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El secreto del éxito de Angela Merkel

"Cuando se apoderó de la Democracia Cristina hace 13 años, pocos pensaron que duraría. Pero después de la renonante victoria del domingo, ahora está claro que se ha convertido en mucho más que una líder politica de Alemania", señala el autor.

POR CHARLES HAWLEY

HAMBURGO (Der Spiegel). Si quedaban algunas dudas, rápidamente se disiparon en la tarde del domingo. Alemania le pertenece a la canciller Angela Merkel de una forma en la que no la ha pertenecido a ningún otro líder desde los días de la reunificación, en la era de Helmut Kohl. La victoria en las elecciones generales del domingo fue, en la era de los innumerables partidos más pequeños, nada menos que un deslizamiento de tierras.

Las proyecciones muestran que los conservadores de Merkel terminaron arriba con el 42%, su mejor desempeño en una elección federal desde el 43,8% de Khol en 1990, sólo meses antes de que las Alemanias del Este y el Oeste se reunieran. Aunque ella no consiguió su deseo profesado de seguir gobernando con los pro-mercado Demócratas Libres, quienes fallaron en alcanzar el 5% necesario para la representación parlamentaria, Merkel parece haber llegado con algo aún más raro: una mayoría absoluta.

"Sí, queridos amigos, como muestran los aplausos, todos podemos regocijarnos hoy", dijo Merkel a sus seguidores llenos de júbilo en Berlín  en la noche del domigo. "Este es un súper resultado".

En todo caso, la declaración fue modesta. La elección confirma que el apodo de Merkel, "Mutti", -o "mami"- es de todo menos sardónico. Más que cualquier otro líder político, en esta elección general Merkel entiende el anhelo de país de una mano firme en un período de incertidumbre económica en Europa y de inestabilidad en medio oriente. Y el resultado del domingo fue una resonante expresión de su gratitud.

"Su éxito claramente se enraiza en lo europeo y en la política internacional", le dijo a Spiegel OnLine Heinrich Oberreuter, un cientista político de la Universidad de Passau, en el estado de Bavaria. "Merkel ha representado a Alemania en los tiempos difíciles y en todas las alfombras rojas, y en toda su actitud, ella le ha dado a los alemanes el sentimiento de que se plantó por sus intereses".

Cosechando la recompensa

El primer oponente de Merkel, el centro-izquiedista social demócrata Peer Steinbrück, ha tratado de atacar a la canciller durante la campaña por lo que dijo fue su intento de "adormecer al país". Aún desde la perspectiva de los votantes alemanes, ella mantuvo acorralados a los demonios de una crisis del euro. Y cosechó la recompensa en la urnas.

Su victoria va más allá de las fronteras de Alemania. Ya mismo, Markel era la figura más fuerte en el escenario político europeo. Con el presidente François Hollande luchando para ganar adhesión en París y el Reino Unido sin interés en la moneda común, la voz de la canciller en Berlín alcanzó un inmenso peso. Ahora alcanzará uno aún mayor.

Esa, por su puesto, no es una perspectiva que muchos en la zona euro encuentren particularmente atractiva, especialmente aquellos estados que luchan en el sur. En realidad, la mayoría se había esperanzado en que por lo menos Merkel hubiera estado forzada a entrar en una coalición con los socialdemócratas (SPD), creyendo que ella entonces tendría que aflojar los tornillos de la austeridad. Y es probable que todavía tenga que hacerlo. Sin la posibilidad de tener un compañero de coalición en la centro derecha, la SPD parecería ser el único disponible.

Aún así, el ministro de Finanzas Wolfgang Schäuble se desvió de sus formas en la noche del domingo para tranquilizar a los europeos. "Continuaremos confiablemente con nuestro rol como un ancla de estabilidad, como un motor de crecimiento y, más allá de todo, continuaremos sosteniendo a Europa juntos".

Cómo se verá exactamente el gobierno de Merkel no se sabrá por algunos días más. Pero difícilmente importe en la posición en la que se encuentra: la canciller alemana más amada en décadas y una líder en la que su país tiene una enorme  fe.
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Solidificando poder

Esto marca el punto más alto en sus 13 años al timón de la Democracia Cristina. Cuando se apoderó del partido el 10/4 de 2000, pocos pensaron que duraría. La única razón de la que se valió para saltar por encima de Kohl y  los poderosos políticos estatales que lo rodeaban fue su valiente alejamiento del veterano canciller.  Con Kohl enredado en un escándalo por el financiamiento de una campaña en 1999, Merkel criticó a su mentor político en una artículo para el diario de centro derecha Allgemeine Zeitung, de Frankfort, diciendo que Kohl había dañado al partido. Ella fue la primera miembro superior del partido en sugerir que ya era tiempo para la era Kohl, que había durado 16 años, de concluir.

En 2005, el año en el que ella se convirtió en canciller, el resultado de su partido -con el 35,2%-, fue bastante inferior que lo que pronosticaban las encuestas. Lo que siguió fue una gran coalición con el SPD y descontentos rivales intrapartidarios. Otra vez, Merkel se veía vulnerable.

Pero en lugar de lamentarse, Merkel estuvo dispuesta a solidificar su poder. Por un lado, resultó inesperadamente adepta a remover a varios jefes de la Democracia Cristiana que habían sido allegados a Kohl y vieron a Merkel, que creció en la Alemania del Este, como una intrusa. En realidad, mientras la prensa alemana la tomó con escepticismo, su desvergonzada consolidación de poder en la escena política dominada por hombres le ganó respeto.

Por el otro, sin embargo, Merkel perfeccionó un estilo político que se ha convertido en una marca registrada. Ella basó su campaña de 2005 en la necesidad de reformas dificultosas y hasta prometió un aumento del 2% en los impuestos por ventas de tierras. El resultado sorprendentemente bajo de su partido ese año la llevó a reconsiderar su enfoque. Desde entonces, ha tratado de ofrecer exactamente lo que los votantes quieren, y ha dejado que otros tomen la iniciativa en decisiones dolorosas.

En años recientes, Merkel ha mutado su partido bruscamente a la izquierda. Abandonó la energía nuclear, terminó con la conscripción universal, aumentó considerablemente los beneficios sociales para las familias, tomó una (de corta duración) iniciativa en esfuerzos para contener el calentamiento global, prometió abordar el rápido aumento de los alquileres en las principales ciudades alemanas y dio pasos, aunque limitados, hacia mejoras en la igualdad de género. En breve, hizo progresos en varias áreas que habían sido temas centrales de la oposición y se ganó un público más amplio, como consecuencia de ello.

Una victoria para "Mutti"

Principalmente, sin embargo, ella ha mantenido los estragos de la crisis del euro contenida y mantuvo la economía alemana activa a lo largo de su peor momento. El desempleo se ha hundido, las exportaciones permanecieron fuertes y las perspectivas para el país en 2014 son claras, aún cuando otros estados miembros de la eurozona continúan luchando.

Hay, por supuesto, mucho para criticar. Ha sido criticada, por Steinbrück entre muchos, muchos otros, por no ser honesta sobre qué le ha costado a los votantes la crisis del euro. Ella también ha rehuido de hacer reformas de largo alcance en la arquitectura de la moneda común que muchos creen necesaria. Las filas de los trabajadores pobres de Alemania están creciendo.

Pero con los alemanes ampliamente satisfechos con la dirección que ha tomado su país, los índices de popularidad de Merkel estuvieron por las nubes en el inicio de este año electoral y apenas se han movido. Y Merkel, claro, fue los suficientemente inteligente para reconocer los signos. En lugar de hacer una campaña basada en los temas que mejor le quedan a la democracia parlamentaria alemana, ella tomó un capítulo de las políticas de USA. Corrió con su personalidad. Sus afiches fueron suaves en el mensaje y pesados en vacíos slogans como "Merkel: Un canciller para Alemania" o "El éxito juntos".

La apuesta, tal como lo mostró la noche del domingo, su ampliamente exitosa. Alemania no quiere un cambio. Ellos quieren a Merkel. Y ellos quieren en lo que Merkel se ha convertido: Mutti.

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