Temen entonces que la operación desencadene juicios internacionales y pronunciamientos de países extranjeros en foros tales como la Cumbre de las Américas o el G-20, entre cuyos países la Argentina ya está cuestionada por las serias restricciones comerciales que impuso en los últimos meses y que valieron una queja profunda en la Organización Mundial de Comercio.
En este marco, es que Zannini podría tener algunos choques por las intenciones de intervenir YPF mediante una expropiación (que debería ser por ley, o mediante la compra de acciones de común acuerdo con la controlante española Repsol), con el principal impulsor, el camporista viceministro de Economía, Axel Kicillof, y contra el ministro de Planificación, Julio de Vido.
El presidente de Repsol, viene con una comitiva de tres personas en el avión privado de la compañía, y trae una agenda clara. Repsol estaría dispuesta a colaborar para superar la crisis energética de la Argentina, pero siempre y cuando Cristina garantice el respeto a las inversiones españolas en el país.
La firma discutiría todo tipo de alternativas. Según el sitio 'iEco': abrir el paquete accionario a una participación estatal, un eventual cambio de la conducción, evaluar la forma de remisión de utilidades y confeccionar un plan de inversión que convoque a las cinco grandes petroleras, Exxon, Total, Shell, Petrobras y Bridas.
Pero Brufau también advertirá que, si continúa el hostigamiento contra Repsol para desvalorizar sus inversiones, el gobierno español está dispuesto a llevar todas las medidas que crea necesarias contra la Argentina en los foros internacionales, incluyendo embargos comerciales y reclamos judiciales.
El objetivo de Brufau es evitar que los gobiernos provinciales sigan quitándole a Repsol áreas de explotación petrolera, y, de esta manera, intentará impedir que el valor de YPF siga cayendo.
Ya, en febrero, el español mantuvo una reunión con el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, y Julio de Vido. Sin embargo, en aquella ocasión sólo obtuvo reproches de los argentinos.