En la crónica de
Iacopo Scaramuzzi para
Vatican Insider se afirma lo siguiente: "(...)
Siria «siempre está en mi corazón», contó después del almuerzo Kevork, sirio armenio, uno de los prófugos de este último grupo; «a nadie se puede negar la ciudadanía del lugar en el que nació, vivió, se casó, ha trabajado y pasó su infancia». Para los sirios armenios, explicó, «este es el segundo éxodo después del de Turquía en 1915: como mis padres, mi padre, mi abuelo, que dejaron todos sus bienes en Turquía, fueron expulsados y se fueron a Alepo, en donde reconstruyeron sus vidas, así ahora sus nietos e hijos han dejado sus bienes, sus posesiones: esperemos que este sea el último éxodo para nosotros». Anu, que llegó a Italia desde Malí en una patera, cuenta que habló con el Papa sobre la propia historia y sobre la paz: el encuentro de Asís «es una cosa maravillosa para mí, porque, buscando la paz, dejé mi tierra». Paulina, nigeriana que llegó a Italia en julio de este año, después de «muchas torturas», de pasar por Lampedusa y después por Ponte Galería. «Luego casi nos deportan a nuestro país, pero las personas de Sant’Egidio nos salvaron, nos dieron una casa». Está tomando clases de italiano y de costura (ella misma confeccionó el vestido que lleva puesto hoy), y reveló: «Hoy tuve la gran posibilidad de encontrar al Papa, no es tan fácil para todos: le dije que quería bautizarme, que me había hecho el vestido sola, y él me dio esperanza. ¡Estoy muy contenta!». Entre los otros prófugos huéspedes de Sant’Egidio en Roma hay palestinos, eritreos, sirios (cristianos y musulmanes) y una mujer que viajó a Roma desde Lesbos con el Papa. (...)".
En el convento de San Francisco cada uno de los más de 500 invitados comieron un menú consensuado con las creencias religiosas presentes: entradas de mozzarella y parmesano, pasta con tomate y ravioles con requesón y espinacas, asado de cordero y pavo con hongos y ejotes, dulce de fruta y crema. Antes de comenzar el almuerzo, Marco Impagliazzo, presidente de la Comunità di Sant’Egidio, hizo un brindis por los 25 años de ministerio de Bartolomeo y le regaló la escultura de un olivo.
En un momento de oración, los creyentes de las diferentes religiones rezaron en grupos separados, cada uno según las propias tradiciones.
Jorge Omar Bergoglio se reunió individualmente con Bartolomeo, con el Patriarca sirio-ortodoxo de Antioquía; con el arzobispo de Canterbury; con el filósofo Zygmut Bauman; con el presidente de los ulemas indonesios Din Syamsuddin; y con el gran rabino David Rosen. Posteriormente se reunió con los cristianos, reunidos en la basílica inferior, para la oración común.
El primado anglicano, Justin Welby, dijo que "nosotros vivimos en un mundo que no logra distinguir lo que cuesta de lo que vale… Veamos a nuestro alrededor en la Europa de hoy. Nuestras economías pueden permitirse gastar mucho, pero no son mas que fundamentos de arena. A pesar de todo, vivimos víctimas de la insatisfacción y de la desesperación; en la ruptura de las familias, en el hambre y en las desigualdades, en dirigirnos a los extremismos. Debemos escuchar a Dios, quien a menudo nos habla mediante la voz de los más abandonados y de los más pobres".
Francisco dijo: "Las palabras de Jesús nos interpelan, piden que encuentren lugar en el corazón y sean respondidas con la vida. En su “tengo sed”, podemos escuchar la voz de los que sufren, el grito escondido de los pequeños inocentes a quienes se les ha negado la luz de este mundo, la súplica angustiada de los pobres y de los más necesitados de paz. Imploran la paz las víctimas de las guerras, las cuales contaminan los pueblos con el odio y la Tierra con las armas; imploran la paz nuestros hermanos y hermanas que viven bajo la amenaza de los bombardeos o son obligados a dejar su casa y a emigrar hacia lo desconocido, despojados de todo. Todos estos son hermanos y hermanas del Crucificado, los pequeños de su Reino, miembros heridos y resecos de su carne. Tienen sed. Pero a ellos se les da a menudo, como a Jesús, el amargo vinagre del rechazo. ¿Quién los escucha? ¿Quién se preocupa de responderles? Ellos encuentran demasiadas veces el silencio ensordecedor de la indiferencia, el egoísmo de quien está harto, la frialdad de quien apaga su grito de ayuda con la misma facilidad con la que se cambia de canal en televisión".
Durante el encuentro de oración fueron leídos los nombres de 27 países que están en guerra. Inmediatamente después, el Pontífice, con los otros líderes cristianos, subió al palco que se encuentra en la plaza sobre la basílica inferior, a donde también se dirigieron los representantes de las religiones del mundo para la ceremonia final de la jornada.