"La materia está compuesta por millones de átomos incluso en materiales muy finos, y aunque el comportamiento individual de cada átomo pueda ser explicado por la física cuántica, los átomos tienen propiedades completamente diferentes cuando se juntan muchos de ellos", agrega.
"Los sóidos, líquidos y gases son los estados habituales de la materia, en las que los efectos cuánticos están enmascarados por los movimientos aleatorios de los átomos. Pero a temperaturas extremadamente frías, cercanas al cero absoluto (-273 grados centígrados), la materia adopta nuevas y extrañas fases y se comporta de formas inesperadas. La física cuántica, que de otro modo sólo trabaja en las escalas del mundo micrométrico, de pronto se hace visible", profundiza el periodista científico y ambiental.
"Y en ese mundo gélido pueden ocurrir cosas muy extrañas. La resistencia que encontramos a temperaturas más 'terrestres', creada por el movimiento de partículas, cesa a bajísimas temperaturas. Y eso es precisamente lo que ocurre cuando una corriente eléctrica fluye sin resistencia en un material superconductor o cuando un remolino da vueltas hasta el infinito en un superfluido sin apenas perder velocidad", finaliza.
"¿Y esto para qué sirve, para qué es bueno?", se preguntó el propio presentador del trabajo premiado, Thors Hans Hansson, parado frente a la prensa. "Se trata de aportaciones teóricas, pero han abierto campos pioneros en la nueva electrónica, los nuevos materiales e incluso en la computación cuántica", explicó.
Una mitad del premio de ocho millones de coronas suecas (unos 830.000 euros/930.000 dólares), será repartido en partes iguales entre Thouless y Haldane, mientras que Kosterlitz se quedó con el otro 50%.