La legisladora mantiene una obsesión en el Consejo de la Magistratura de la Nación que la convierte en una 'kirchnerista' permanente, aún cuando ella pertenezca al ARI. Una de las obsesiones de Marcela Rodríguez -siempre rodeada de jovencitas diligentes- es enviar al juez Juan José Galeano al cadalso.
Si quedaban dudas acerca de la parcialidad evidente de Marcela Rodríguez, bastó con presenciar su interrogatorio -nada riguroso, por cierto- al Nº3 de la Secretaría de Inteligencia, Antonio Horacio Stiusso, alias Jaime Stile.
¿Qué ocurió en la Secretaría de Inteligencia durante su participación en la investigación del atentado contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina? Una feroz interna en la Subsecretaría de Contrainteligencia entre el mayor retirado Alejandro Brusson y el 'espía profesional' Stiusso.
La abundante disponibilidad de recursos financieros y logísticos que realmente exigió Carlos Menem para aplicarlos a la investigación del atentado, provocó que la riña de gallos fuese aún mayor, con el costo elevadísimo de, a menudo, entorpecer la actividad del propio juez federal a cargo, y de los fiscales intervinientes.
Luego del gobierno de Menem, con Fernando de Santibañes al frente de la Side, Brusson logró convertirse en lo que hoy es Stiusso, el Nº3.
Luego, Stiusso se vengó de Brusson y así sigue una historia de la que resulta en extremo peligroso extraer conclusiones.
Brusson estuvo al frente de la llamada 'Sala Patria', que trabajó muy cerca del juez Galeano en gran parte de la búsqueda de pruebas. Stiusso afirma -y hoy reiteró- que cuestionó las conclusiones de la llamada 'Sala Patria'. Cuando los periodistas ingresaban al despacho que tenía Galeano en los juzgados de Comodoro Py y observaban en las vitrinas esquelas de salutación de personal de la Side, que hoy trabaja junto a Stiusso, todo se vuelve inverosimil.
Pero Marcela Rodríguez no considera estas cuestiones porque ella solamente desea acabar con Galeano. No importa que la Mossad haya avalado la investigación del magistrado. No importa que la CIA y el FBI ratificaran las pericias. No importa que la propia Comisión Bicameral certificara la rigurosidad del trabajo. No importa que penalistas como León Carlos Arslanián y Eugenio Raúl Zaffaroni hayan certificado la tarea. Rodríguez cree que hay que terminar con Galeano, y ahí va la diputada nacional, con sus niñas-secretarias...
La presencia de Stiusso fue más de lo mismo: repitió su declaración ante el desacreditado Tribunal Oral Federal Nº3, un trío de magistrados irresponsables que tendrán que rendir cuenta de sus actos en no mucho tiempo más. Falta que la Cámara de Casación junte coraje y envíe toda ese fallo al tacho de los cachivaches judiciales.
Sería una buena forma de terminar, además, con el extorsivo reclamo de Memoria Activa y su patrocinante, Pablo Jacoby, quien pretende un nuevo resarcimiento del Estado nacional (o sea de todos nosotros) para que él pueda continuar jugando a mecenas del arte nuevo tipo Omar Chabán.
El testimonio de Stiusso se da de bruces con las recientes declaraciones del embajador de Israel en la Argentina, Rafael Eldad; pero a Marcela Rodríguez eso tampoco le interesa escuchar. Algunos malos periodistas tienen la premisa siguiente: "Nunca dejes que la verdad te impida un buen título". Algunos consejeros parecen sostener: "Nunca permitas que la verdad modifique tu prejuzgamiento".
Stiusso es quien avaló la famosa 'pista siria', una barbaridad porque el hombre de la Side debería saber que en los tiempos en que ocurrió el atentado, Israel y Siria mantenían un pacto secreto de no agresión terrorista. Y hasta el día de hoy Israel, que tiene muchas cuitas con Siria, sin embargo nunca le sumó el atentado de Hezbollah e Irán en la Ciudad de Buenos Aires.
Y Stiusso reiteró hoy su defensa de los personajes llevados a juicio, muchos de ellos de la Policía Bonaerense, porque se les imputaba integrar la conexión local del atentado.
Por lo menos, Rodríguez debió preguntarle a Stiusso si el comisario retirado bonaerense Mario Naldi -amigo del más prominente de los imputados por los fiscales y procesado por Galeano-, colabora en forma permanente con la Side, o no.
Luego, está la profunda división doméstica de la colectividad judía argentina.
No es fácil entender el sentimiento dispar que tienen las distintas expresiones de la comunidad judía argentina frente a la actuación del juez federal Juan José Galeano en la investigación del atentado contra la Amia.
Por un lado la Daia, la Amia -con la firma de Abraham Kaul- y la Agrupación Familiares, apelaron en un durísimo escrito la sentencia absolutoria del TOF Nº3.
Por otro lado, Memoria Activa, por consejo legal de Pablo Jacoby, no apeló el fallo a pesar de haber reconocido a Carlos Telleldín como el proveedor de la camioneta que voló la sede de la mutual judía.
En este orden es importante interpretar las encuestas en el sitio de Internet www.itongadol.com.ar/, el principal portal de la comunidad israelita en la Argentina:
"¿Para Uds Galeano fue cómplice del poder menemista?
Sí: 24,86%
No: 75,14%".
Por último, también es difícil entender la actitud del abogado Alejandro Rúa, quien en su condición de secretario ejecutivo de la Unidad Especial Amia, avaló los pedidos de captura contra diplomáticos iraníes firmado por Galeano en marzo de 2003, y por otro lado reconoció ante la OEA -junto a Pablo Jacoby y su socio, Alberto Zuppi (ex ministro de Justicia de Adolfo Rodríguez Saá)-, la supuesta privación y denegación de justicia por parte del Estado argentino.