Entre esas modificaciones, el responsable destacó la simplificación de los bastidores de los centros de competencia.
Las diferentes salas para las federaciones, el Comité Olímpico Internacional (COI) y otras administraciones previstas en la mayoría de las instalaciones no serán habilitadas. Apenas se conservará un recinto aparte para los controles de antidopaje y el resto del personal se acomodará en las carpas.
En el nuevo plan de ahorro también se recortó el número de voluntarios, que pasarán de los 70.000 previstos inicialmente a 50.000, un ajuste con el que el comité pretende ahorrar en formación y uniformes.
A pesar de los recortes, Andrada reiteró que el presupuesto de 7.400 millones de reales (unos 1.830 millones de dólares) para los primeros Juegos de Sudamérica está "equilibrado" y que apenas sufrió con las fluctuaciones del tipo de cambio.
En un país en plena recesión económica y sin proyecciones de crecimiento hasta 2018, Andrada no se mostró preocupado con la baja demanda de boletos en Brasil para el megaevento.
“Ya alcanzamos el 74% de los ingresos por entradas en el mundo entero y en Brasil ya pasó de la mitad. El ritmo es un poco más bajo de lo que esperábamos, pero es normal por la crisis. El ritmo de todo en el país está un poco más bajo, pero no estamos preocupados”, aseguró el portavoz, inquieto sí con los Juegos Paralímpicos (7-18 de septiembre).
“Hasta ahora vendimos poco más de 300.000 entradas, una cantidad muy baja ya que tenemos que llegar a los tres millones”, lamentó.