Antykythera, más que una computadora, un túnel del tiempo
El mecanismo de Antikythera, que se descubrió hace 115 años, fue la primer computadora del mundo y se creó en Grecia.
El mecanismo de Antikythera, que se descubrió hace 115 años, fue la primer computadora del mundo y se creó en Grecia.
El mecanismo de Antikythera o Anticitera es una computadora analógica antigua diseñada para predecir posiciones astronómicas de hasta 19 años con propósitos astrológicos y calendáricos. También predecía la fecha exacta de 6 certámenes griegos antiguos: los Juegos de Olimpia, los Juegos Píticos, los Juegos Ístmicos, los Juegos Nemeos, los Juegos de Dodona y los de la isla de Rodas.
Es un complejo mecanismo de relojería compuesto por 27 engranajes de bronce. Los restos fueron encontrados como 82 fragmentos separados de los cuales solo 7 contenían inscripciones importantes o engranajes. La rueda de engranaje más grande mide aproximadamente 140mm de diámetro y originalmente contaba con 223 dientes.
En 1900, un grupo de buceadores dodecaneses que recogía esponjas marinas fue arrastrado por una tormenta hasta que anclaron cerca de la pequeña isla de Antikythera o Anticitera, al sur de Grecia.
Allí, en una hondonada de unos 60 metros, hallaron los restos de una antigua nave. Exploraron el naufragio con la ayuda de arqueólogos, rescatando varios objetos de bronce y estatuas de mármol. El naufragio ha sido fechado en 65 +/- 15 años antes de Cristo. Del estudio de los objetos se concluyó que la nave viajaba desde Grecia hacia Roma.
Los hallazgos produjeron gran excitación, pero al tener que bucear sin equipo las dificultades eran inmensas. En septiembre de 1901 se abandonaron los trabajos de rescate.
8 meses después, Valerios Stals, un arqueólogo del Museo Nacional, estaba examinando unos restos calcificados de bronce corroído que se habían dejado a un lado, por las dudas fueran fragmentos de una estatua, cuando reconoció, repentinamente, que se hallaba ante los restos de un artefacto mecánico.
Los restos del artefacto sufrieron un tipo de corrosión exactamente igual al de los demás objetos. El epigrafista Benjamín Dean Merritt analizó una de las placas inscriptas, determinando que la forma de las letras realmente corresponde al primer siglo antes de Cristo. La sección más completa de texto es parte de un "parapegma" (calendario astronómico) similar al escrito por Geminos, que vivió en Rhodes alrededor del 77 antes de Cristo.
Hay que mencionar, para completar el asombro, que el Islam también poseía computadoras astronómicas, aunque mucho más simples. En el Museo de Historia de la Ciencia de Oxford se conserva un calendario computadora del siglo XIII, que muestra en sus diales los ciclos del Sol y la Luna. El diseño se puede seguir hacia el pasado hasta un conjunto similar de engranajes descripto en un manuscrito por el astrónomo Biruni alrededor del año 1000 después de Cristo.
En las arenas del mar, a 42 metros de profundidad, se encontraron tesoros de gran valor, obras invaluables y objetos de todo tipo. Aunque por el desgaste del tiempo y agua el reloj no llamó la atención, los cientificos descubrieron marcas e inscripciones y empezaron a interesarse. El instrumento data de entre los años 150 a. C. y 100 a. C.
La evidencia apuntaba a que el diseñador era un corintio y que vivía en la colonia más rica gobernada por esa ciudad: Siracusa, que era el hogar del más brillante de los matemáticos e ingenieros griegos: Arquímedes.
Entre otras tantas funciones, el artefacto podía predecir eclipses, no sólo el día, sino la hora, la dirección en la que la sombra cruzaría y el color del que se iba a ver la Luna y apartir de 2 pequeños engranajes con pinzas reguladoras, podía recrear la órbita irregular de la Luna.
El aparato también podía calcular el movimiento de los 5 planetas que se veían a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.
El disco frontal tiene 2 escalas circulares concéntricas que representan el camino a través de los cielos. El anillo exterior está marcado con los 365 días del calendario egipcio o el año Sotíaco basado en el ciclo Sotíaco.
En el anillo interno hay un segundo disco marcado con los signos zodiacales griegos y se divide en grados. El calendario exterior podía ser movido opuestamente al disco interior, para compensar por el efecto del cuarto de día adicional en el año solar, al girar la escala hacia atrás por 1 día cada 4 años.
El lenguaje descifrado más o menos confirma lo que los arqueólogos han sospechado desde el principio: el Mecanismo de Antikythera fue diseñado como un calendario-reloj que mostraba las fases de la luna, la posición del sol y los planetas, y hasta el momento de los eclipses previstos.
Pero mientras que el dispositivo tenía un propósito astronómico definitivo, los científicos también suponen que la máquina se utilizaba para ver lo que deparaba el futuro, de acuerdo con algunas de las inscripciones en el dispositivo que se refieren al color del próximo eclipse.
Todos los fragmentos recuperados del mecanismo de Anticitera se custodian en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
Según Wikipedia, el mecanismo es extraordinario en cuanto a su nivel de miniaturización y complejidad de sus partes; es comparable a los relojes astronómicos del siglo 14. Tiene al menos 30 engranajes, aunque el experto Michael T. Wright sugiere que los griegos de aquella época eran capaces de implementar más.
Hay mucha controversia sobre la capacidad del mecanismo de predecir las posiciones de los planetas conocidos por los griegos en aquella época. No se ha encontrado ningún conjunto de engranajes dedicados a tal tarea a excepción de un engranaje de 63 dientes en el fragmento D al que no se le ha encontrado otra función.
El propósito de la cara frontal era posicionar los cuerpos astronómicos respecto a la esfera celeste a lo largo de la eclíptica desde el punto de vista de un observador en la Tierra.
"No ha sido una herramienta de investigación, algo que un astrónomo usaría para hacer cálculos, o incluso un astrólogo para hacer pronósticos, sino algo que se usaba para enseñar sobre el cosmos y nuestro lugar en el cosmos", dijo el investigador Alexander Jones en la conferencia de prensa.
"Es un ‘libro de texto’ de la astronomía como se entendía entonces, que conecta los movimientos del cielo y los planetas con la vida de los antiguos griegos y su entorno", añadió.