Como salieron publicadas en el Informativo Federal de ARBIA que reciben más de 1.500 radios en el territorio nacional y que obviamente los pilares de nuestro “Círculo Rojo” no reproducirán, Urgente24 (que no se siente ubicado en grieta alguna y por ello defiende su patrimonio, el pensamiento crítico) pone a disposición de los lectores una síntesis.
Derrota de los medios
Ahí va:
El éxito de Donald Trump (como el ‘Brexit’ en el Reino Unido, o la victoria del ‘no’ en Colombia) significa primero una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinión.
Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba.
Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es lo ‘desconocido’. Ahora todo puede ocurrir.
¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña?
Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.
Hay que entender que, desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido), ya nada es igual en ninguna parte.
Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad.
Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces.
En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit).
Los grandes partidos tradicionales están en crisis.
Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España).
El paisaje político aparece radicalmente transformado.
Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party.
La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever.
Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo.
Su estilo directo, populachero y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha.
Para muchos electores irritados por lo «políticamente correcto », que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la « palabra libre» de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes, es percibida como un auténtico desahogo.
Para quienes quieran leer el artículo completo, aquí.
¿Qué dirá Jaime Durán Barba de esta lúcida exégesis de la confusa transición actual por la que atraviesan las democracias no ya Estados Unidos sola, sino de la civilización toda? ¿Qué le aconsejará en vísperas de las elecciones parlamentarias de 2017 a la “tibia” administración a la que asesoró para acceder al poder en aras de aprovechar esta reciente experiencia democrática del Gran País del Norte?
El núcleo duro kirchnerista y la propia CFK decodificaron el mensaje electoral norteamericano como un triunfo del populismo y por ende lo hacen suyo. Quizá deberían prestarle más atención al sociólogo, historiador y filósofo Juan José Sebrelli, y leer su libro “El Malestar de la Política” sobre los movimientos de corte nacionalista-populista que se suceden en el mundo desde mediados del siglo pasado, en el que casos europeos, como el de Hungría, donde un dictador considerado fascista empuña el timón, se emparentan con experiencias “de izquierda” latinoamericanas, como las de un Hugo Chávez en Venezuela, un Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, un Néstor Kirchner en Argentina, caricaturizadas luego por sus sucesores Nicolás Maduro, Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner, que la agotaron.
Durán Barba
En cuanto al asesor ecuatoriano, dicen que con menos presencia hoy día en la cercanía de Mauricio Macri, aquí su columna en el bisemanario Perfil acerca de Trump (ahora, le podría haber advertido antes a su asesorado, para que no realizara todas las acciones que ejecutó a favor de Hillary Clinton, además de las críticas al Presidente electo de USA cuando era candidato):
"(...) La campaña demócrata fue un ejemplo de lo que no se debe hacer para ganar una elección. El 70% de los norteamericanos está cansado de lo que ocurre, quiere un cambio. Fue un error dar el mensaje de continuidad.
El cambio suena fácil, pero es muy complejo. Simplificando, digamos que este cambio tiene distinto sentido en los dos Estados Unidos. En los grandes estados costeros como California y Nueva York, existen sociedades liberales en las que han echado raíces valores como la igualdad de las mujeres, el respeto a la diversidad sexual, étnica y de otros tipos. Son estados que están en la punta tecnológica, en donde se ha desarrollado el arte y la ciencia, en donde residen y trabajan la mayoría de los Premios Nobel que ha conseguido el país.
El otro Estados Unidos está en el interior, generalmente es blanco y calvinista, rechaza a Darwin y desciende de campesinos centroeuropeos que llegaron con la gran migración.
La Red entró en los dos mundos, y provocó distintos efectos. Entre los liberales se aceleró el entusiasmo por construir una sociedad con menos mitos, pero según académicos de peso, tal vez despertó un electorado conservador fastidiado por cambios que veían muy acelerados: ocho años con un presidente afroamericano, con el que se incrementaron derechos de algunas minorías, que para los más reaccionarios son una encarnación del demonio.
La campaña deja en claro que necesitamos replantear toda la política. La vieja política en la que se amontonaban membretes ya no corre más. La gente no quiere ser representada. Las antiguas matemáticas también dejaron de funcionar. Los apoyos con frecuencia restan. Si Clinton se enfrentaba a una derecha atrabiliaria y quería atraer a los votantes que querían un cambio progresista, ¿le servía el apoyo del ex presidente Bush, de Bill Clinton, de Barack Obama, que ha permanecido en el poder los últimos ocho años? Eso entusiasmó al círculo rojo, a los periódicos que la apoyaban, pero habría que ver cómo lo vieron los electores que querían un cambio."