La paralización de actividades principalmente en los primeros meses del año, motivados por la irrupción del Covid-19 a nivel mundial, dejó fuertes secuelas en la mayoría de los sectores de la producción.
Tal vez uno de los más golpeados fuera el rubro automotriz, lo cual tiene mucho sentido si se considera que las medidas preventivas tendientes a reducir los contagios generaron que las personas permanecieran en sus casas limitando la circulación y por ende la búsqueda de vehículos para ello.
Las cifras fueron elocuentes entre abril y junio de este año el sector automotor global sufrió pérdidas por US$12.780 millones, en contraste con los beneficios generados en el mismo período de 2019 que alcanzaron los US$25.800 millones. La media de la caída de las empresas fue del 41%.
La situación en Argentina no resulto diferente. En uno de los peores meses de la cuarentena, abril, la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA) informó que se patentaron 4.385 vehículos, el número más bajo en la historia de la actividad a nivel nacional. Interanual la caída fue del 88,3 por ciento.
A todo esto la realidad marcó que las nuevas disposiciones del Banco Central llevaban a que la falta de referencia del dólar y la brecha entre el oficial (con impuestos) y el libre frenara las operaciones de patentamientos.
Al tiempo la escasez de unidades convencieron a los compradores a no de operar y a los concesionarios a no vender por temor a la imposibilidad de reponer stock en el futuro teniendo en cuenta las dificultades para importar.
Sin embargo, con los números a la vista, el humor pareciera estar cambiando hacia un fin de año algo menos sinuoso al momento de renovar las unidades o comprar nuevas.