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Con el 'caso Álvarez', Kirchner rompe los códigos y convierte a Stiusso en gran elector

Mensaje de Néstor Kirchner a la oposición: los 'carpetazos' han comenzado contra quienes no se encuentren de su lado. Un Presidente que rompe los códigos, intentando atornillarse al poder.

Néstor Kirchner envió un mensaje a los dirigentes políticos del justicialismo: para permanecer en el poder, romperá todos los códigos. Difundirá todas las 'carpetas', 'expedientes' y 'archivos' que comprometan a quienes lo desafíen. No dejará nada ni nadie en pie.
Sí, es un mensaje mafioso. Lo increíble es que lo envía desde la izquierda, ahora una aliada de la estructura histórica de la Secretaría de Inteligencia. Esto es lo que quedó en claro con el 'carpetazo' sobre el pasado de Juan José Álvarez.
La advertencia de Kirchner se asemeja a la de Luis D'Elía a quienes querían participar de la marcha de Juan Carlos Blumberg el 31-8. El Presidente que tanto alardeó que él recuperaba a la política como mecanismo de gestión del Estado, termina siendo un 'batata' vulgar, aferrado a los secretos de Horacio Stiusso y la 'nomeklatura' de la Side.
Y eso que recién comienzan a ocurrir algunos desafíos menores al Presidente. ¿Qué hará cuando lleguen las batallas mayores? ¿Cuál será el límite para un Presidente que ya está rompiendo todos los códigos? En vez de acobardar a sus adversarios, esta situación debería llevarlos a quemar etapas, a acelerar los tiempos.
Sí, romper los códigos porque ¿acaso no es un código que la Side mantiene en secreto los expedientes de su personal pasado y presente? Stiusso llevó a los Tribunales a Gustavo Béliz por difundir una vieja fotografía suya, pero no duda en revelar datos de Álvarez ahora que Kirchner desea enviarle un mensaje a Eduardo Duhalde y a Roberto Lavagna.
Porque de eso se trata: de astillar a Lavagna, con quien Álvarez se encontraba colaborando; y de advertirle a Duhalde, a quien la Casa Rosada no le cree que siga en retiro volunario.
Nadie lamentará que a Álvarez le ocurra lo que le pasó. Individualista extremo, hombre sin amigos, Álvarez ya fue vapuleado por su participación en el derrocamiento de Adolfo Rodríguez Saá, en la última semana del año 2001. Luego, la izquierda siempre tuvo con él cuentas pendientes desde los asesinatos en la estación Avellaneda en el año 2002, con los cuales no tuvo que ver pero... sucedieron siendo él ministro de Seguridad de la Nación.
¿Quién 'percutó' a Álvarez? (utilizando una palabra del argot de los servicios policiales y de inteligencia). Una militante de los organismos de derechos humanos de izquierda, Victoria Ginzberg, a veces periodista.
Es curioso que la noticia la difundiese el diario Página/12, considerando que Horacio Verbitsky, la pluma más conocida de ese matutino pago por el gobierno de Kirchner, en varias ocasiones fue acusado de 'protector' de Álvarez.
Entonces, Stiusso produce la información y la Casa Rosada la difunde vía Página/12, ¿qué es lo que relaciona a ambos extremos? Están 'jugados', ellos saben que luego de Kirchner no tienen destino. Ni Stiusso ni Página/12 ni Ginzberg. Este concepto quedó en claro con la columna de opinión de Verbitsky del domingo 10.
Stiusso alcanzó con Kirchner un 'status-quo' increíble para un espía profesional, según cuenta Gerardo Young en su libro sobre la Side. Solamente un Presidente intelectualmente mediocre y decidido a permanecer a cualquier precio podía abrir la Casa Rosada a los espías que mañana podrían divulgar los propios secretos de los Kirchner.
Pero el Presidente cree haber logrado un 'pacto de sangre' con estos profesionales. La sangre la puso Axel Blumberg, por ejemplo; y lo curioso es que su padre, Juan Carlos, no ha tomado debida nota de ello.
Dato irónico es que Álvarez tiene sus oficinas casi enfrente del edificio donde vive Stiusso, en la avenida Quintana. Al lado de este inmueble hay un local que vende embutidos de calidad, y a menudo Álvarez merienda ahí, sin Stiusso, obviamente.
Kirchner dinamitó a Álvarez luego de haberlo utilizado y esto habla mal de Álvarez. No solamente porque aceptó colaborar con Kirchner luego de que éste hiciera todo lo posible para destrozarlo como ministro de Seguridad bonaerense, y reemplazarlo por León Arslanián, sino porque si Álvarez no aceptaba convertirse en secretario de Seguridad porteño luego del incendio en 'República Cromañón' las llamas hubiesen consumido antes a Aníbal Ibarra y su aliado, Alberto Fernández.
Álvarez se sentó con Fernández, exigió y obtuvo la bendición de Kirchner y entonces cruzó y se encerró con Ibarra, a quien le dejó -cuando cesó su tarea- a su discípulo y heredero, Diego Gorgal, hoy secretario de Gobierno de Jorge Telerman.
Hasta ese momento, Álvarez era un integrante de la 'mesa chica' de Mauricio Macri, a quien dejó sin remordimientos para irse con el oficialismo. Desde entonces muchos consideraban a Álvarez un 'doble agente', y se cuidaban mucho de qué hablaban en su presencia.
Pero Álvarez dejó el Gobierno de la Ciudd Autónoma (siempre sostuvo que Alberto Fernández le ofreció incorporarse a la Nación y él no aceptó), y fue jefe de campaña de Hilda de Duhalde en el descalabro del año 2005, más tarde ayudó a organizar El General, e intentaba por estos días comprometer a 'punteros' de Duhalde en la campaña de Lavagna. Entonces ocurrió el 'carpetazo'.
¿Serán disciplinados los críticos de Kirchner por este aparatoso incidente? Es de esperar que no. Si Kirchner rompe los códigos, también hay 'carpetazos' sobre él, gobernador vulgar de Santa Cruz, afecto al enriquecimiento veloz y desmedido, y abundante en placeres terrenales con viudas hoteleras y juezas de pueblos desangelados.
Pero a la política le hace mal todo esto. No hay debate de ideas. El Presidente propone un intercambio antropófago de 'files'. ¿Tan inseguro se siente hoy Kirchner que debe apelar a todo esto para prevalecer?
Entonces, el dato no es la estocada de Kirchner sino su nerviosismo y la debilidad que surge de tener un estado mayor integrado por Stiusso, D'Elía, Rudy Fernando Ulloa Igor y otros.
Es probable que el poskirchnerismo se encuentre más cerca de lo que parecía.

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