Según calculó el IERAL de la Fundación Mediterránea, con un bono de $2000 que se pague a todos los trabajadores, incluyendo a los alcanzados por el impuesto a las Ganancias (considerando una suba salarial de 32% y una inflación del 40%) implicará que un asalariado casado con dos hijos que cobra $13.000 mensuales brutos en 2016 verá caer un 4,3% anual su salario real de bolsillo. Con ingresos de $26.000 mensuales, la baja en su poder adquisitivo será de 5%. En cambio, un asalariado que es alcanzado por el impuesto a las Ganancias tendrá una mejora en su poder adquisitivo de entre 4 y 6%.
"El consumidor ha aprendido a la fuerza a hacer múltiples estrategias, de migración de marcas, a comprar ofertas. Este comprador inteligente, a pesar de que empiecen tiempos de bonanza, no creemos que se aleje de este comportamiento tan bruscamente. Sobre todo en la base de la pirámide, donde no les alcanza, y tener este aliciente económico les permite comprar lo que necesita de forma mínima. La clase alta se previene, porque no quiere dejar de darse las gratificaciones personales. La compra inteligente se va a prolongar", agregó Sosa.
En tanto, Lamothe coincidió: "Cambió estructuralmente el modelo económico y la cabeza del consumidor. Antes, el salario crecía por encima de la inflación, había crédito al consumo a 12 cuotas y no había riesgo de desempleo, y el consumidor venía con niveles de consumo elevado y adelanto. Ahora te suben las tasas, la inflación se acelera, perdiste poder adquisitivo y se agregaron las tarifas de servicios públicos. Recién ahora la gente sabe cuánto es su ingreso disponible, porque hubo una gran incertidumbre con las tarifas. Hubo un reacomodamiento de las estructuras familiares y una conducta de esperar y ver".