El lugar
Villefranche-sur-Mer se encuentra al este de la ciudad de Niza, 10 km al suroeste de Mónaco. Su bahía es uno de los puertos naturales más profundos del mar Mediterráneo y proporciona un fondeadero seguro para los grandes barcos: 320 pies (95 m) entre Cabo de Niza y Cap Ferrat, se extiende hacia el sur para formar un abismo de 1.700 pies (500 m) conocido como Cañón Submarino de Villefranche a aproximadamente 1 milla náutica (1,8 Km) de la costa.
La bahía de Villefranche, entonces, se ha convertido en un puerto importante: desde la 1ra. Guerra Mundial la Armada estadounidense hizo escala con regularidad, y Villefranche fue el puerto base de la 6ta. Flota desde 1948 hasta 1966, cuando el presidente francés Charles de Gaulle retiró a Francia de la OTAN y exigió el retiro de las fuerzas estadounidenses.
Los límites de la ciudad se extienden hasta las colinas que rodean la bahía subiendo desde el nivel del mar hasta una altitud de 1.893 pies (577 m), el punto más alto de Mont-Leuze. Las 3 carreteras que unen Niza con Italia pasan por Villefranche.
Si bien hay algunos lugares reales de St. Tropez en el capítulo de Emily, incluido el Café Sénéquier en el puerto bordeado de yates, resulta que el lugar elegido como 'doble de acción' -Villefranche- es mejor que el protagonista.
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Villefranche-sur-Mer y sus colores pintorescos.
Statu-quo
Ya casi no queda actividad en el astillero de 'la Darse' porque la mayor parte de la actividad ya se ha trasladado a Antibes y cayó la industria de la construcción y la pesca, provocando que en Villefranche la principal actividad es el turismo.
Las actividades tradicionales, tal como la pesca, han dado paso a la vela y el submarinismo. En lugar de Gucci y Hermès, las boutiques en las estrechas calles de Villefranche detrás del muelle bordeado de restaurantes, "están repletas de telas que reflejan los amarillos cálidos y los naranjas polvorientos de los edificios centenarios", escribió Chrissie McLatchie en CN Traveler.
No hay discotecas, sólo bares en plazas iluminadas por la luz de las velas. Al igual que St. Tropez, los superyates se disputan un espacio en la bahía pero en Villefranche también venden besugo y salmonetes recién capturados por las mañanas en 'pointus' de madera pintados (barcos de pesca) flotando en la suave marea debajo de ellos.
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Esta escena de 'Emily en París' sí es en S. Tropez.
Jet-set
Este glamour casual es lo que atrajo a Anne Seibel: St. Tropez sería más bonita si se pareciera a Villefranche, en la pantalla de Netflix.
Mientras buscaba ubicaciones para una escena en el club nocturno ficticio de Laurent G (rol que asumió el actor Arnaud Binard) encontró que era mejor filmarlo todo en Saint-Jean-Cap-Ferrat, a menos de 3,7 Km. de Villefranche.
“Buscamos un club de playa en Saint-Tropez, pero los que vi eran más presumidos, [y para] la jet-set”, le contó Anne Seibel a Chrissie McLatchie.
Entonces decantaron por Paloma Beach, en Saint-Jean-Cap-Ferrat.
“Con [Paloma Beach], sentí que esto era más romántico”: un club de playa relajado y de gestión familiar con vistas a las imponentes laderas marítimas, uno de los favoritos del verano desde que abrió en 1948.
A poca distancia, el Grand-Hotel-du-Cap-Ferrat, un hotel Four Seasons. Desde la elegante suite con vista al mar de Emily hasta la piscina al borde del agua y el reluciente vestíbulo, la gran residencia en la punta de la península de Cap Ferrat.
“Hay algunos hoteles muy caros alrededor de St. Tropez, pero no pensé que tuvieran esa sensación de Riviera”, según Anne Seibel.
A causa de que el rodaje tuvo lugar cuando Francia estaba bajo toque de queda en la primavera de 2021, el elenco y el equipo tenían el 5 estrellas para ellos solos.
“Tuvimos la oportunidad de quedarnos allí y filmar y usarlo presentándolo como si fuese un hotel de St. Tropez”, agregó Seibel. "Es un lugar impresionante con gente encantadora y realmente encajó con el espectáculo". El escenario era tan perfecto que apenas necesitó cambiar nada. “Todo lo que hice fue agregar algunas flores”, relató ella.
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Bella imagen de Villefranche-sur-Mer.
La magia
Seibel también incluyó entre las locaciones la Chapelle Saint-Pierre, en el puerto de Villefranche.
En el interior, las extravagantes pinturas del poeta y artista francés Jean Cocteau iluminan las tradiciones pesqueras del pueblo en todas las superficies excepto en el suelo.
“Me gusta incluir decorados hermosos y, para la escena en particular, era el lugar preciso: tan pequeño y único, y muy francés”, dice Seibel sobre la capilla del siglo XIV, a quien le encanta Cocteau.
Ya que estamos: Villefranche tiene luz propia, tal como la ciudadela medieval que protege la entrada al puerto. Entre el verano y el otoño, los jardines sombreados se convierten en el escenario del festival de música boutique La Crème.
Es en la temporada baja, cuando las calles están vacías de turistas y las luces del pueblo bailan a través de la bahía en el crepúsculo de la Costa Azul.
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Para entender qué se trata Villefranche-sur-Mer.