Esto significa que no existe una temperatura única a partir de la cual se pueda hablar de una ola de calor marina. Un registro que representa un episodio extremo en el océano Austral puede ser completamente diferente de uno registrado en aguas tropicales.
Su aparición está relacionada con distintos factores, como los cambios en la circulación oceánica, las condiciones atmosféricas y la variabilidad natural del clima. Sin embargo, el calentamiento global eleva la temperatura de base de los océanos y aumenta las probabilidades de que se alcancen valores extremos.
La OMM también señaló que el calentamiento provocado por las actividades humanas tuvo una influencia determinante en algunos episodios recientes. Por ejemplo, el fenómeno registrado en el mar de Tasmania entre 2015 y 2016 tuvo una probabilidad al menos 330 veces mayor de durar tanto como duró debido al cambio climático, según los estudios citados por el organismo.
Los océanos registraron temperaturas récord durante 2026
Uno de los datos más relevantes del nuevo análisis de la OMM es el comportamiento de las temperaturas superficiales del mar durante este año.
El 22 de agosto de 2026, la temperatura media de la superficie oceánica fuera de las regiones polares alcanzó los 21,1 °C, el valor más alto registrado hasta entonces. La marca superó el récord anterior, establecido en marzo de 2024.
Europa fue una de las regiones más afectadas por el calor persistente. Durante el verano boreal se desarrollaron extensas olas de calor marinas en el Mediterráneo occidental, el golfo de Vizcaya, las costas de la península ibérica y los mares Célticos.
En el Mediterráneo, además, los estudios científicos determinaron que el cambio climático provocado por la actividad humana elevó aproximadamente 2 °C las temperaturas extremas registradas durante ese episodio.
El fenómeno tampoco se limita al Atlántico y al Mediterráneo. Los científicos detectaron un aumento de los días con olas de calor marinas en las cuencas del Pacífico, el Índico, el océano Austral y el Ártico.
Cómo hacen los científicos para detectar estos fenómenos
El monitoreo de las temperaturas oceánicas depende de una combinación de herramientas tecnológicas y observaciones directas.
Los satélites permiten observar diariamente grandes extensiones de la superficie del mar y detectar anomalías térmicas. Sin embargo, tienen una limitación: no pueden medir por sí solos lo que ocurre en las profundidades.
Por eso, los investigadores también utilizan boyas, embarcaciones de investigación, sensores instalados en barcos pesqueros y dispositivos autónomos que registran las condiciones del agua a diferentes profundidades.
Uno de los sistemas más importantes es el programa Argo, una red internacional de instrumentos autónomos que se desplazan por los océanos y realizan mediciones de temperatura y salinidad, incluso hasta los 2.000 metros de profundidad.
La OMM considera que mejorar estas observaciones es fundamental para anticipar las olas de calor marinas y desarrollar sistemas de alerta temprana. A diferencia de otros fenómenos meteorológicos, las anomalías de temperatura del océano pueden persistir durante semanas o meses, lo que permite elaborar pronósticos con cierta anticipación.
El desafío ahora es comprender mejor cómo evolucionan estos episodios y qué consecuencias tendrán sobre los ecosistemas, las actividades económicas y las comunidades costeras en un planeta donde los océanos acumulan cada vez más calor.
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