La magnitud caracteriza el tamaño del terremoto; la intensidad describe sus efectos en cada lugar. Por eso el IGN asigna distintos valores a las poblaciones desde las que recibe información, en vez de dar una única intensidad a todo el territorio. Los cuestionarios ciudadanos permiten registrar si las personas estaban en reposo, si vibraron ventanas o si se movieron objetos, y ayudan a completar la información de los instrumentos. En Galicia, ese mosaico de testimonios permite reconstruir una sacudida ampliamente percibida sin confundir su extensión con la existencia de daños, que no constaban en el balance inicial.
Triacastela y Molinaseca, los antecedentes que ayudan a dimensionar el terremoto
El terremoto que se sintió en Galicia se inscribe en un noroeste peninsular con actividad sísmica conocida, aunque las sacudidas que llegan a tantas localidades resulten menos habituales. El IGN describe esta región como relativamente estable, con terremotos de magnitud baja o moderada. Dentro del territorio gallego, la distribución es desigual. El sur y el este concentran más movimientos, mientras en otras zonas aparecen de forma dispersa, incluidos algunos epicentros marinos frente a las costas atlántica y cantábrica. Esa geografía sísmica explica por qué los antecedentes relevantes para entender lo ocurrido también se encuentran más allá de los límites administrativos de Galicia.
La referencia más destacada está en el entorno de Sarria, Becerreá y Triacastela, en Lugo, donde el IGN identifica series importantes en 1979, 1995 y 1997. La repetición de episodios en ese sector lo convirtió en uno de los principales focos de actividad del noroeste. Su historial aporta una perspectiva distinta de la sorpresa que genera cada temblor entre la población: aunque durante largos períodos apenas haya movimientos perceptibles, los instrumentos han documentado una actividad que permite estudiar dónde se concentra la sismicidad y cómo evoluciona. Ese conocimiento regional sirve de contexto, sin que implique atribuir el terremoto de Benuza al mismo origen concreto.
La serie de mayo de 1997 dejó un terremoto mayor que el de este jueves, con una intensidad máxima de VI según la documentación del IGN. Un estudio publicado en Geophysical Journal International recoge para aquel movimiento una magnitud de momento de 5,1. La comparación requiere distinguir las medidas: el registro actual de Benuza utiliza magnitud mbLg, por lo que no corresponde restar ambas cifras para calcular directamente una diferencia de energía. La intensidad, en cambio, permite describir los efectos observados sobre personas, objetos y construcciones. En ese aspecto, el máximo IV-V asignado inicialmente al episodio actual queda por debajo del VI documentado en la secuencia de 1997.
En El Bierzo aparece un antecedente más próximo al epicentro de anoche. El 10 de junio de 2006 se registró al sureste de Molinaseca un terremoto de magnitud 4,1, a 10,7 kilómetros de profundidad y con intensidad máxima de V, incluido en el catálogo de terremotos importantes del IGN. Su tamaño y sus efectos ofrecen una referencia cercana para dimensionar el movimiento de Benuza. Ambos registros muestran que la comarca ya había experimentado sacudidas claramente perceptibles antes de esta madrugada. Para valorar el impacto del episodio actual, esa comparación debe acompañarse del balance de emergencias, que hasta esta mañana no recogía daños personales ni materiales.
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