Como CFK tiene en Recoleta dos departamentos de su propiedad, así como residen funcionarios de la talla de Carlos Zannini, el influyente secretario Legal y Técnico de la Presidencia, y de modo análogo, el vicepresidente Amado Boudou ostenta un suntuoso piso en Puerto Madero, otra zona de privilegio que como tal resultó vilipendiada por la fanática Claudia Rodriguez, es posible inferir, entonces, que –continuando el trazo ideológico pueril de la ahora ex funcionaria- CFK es gorila, así como los funcionarios que la rodean, a todos quienes tampoco se les debe permitir el acceso a la justicia y es por lo tanto correcto que alguien deliberadamente, desde el mismo Gobierno al que pertenecen esos funcionarios, los prive del suministro eléctrico.
Todo eso sólo por vivir en Recoleta ya que la filósofa del odio, quizás una discípula del profeta del rencor Luis D’Elía, considera a todos sus habitantes como “enemigos gorilas”. En fin, el mismo resentimiento social que se volvió protagonista en los recientes saqueos.
De tal manera, en el hilo de las “ideas” de la tal Rodriguez, si CFK es gorila, por carácter transitivo su gobierno también lo es. Así, la “revolución bolivariana” no es más que un experimento “gorila”, conservador, apenas revestido de un “relato” destinado a embaucar a jóvenes deslumbrados por un fallido intento de golpe izquierdista de Estado en los ’70 y a seducir a ya amortizados convivientes de aquella también década perdida.
Es decir, siguiendo al filósofo, ensayista, poeta y novelista hispano-estadounidense George Santayana, “el fanatismo consiste en redoblar los esfuerzos cuando se ha olvidado el objetivo.”