Los capitales estadounidenses llevan a cabo políticas de dumping pagando buenos precios a los productores argentinos y se ganan a la opinión pública.
Finalmente se llega a un acuerdo y se forma un pool frigorífico, con lo cual la actividad en la Argentina poseía caracteres oligopólicos. En 1911 se establecen cuotas de carne, para Estados Unidos el 41%, para Gran Bretaña el 40% y el 9% restante para Argentina.
Sin embargo, la veda llegaría más tarde.
En 1945, la carne era la gran estrella de la economía argentina. En el país había unos 34 millones de cabezas de ganado vacuno y la producción de carne vacuna fue de 1.455.000 toneladas, de las cuales se exportaron 373.000 toneladas, casi la mitad de lo que se exportó durante la Segunda Guerra Mundial. La marcha organizada el 17 de octubre por los sindicatos en Plaza de Mayo clamando la presencia de Juan Domingo Perón fue encabezada por Cipriano Reyes, un dirigente sindical del gremio de la carne.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, la Argentina decidió la estatización de todo su comercio exterior, con la creación del Instituto Nacional de Promoción del Intercambio (IAPI) que monopolizó todas las operaciones.
Entonces se presentó por primera vez el conflicto consumo vs. exportación y Perón optó por la exportación, imponiendo el "viernes santo todo el año". Esa fue la primera veda al consumo de carne.
La medida estaba destinada a restringir el consumo por la vía de la prohibición, considerada más plausible que hacerlo por vía del precio y si bien fue suspendida tres años después, de hecho cesó de funcionar aproximadamente al año y medio de ser aplicada.
La segunda veda (años 1964 y 1965) introdujo la restricción en la venta de carne vacuna dos días por semana.
En 1969, durante la dictadura de la "Revolución Argentina", siendo presidente Juan Carlos Onganía, el ministro de Economía José Dagnino Pastore aplicó una veda al consumo de carne vacuna.
En 1971 se implementaron dos semanas de veda por una de consumo durante el período económico en tiempos de Agustín Lanusse que se caracterizó por una escalada inflacionaria y la aplicación de complicados mecanismos de ajuste monetario.
La veda se extendió del consumo de carne vacuna, que hasta el momento se aplicaba en hoteles y restaurantes dos días a la semana y la restricción incluyó la venta al público en las carnicerías, semana por medio. Fue implementada con interrupciones y contramarchas, hasta su derogación en abril de 1973.
Finalmente, otra veda fue impuesta por el gobierno de Raúl Alfonsín en 1984 cuando el secretario de Agricultura y Ganadería, Lucio Reca, estableció una nueva veda al consumo de carne bovina, pero el tema recién encontró una salida poco después cuando se prohibió la venta a término de ganado en los mercados estableciéndose un plazo máximo de siete días hábiles.