El embajador argentino en la OEA, Carlos Raimundi, se abstuvo frente a un proyecto de resolución que exige a Ortega y su esposa, Rosario Murillo, terminen con las persecuciones políticas y que garanticen la transparencia de las próximas elecciones presidenciales.
Hasta la votación de Raimundi, la Argentina siempre había votado en contra del régimen sandinista. La administración de Mauricio Macri asumió siempre una posición de estricta crítica a la dictadura en Nicaragua. Pero todo cambió ayer.
"Yo creo que la decisión del Gobierno no representa a los argentinos que votaron por cualquiera de los partidos que se presentaron en las elecciones de 2019, que quieren vivir en libertad, que quieren que les respeten las ideas que puedan tener y no por eso ir presos, que respeten los derechos humanos, laborales y sociales. Quieren vivir en democracia porque reconocen que en democracia pueden pelear por mejores condiciones de vida y no quieren que alguien se perpetúe en el poder ni se apropie de todo", analizó Faurie en diálogo con 'CNN Radio'.
La declaración de condena avalada por una fuerte mayoría en la OEA -26 votos sobre un total 34 posibles- fue la respuesta multilateral a una caza de brujas desatada por la dictadura de Nicaragua. En las últimas dos semanas, Ortega y Murillo iniciaron una razzia política que implicó la detención de los principales dirigentes de la oposición que tenían intenciones de enfrentar al régimen que ocupa el poder desde 2007.
Ese movimiento represivo implicó la captura ilegal de Cristiana Chamorro, Juan Sebastián Chamorro, Félix Maradiaga y Arturo Cruz, entre otros líderes políticos. Todos fueron acusados por presunta traición a la patria y lavado de dinero.
Y hasta ahora, Ortega y Murillo no aportaron una sola evidencia en contra. Por eso, la OEA exigió su inmediata libertad al régimen sandinista y la preservación de la democracia por encima de los intereses políticos de la dictadura de Managua.
El secretario de Estado, Antony Blinken, mantuvo una conversación de 40 minutos con Felipe Solá para tratar el tema de Nicaragua. Sucedió unos días antes de la sesión en la OEA, y el canciller argentino quedó en contestar acerca de la posición final que asumiría la Casa Rosada.
Alberto Fernández tiene diferencias ideológicas con el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y no quería aparecer avalando su posición política respecto al régimen sandinista. Tampoco deseaba aparecer al lado de Bolivia y San Vicente, que apoyaron a la dictadura de Nicaragua. De ahí que optó por la abstención, en una postura junto a México, aliado en América Latina.
Sin embargo, otra vez la Argentina se mostró escindida de la agenda común con sus socios del Mercosur. Brasil, Paraguay y Uruguay votaron junto a Estados Unidos, Colombia, Perú y Chile.