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La soja sigue bajando (2): ¿Y quién financia ahora la importación de energía?

La sojadependencia fue una característica de los años Kirchner. Curiosamente, intentaron desconocerla, se enfrentaron a los productores agropecuarios, y el final de ciclo es muy interesante: la soja declina y los Kirchner carecen de alternativa. No hubo nunca un fondo anticíclico y menos una diversificación exitosa. Por eso es tan dramático el impacto de la caída de la soja en 2014 y 2015.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Economía & Regiones). A lo largo de la última década, nuestra economía se ha tornado cada vez más dependiente de la soja. Los ingresos provenientes de la oleaginosa son fundamentales para sostener el nivel de actividad interno y sectorial. 
 
La actividad sojera resulta muy relevante para toda la economía real, sobre todo se convierte en una actividad esencial para las economías regionales vinculadas a la producción y transformación en harina y aceite y para el resto de los sectores asociados, como el transporte, el comercio, la industria y la intermediación financiera.
 
Pero la soja también son dólares. Las exportaciones de soja son el principal canal de abastecimiento de dólares que tiene el superávit comercial. 
 
En términos macroeconómicos, los dólares provenientes de las exportaciones de soja resultan fundamentales para financiar la demanda de dólares del resto de la economía y sobre todo, el déficit externo de la industria y del sector energético. 
 
Es decir, la soja brinda las divisas necesarias para que los sectores productores importen insumos y bienes de capital necesarios, que además de ser muy inelásticos suelen ser difíciles de sustituir localmente. 
 
Es más, la estrategia de mantener el superávit comercial agregado en torno a los US$7.000 millones, hace que el “grifo” de las importaciones resulte cada vez más dependiente de los dólares que ingresan por exportaciones.
 
La soja también es fundamental para los ingresos fiscales del gobierno nacional que recauda el 35% del valor exportado. Y en menor medida para las provincias, que reciben el Fondo de la Soja con el cual financian (exclusivamente) obra pública. 
 
Puntualmente, para el Gobierno Nacional, las retenciones del complejo sojero, que incluye recaudación por exportaciones de poroto, de harina y de aceite, representan el 50% del ingreso por impuestos al comercio exterior; a la vez que alcanzan un 5% de la recaudación del año. 
 
Para las Provincias, los ingresos provenientes del fondo sojero representan el 20% del gasto en capital y más del 4% del gasto en personal.
 
En resumen, la soja es la única fuente genuina de divisas de la cual dispone tanto el sector público (nacional y provincial) como el sector privado, siendo el único proveedor de dólares para un sistema económico en el cual todos los restantes sectores son verdaderas “aspiradora  de dólares":
 
> la fuga de capitales (formación de activos externos) del sector privado que, cuando se profundizan los desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios, deja de utilizar el Peso  como reserva de valor y ahorra en dólares fuera del mercado bancario y del sistema financiero nacional.
 
> la estructura del entramado productivo local, que es muy dependiente de los insumos y bienes de capital importados por lo cual necesita (demanda) dólares para sus ciclos  productivos.
 
> gran parte de las empresas que operan en el mercado son de propiedad de capitales extranjeros, por lo cual demandan dólares para girar dividendos a sus casa matrices,  generando un déficit estructural de la cuenta rentas del balance de pagos;
 
> por último, el creciente déficit energético presiona sobre la demanda de dólares ya que se requieren crecientes cantidades de combustibles que deben ser abonadas al exterior en dólares, aumentando las importaciones y presionando negativamente sobre el resultado comercial. 
 
Este fenómeno también complica las cuentas públicas que deben financiar el faltante de gas y combustible.

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