La "copita" es un recipiente de silicona que es introducida en la vagina durante el ciclo. No absorbe el sangrado, sino que lo almacena en su interior y luego de 8 a 12 horas (dependiendo el sangrado) se retira, se vacía, se lava y se vuelve a colocar. Al finalizar el ciclo, se esteriliza y se guarda.
Cada vez son más las mujeres que eligen este producto, que está presente entre las charlas de amigas quienes se lo recomiendan como la gran alternativa cómoda y económica. Los beneficios son muchos, entre los que se destacan su durabilidad (entre 5 y 10 años), evita irritaciones, infecciones y alergias, mantiene el pH de la vagina, es vegana y amigable con el medio ambiente ya que no genera basura sanitaria.
Aunque muchas recién descubran a "la copita", esta apareció por primera vez a mediados del siglo XX, en Estados Unidos. Leona Chalmers la creó y patentó en 1937 y era fabricada con caucho en esa época. Este producto fue evolucionando con el correr de los años, fue realizado con látex a mediados de los '60 y en los '00 llegaron las primeras de silicona.
A pesar de que la copa es un éxito entre las mujeres, a otras no les resulta cómoda, como es el caso de Sofía Gala. Puede que se necesiten varios intentos hasta que se lo tome confianza, como también elegir el tamaño adecuado y la marca que más se ajuste al organismo de cada una.
Una de las desventajas es que se necesita una instalación sanitaria segura cuando hay que extraer este dispositivo de la vagina para vaciarlo, enjuagarlo y colocarlo. Pero según un estudio publicado por Literat, "desde el punto de vista ginecológico, en la medida en que la usuaria mantenga las condiciones de higiene al manipular este dispositivo, no existiría una contraindicación a su uso".
En Argentina, se las puede comprar en farmacias o en e-shops y su precio ronda entre los $800 y los $1200.