Entre los sectores más afectados por la ola de ventas en Tokio en el inicio de la negociación están los del motor, los fabricantes de componentes y los bancos.
El pánico de los inversores afectó también a la Bolsa de Seúl, que abrió la sesión con un descenso de más del -3% de su índice Kospi, que 1 hora después se dejaba casi -5% hasta llegar a poco más de 1.777 puntos.
Los retrocesos en el recinto surcoreano son mayores a los vividos en 2008 en las jornadas inmediatamente posteriores a la quiebre de Lehman Brothers.
La Bolsa de Sidney estaba -5%.
"Es probable que continúe la venta masiva de acciones a nivel mundial, pero estamos cerca de ver el punto culminante de esas ventas", intentó ser optimista Hiroichi Nishi, director de SMBC Nikko Securities, a la agencia Dow Jones Newswires.
En el cierre del lunes 08/08, el antecedente de los mercados asiáticos, Wall Street sufrió la peor caída desde diciembre de 2008 de su índice Dow Jones: -5,55%.
En tanto, los futuros del oro han llegado a tocar los US$ 1.721,90 por onza, un nuevo máximo histórico para el metal.
La volatilidad de las opciones del oro alcanzó su máximo desde mayo del 2010, por las apuestas a que el metal podría repuntar aún más.
"Los inversores ven a las compras de bonos del Banco Central Europeo como la primera medida hacia el mismo tipo de programa de alivio cuantitativo que está haciendo la Fed. Por eso, el oro actúa como la única moneda que no se puede seguir imprimiendo, y se ve una demanda institucional enorme por él", dijo James Rife, asesor de manejo de cartera de Haber Trilix Advisors.
A su vez la amenaza de recesión llevó hacia abajo los futuros del petróleo.
El tipo West Texas, de referencia en USA, cayó hasta tocar un suelo de US$ 82,52 el barril, el nivel intradía más bajo desde el 24/11/2010.
Poco después se ha recuperado hasta los US$ 83,41. Pero, más allá de las oscilaciones, el crudo tiene tendencia: ya cayó la semana pasada -9,2%.
En las operaciones electrónicas asiáticas de este martes, el barril de West Texas Intermediate (designación del "light sweet crude" negociado en USA) para entrega en septiembre perdió US$ 2,08, hasta US$ 79,23.
La reacción del mercado fue "sangrienta y los inversores liquidan sus posiciones porque el futuro es muy incierto", dijo Matt Smith, precisando que las consecuencias de la degradación de la calificación estadounidense son "principalmente psicológicas".
Los bonos del Tesoro estadounidenses a 10 años eran un valor refugio, igual que el franco suizo en los mercados de cambios o el oro en las materias primas.
"La degradación de la calificación y los comentarios de Standard and Poor's muestran que Estados Unidos podría tener problemas para pagar sus facturas, lo que provocaría una reducción contínua de los gastos del Estado y una economía desacelerada. Y esas dos cosas tienen como consecuencia una menor demanda de petróleo", explicó Andy Lipow, de Lipow Oil Associates.
"El mercado anticipa, probablemente, una reducción de la demanda de crudo en USA" (consumidor mundial Nº1 de crudo), precisó el analista.
Según analistas de JPMorgan Chase, la degradación de la calificación del bono estadounidense no es una sorpresa, ya que se manejaba en los mercados desde hace varias semanas.
"Pero considerada en el contexto más amplio de los problemas de deuda pública en Europa y de los temores de contagio en los mercados financieros, los mercados petroleros toman nota", subrayaron.
Buen momento para leer un comentario de Calixto Rivero en el diario Expansión, de Madrid:
"Los expertos creen que hay pocas opciones frente a la nueva recaída de la actividad: que los bancos centrales paren las subidas de los tipos de interés y que se aceleren las reformas.
Esta extrema tesis que planteaba Keynes en su Teoría General de la Ocupación el Interés y el Dinero, que es la que han aplicado casi al pie de la letra algunos Gobiernos occidentales frente a la Gran Recesión que empezó en 2008, es historia en plena tormenta de la deuda.
Los gobiernos de los países desarrollados no podrán recurrir esta vez a las teorías keynesianas para frenar la amenaza de una fuerte recaída a nivel global.
En 2008 los diferentes líderes sí que apostaron por planes de estímulo del gasto para tirar de la actividad económica, que sufría desplomes sin precedentes.
Y ahora el mundo desarrollado está empezando a pagar las consecuencias de la fiesta de la inversión pública, en muchos casos improductiva.
Los países que optaron por darle con fuerza a la máquina del gasto público –entre ellos España con iniciativas tan polémicas y poco eficaces como el Plan E, con el que se arreglaron aceras, cementerios o se construyeron pianos de piedra– se han dado de bruces con la realidad: se enfrentan a unos números rojos alarmantes, volúmenes de deuda inasumibles y a un encarecimiento histórico de la financiación.
La tormenta de la deuda a ambos lados del Atlántico (USA tendrá que impulsar ajustes sin precedentes en la próxima década y la eurozona tiene en su corazón a varios países que han necesitado ser asistidos para evitar la quiebra) ha derivado en un problema mayor: la posibilidad de que la economía global vuelva a entrar en recesión.
Los economistas consultados por Expansión señalan que aún es muy pronto para augurar que la economía volverá a sufrir números rojos durante dos trimestre consecutivos, aunque sí que alertan de que algunas economías tienen más papeletas que otras.
Los países periféricos son los que lo tienen más difícil, ya que los desequilibrios en las cuentas públicas no ha permitido todavía que logren alejarse del crecimiento cero.
En este grupo (aunque en mejor punto de partida que Grecia y Portugal o Italia) se encuentra España, que en el segundo trimestre de 2011 creció sólo un 0,2%, una décima menos que entre enero y marzo.
Daniel Suarez, analista de Afi, señala que la única alternativa a los planes de estímulo a la antigua usanza es que se mantenga una política monetaria expansiva. “No sólo necesitamos una política monetaria ortodoxa sino también, por ejemplo, la compra de deuda”, dice.
Este analista cree que no todos los países parten del mismo punto, ya que algunos, como Alemania, tienen las cuentas más sanaeadas. Destaca que “el problema ahora es que la demanda privada no está preparada para tomar el relevo”.
Suarez da por hecho que el BCE tendrá que anular su intención de seguir subiendo los tipos durante este año y exclama que “bienvenida sea la inflación ahora mismo”.
David Martínez, del servicio de estudios de Caixa Cataluña, coincide en que mantener una política monetaria expansiva es clave y espera que la Reserva Federal lance en lo que resta de año otro programa de compra de deuda pública. Reconoce que si la economía entra de nuevo en recesión será difícil “cuadrar el círculo”.
¿El reto? Que los ajustes fiscales se planteen de manera que logren reducir el déficit y no impidan el crecimiento."