Para el estudio, los investigadores tuvieron en cuenta tanto este gen como otros relacionados con la formación de los nervios y con el neurotransmisor dopamina, entre otros.
La principal hipótesis respecto de la depresión es que se trata de un desequilibrio bioquímico en neurotransmisores como la serotonina.
Sin embargo, apunta la experta Lisa Kalynchuk de la Universidad de Victoria, en Canadá, citada por Público, esto no está claro, porque los antidepresivos -medicamentos en su mayoría desarrollados en base a esta hipótesis- tardan semanas en hacer efecto y solo son eficaces en la mitad de los pacientes.
De acuerdo a Richard Border, uno de los autores del artículo, hay que desconfiar de toda teoría que apunte a unos pocos genes para explicar grandes efectos sobre comportamientos complejos, porque no es lo que sucede en la mayorías de las enfermedades más comunes.
Los autores de la investigación aseguran que los estudios previos dieron falsos positivos, teniendo en cuenta las muestras consideradas en número limitado, y sostienen que la comunidad científica debe abandonar la hipótesis de los genes candidatos, según informó la Universidad de Colorado.
“No estamos diciendo que la depresión no sea hereditaria en absoluto. Lo es. Lo que estamos diciendo es que muchísimas variantes influyen en la depresión y que individualmente cada una tiene un efecto minúsculo”, asegura Matthew Keller, director la investigación.
Esto confirma lo que varios genetistas sospechaban y se ha comprobado en otros desórdenes: en los rasgos complejos, como son la mayoría de las enfermedades, y también en capacidades como la inteligencia, intervienen miles de genes, que interactúan con los factores ambientales a lo largo de la vida del individuo, explica el portal Público.
Los investigadores examinaron los efectos principales de los polimorfismos de cada gen identificado, las diversas tipologías de la depresión y los principales condicionamientos ambientales, tales como el abuso sexual o físico durante la infancia, así como las adversidades sociales y económicas, explica la agensa Ansa.
Los resultados son inequívocos: ninguna evidencia científica clara fue hallada entre los genes estudiados y la depresión.
"Estamos lejos del conocimiento de las relaciones seguras entre genética y depresión, mientras el ambiente parece desempeñar el papel fundamental", aseguró el psiquiatra Massimo Cozza, director del departamento de Salud Mental del centro Roma 2, según Ansa. "A la luz de este estudio -agregó- es aún más importante realizar un trabajo de prevención sobre determinantes ambientales, psicológicos, relacionales, sociales y económicos".
Existe asimismo una nueva línea de investigación que apunta a un mal funcionamiento de las mitocondrias -las que proporcionan la mayor parte de la energía a las células- como la causa de la depresión. La nueva teoría fue publicada en un artículo en la revista científica Frontiers in Neuroscience.