“Nuestro estudio muestra que todos los grupos de animales estudiados se están viendo afectados negativamente por las mayores concentraciones de dióxido de carbono”, explica la coautora del trabajo Astrid Wittman, en una nota. Pero no todas las especies sufren por igual la acidificación de los océanos. Mientras vertebrados como los peces están adaptándose relativamente bien a la reducción del pH del agua, otros con metabolismo más lento, se llevan la peor parte. “Los corales, equinodermos y moluscos están reaccionando de forma muy sensible al descenso del pH”, añade. En el caso de los corales, por ejemplo, esto estaría provocando una débil calcificación que, unida a la elevación de la temperatura del agua, está acabando con ellos en muchos lugares del planeta.
Para su trabajo, Wittman y sus colegas han repasado decenas de estudios que en los últimos años se han centrado en el efecto de la acidificación en los organismos vivos. Muchos de ellos se habían detenido en estudiar especies concretas y ellos han querido dar una visión de conjunto. Con esos datos volcados sobre las proyecciones del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC), los investigadores dibujan un futuro muy diferente a la situación actual de la vida marina. Aunque sus resultados para el 5 Informe de Evaluación (AR5) del IPCC no se harán públicos hasta el año que viene, los investigadores adelantan que se está produciendo una profunda alteración del ecosistema marino.
Fukushima
Entretanto, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, prometió hace varias semanas que el Gobierno se iba a implicar más en la búsqueda de soluciones para las graves dificultades que afronta Tokyo Electric Power (TEPCO) con los millones de litros de agua acumulada en los sótanos y en depósitos del complejo atómico dañado de Fukushima Daiichi.
Desde el accidente ocurrido el 11 de marzo de 2011 como consecuencia del gigantesco tsunami provocado por un violento terremoto en el noreste, las operaciones de regado urgente y la puesta en marcha de nuevo de los medios de refrigeración de los reactores han generado cantidades masivas de agua contaminada.
Esa agua, a veces desembarazada en parte de ciertos elementos radiactivos, está almacenada en cientos de gigantescas cisternas instaladas urgentemente, pero una parte está atascada en el subsuelo de la central y se vierte en el vecino océano Pacífico, tal como reconoció recientemente TEPCO.
Por otra parte, uno de los depósitos cilíndricos utilizados perdió recientemente un tercio de su contenido (300 toneladas de agua altamente radiactiva), motivando inquietud sobre el riesgo de defectos similares en otras cisternas del mismo tipo. Este incidente fue considerado "grave" por la autoridad independiente de regulación nuclear y uno de sus miembros tildó de "chapuza" cómo se está ocupando TEPCO de este agua.
Con anterioridad, la empresa ya tuvo que renunciar a utilizar depósitos en forma de estanques cavados en la tierra porque varios tenían defectos de estanquidad.
La compañía prometió que iba a revisar su política de gestión del agua, hoy en día el mayor problema que se le presenta y que no se resolverá mientras no sea totalmente funcional un potente sistema de descontaminación acompañado de un solución fiable de almacenamiento. El dispositivo de filtrado de los elementos radiactivos instalado hasta ahora no ha sido satisfactorio. Además, lo están reparando.