Otra que compró el pliego es la constructora mendocina José Cartellone, que ya interviene en el sector con la Empresa de Distribución Eléctrica de Tucumán (Edet) y la Empresa Jujeña de Energía (Ejesa).
A ellos se suma GPU Emdersa, de los fondos HSBC Private Equity Latin America y JP Morgan Partners, que opera las distribuidoras de Salta (Edesa), San Luis (Edesal) y La Rioja (Edelar). Y en la misma carrera está el Grupo Roggio, que ya había mostrado interés por Edeersa en 2003, cuando la estadounidense PSEG (la anterior operadora) decidió irse del país y abandonar la concesión.
Los últimos adquirentes fueron el estudio jurídico Conte-Grand & Doncel Jones y la estadounidense CMS Energy, la cabeza del grupo que se adjudicó la concesión cuando Edeersa fue originalmente privatizada.
También se anota en la pulseada la estadounidense PPL, que controla a la chilena Emel (propietaria de las distribuidoras Emelari, Eliqsa, Elecda, Emelat y Emelectric, que abastecen a 528.000 clientes), a la boliviana Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica Cochabamba y a la salvadoreña Distribuidora de Electricidad del Sur, y aspira a seguir sumando negocios en la región.
Pero la transferencia de Edeersa enfrenta una dificultad. La empresa carga con un pasivo que ronda los US$ 100 millones. Un 40% de esa deuda defaulteada (aunque en Entre Ríos hay versiones que señalan que sería el 100%) está en manos del inglés Ashmore.
Los inversores saben que, tal como lo establece el pliego de concesión, el grupo que se quede con el manejo de Edeersa deberá depositar una garantía de US$ 20 millones y tendrá 250 días para negociar con Ashmore y cancelar el pasivo. Si no lo logra, las autoridades harán caducar la concesión.