Como establece la Organizacion Mundial de la Salud (OMS), el cáncer es la principal causa de muerte en el mundo. Los más habituales y los que más vidas se cobran son: pulmonar, hepático, gástrico, colorrectal, mamario y cáncer de esófago.
La revista Nature publicó una investigacion a cargo del científico Salvador Aznar Benitah del Instituto de Investigación Biomédica (IRB) de Barcelona que busca comprender el proceso de la metástasis y cómo se podría reducir. Sus avances podrían ser determinantes para la medicina ya que se trata de un factor concluyente en la enfermedad.
Si bien las investigaciones se realizaron sobre todo en ratones, también serían un gran avance para el estudio de la metástasis en los humanos.
La proteína CD36 fue identificada y señalada por los especialistas como una clave para que las células hagan metástasis. Se trata de una subpoblación de las células CD44+, las cuales transportan grasas y están en la superficie de las mismas.
Aznar explicó, “Es la puerta entrada de los ácidos grasos que provienen del medio exterior, de la dieta o de algún otro tejido”.
También agregó a diario El Mundo de España, "Se conocían otros mecanismos implicados en la metástasis pero, por primera vez, hemos identificado a un grupo de células cuya acción es clave ya que hemos demostrado que, si las eliminamos, el tumor pierde la capacidad de generar metástasis".
Cuando el grupo de investigacion agregó la proteína CD36 a células con tumores que no generan metástasis, las mismas comenzaron a producirlo.
“Hemos añadido un marcador (en referencia a CD36) que nos permite purificar las poblaciones metastáticas a un nivel sin precedentes. No creemos ni mucho menos que sea el único, pero este parece ser universal. A mayor nivel de CD36, mayor la probabilidad de que un tumor metastatice. No lo hemos probado en todos los tumores, pero sí en gran parte de los más comunes y en ellos hay una asociación directa entre la presencia de CD36 y un peor pronóstico en pacientes”, explicó Aznar.
En los estudios, los ratones consumieron alimentos ricos en grasas, superando en un 15% el consumo habitual. A los mismos les transmitieron un tipo de cáncer oral de origen humano. Según informaciones de los investigadores, los ratones con una dieta normal desarrollan metástasis en un 30% mientras que con una dieta con altos niveles de grasa, el 80% desarrollaron metástasis y de un tamaño más grande.
El ácido palmítico, de origen vegetal, es el que más estimula y acelera la metástasis de las células cancerosas. Generalmente se lo encuentra en comidas procesadas, en las carnes, grasas lácteas como el queso y en los aceites vegetales como el aceite de coco y el aceite de palma. Cuando este ácido se presentó en celulas tumorales, la frecuencia metastática aumentó de un 50% a un 100% en los ratones.
Aznar agregó "Nuestro trabajo con animales señala que existe una relación entre el consumo de grasas y la potenciación de las metástasis a través de CD-36".
Otro avance significó el uso de anticuerpos en los ratones para detener el proceso de metástasis. De esta forma, el invetigador Aznar precisó: “Compramos todos los anticuerpos comerciales de CD36 y vimos que 2 de ellos efectivamente son neutralizantes: no solo reconocen la proteína, sino que la bloquean y tienen un efecto antimetastático tremendo”.
Los resultados fueron alentadores ya que la metástasis desapareció en un 20% y en el resto de los casos disminuyó en un 80% o 90% el número de focos metastáticos y el tamaño de los mismos. Sin embargo, Aznar observó, "Los anticuerpos que hemos utilizado sólo pueden usarse en investigación, no son aptos para utilizarlos en personas. Hemos demostrado una prueba de concepto, pero hay que seguir investigando".
Y, por último, afirmó: “Quizá sea algo tan sencillo como modificar la dieta a los pacientes con tumores. Es algo que deberíamos explorar porque el coste para el sistema sanitario sería bajísimo”.
El IRB anunció que pidió la protección de los resultados por patente y que comenzó a trabajar en colaboracion con MRC Technology, una compañía inglesa que se especializa en el desarrollo de anticuerpos para uso clínico. Los mismos se van a probar en ensayos clínicos en personas para conocer sus efectos. Si los resultados son satisfactorios, se comenzaría a trabajar para que estén disponibles dentro de los próximos 5 a 10 años.