. Máxime cuando el eje de la campaña pasa por comparar la situación con la herencia K recibida, incluyendo la corrupción.
Los planilleros no tienen en cuenta que quedan 150 días por días para que lleguen los comicios de término medio, con las PASO en el camino, y que en ese lapso habrá por lo bajo 5 informes del INdEC de precios y, al menos, 1 Encuesta Permanente de Hogares, la de abril. Multiplicados por 4 jornadas de estimaciones previas y 4 de repercusiones posteriores, se aseguran 40 días de malestar agendado, del que ya el bolsillo de la ciudadanía habrá acusado recibo.
Las redes sociales serán el campo de batalla de las sensaciones cruzadas que confrontarán los M y los K, frivolidades que desesperan a los políticos tradicionales del radicalismo de Cambiemos y a los peronistas del ex FpV.
Al oficialismo le resulta muy difícil darle forma electoral a una inflación que ronda el 2% mensual y a que industrias mano de obra intensivas como la metalmecánica y la textil afronten un fuerte parate interno en su producción local, con las preocupantes secuelas que trae en el empleo (o en parte del padrón de los que votan, si se lo quiere ver genéricamente desde la cara del prisma preferida por el gobierno para los próximos 6 meses).
Por caso, el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, reconoció que la inflación "está demasiado alta" y que ha sido una "mala noticia" para el gobierno, aunque confió en que "va a bajar" a partir de este mes. Intentó descomprimir expectativas al decir que no puede asegurar que será menos del 17%, como prevé el Banco Central, y que sus pretensiones "como político es que sea menos del 20". Admitió que la inflación "es demasiado alta para lo que pensamos que tendría que ser".
Su par de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, no está de acuerdo en abrazar al marketing como concepto de gestión. Y muchas veces llevar adelante una gestión y querer transformar la realidad es inversamente proporcional a tener una buena imagen.
“Nuestro desafío de acá en adelante es que la gente no deje de mirar el pasado, pero a la vez comience a mirar el futuro”, es su posición frente a la estrategia electoral que descansa en la polarización: “Nosotros o el diluvio”, es un latiguillo que también usan los contrincantes.
Marketing electoral
Se les hará difícil a los políticos de Cambiemos en los 180 días que hay por delante de campaña barrer la economía debajo de la alfombra, tal como propone la estrategia de marketing electoral.
Que las fábricas de automotores tengan actividad reducida porque la alta carga impositiva y el tipo de cambio atrasado en relación a la inflación doméstica no las dejan exportar y, en cambio, 7 de cada 10 vehículos que se venden dentro del país provengan del exterior no sólo torna deficitario del balance de divisas, sino que le quita horas de trabajo al personal, lo cual se traduce en suspensiones y “retiros voluntarios”, o “despidos consentidos” sin eufemismos.
En el rubro textil sucedió otro tanto: importaciones que reemplazaron la fabricación nacional. Las compras externas de textiles, sobre todo en prendas de vestir y confecciones, alcanzaron en marzo un récord histórico de 22.125 toneladas, las que representan un incremento del 14% interanual. En el trimestre, acumularon un alza del 81% en el caso de la indumentaria y del 29% en el caso de las confecciones.
Paralelamente, la producción nacional de indumentarias y otros artículos se derrumbó un 18%, según un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA).
Los cierres de comercios que anuncia la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y las suspensiones que afectan al personal de las Pymes textiles y de la propia Alpargatas, que es parte de la brasileña Camargo Correa y parte de un fondo de inversión al que le vendió hace poco, son el fiel reflejo de la retracción del 29,5% que marcan las estadísticas en la fabricación de hilados de algodón y de una baja del 14% en tejidos. El Indicador de Utilización de Capacidad Instalada del INdEC para el Sector Textil lo corrobora, al haber alcanzado un nivel de 57,3% en marzo pasado, por debajo del nivel general de la industria del 65,7%, sostiene el informe de FIT.
El caso Alpargatas es un reflejo de la situación que afronta la industria textil y del calzado, una de las más golpeadas. En diciembre, según datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la caída de la actividad fue de un 27,4% interanual. Esta situación se explica principalmente por la retracción de 45,7% anual en la producción de hilados de algodón y de 23,3% anual en la elaboración de tejidos. Otro golpe al sector se lo asestó la apertura de importaciones de productos finales: creció un 22% el ingreso del calzado proveniente del exterior. El combo se completa con un 15% en la caída del consumo interno. En diciembre, esta industria contabilizaba alrededor de 5000 despidos y 11.000 suspensiones.
Las ventas minoristas del sector también cayeron en el mismo mes un 6,4% interanual en el caso de productos 'blancos' (sabanas y toallas) y 4,9% anual en prendas de vestir.
En el informe la FITA señaló que "por primera vez desde 1975, se observa un quiebre en la elasticidad importaciones/producto: incrementos de las importaciones y recesión".
El rostro humano de todos estos números se aprecia en las localidades del interior donde funcionan las plantas que elaboran la materia prima y en el área metropolitana de Buenos Aires que concentra gran cantidad de talleres que las confeccionan.
Para un enfoque estadístico más abarcativo de lo que sucedió en el puerto durante el 1er. trimestre de 2017 entre lo que sale y lo que entra un informe de Ecolatina muestra que el superávit de productos primarios y agroindustriales se fue para abajo y el rojo industrial para arriba, hasta alcanzar niveles récords.
En los primeros 3 meses del año, el superávit conjunto de Productos Primarios y Manufacturas de Origen Agropecuario cubrió menos del 90% del déficit del sector industrial, cociente similar al de 2015. En este marco, las importaciones industriales superaron en u$s 8.200 millones a las exportaciones.
Si el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se pone a mirar un poco el aporte que le viene haciendo el comercio exterior a la recaudación tributaria, en los últimos 5 años, tal vez se percate que bajar la carga en acuerdos puntuales de exportación podría compensarse con lo que entre por las ventas. Desde 2012 ha ido disminuyendo el ingreso del 11%, al 9%, luego al 7%, y llega en el último año al 5%.
Claro que las importaciones no podrán ayudar mucho en ese balance, ya que si se evita que entren será tributación perdida, pero si las reemplaza la producción local mejorará por el lado del IVA y demás impuestos internos vinculados a la facturación y las ganancias.