“El presidente Jair Bolsonaro ha liderado una respuesta sorprendentemente indiferente, despectiva y caótica a la crisis del coronavirus que ha dejado a Brasil más pobre, más desigual y cada vez más polarizado. Las medidas de distanciamiento social han sido irregulares y mal aplicadas, el presidente y sus aliados han promovido tratamientos ineficaces y durante meses el gobierno no logró adquirir una gran cantidad de vacunas”.
Historia de la catástrofe
Luego del carnaval de febrero del 2020, comenzaron a registrarse los primeros casos de COVID-19 en Brasil, que con el tiempo terminaría siendo un factor decisivo para posicionar al continente como el más afectado por la pandemia.
El virus se propagó desde las grandes ciudades a los rincones más remotos durante el año pasado, cobrándose un precio particularmente alto en la región amazónica. Para enero del 2021, los pacientes morían por falta de oxígeno a pesar de las reiteradas advertencias.
Desde el comienzo, Bolsonaro ha mantenido un discurso negacionista. Evitó el distanciamiento social, las cuarentenas y las restricciones de circulación.
"En mi caso particular, dado mi historial como atleta, si me infectara no tendría nada de qué preocuparme", dijo en marzo del año pasado. Agregó que “no sentiría nada, o como mucho, sería un resfriado miserable, un poco de gripe".
Los médicos de todo el país se opusieron sistemáticamente a tales declaraciones y llevaron adelante un trabajo sin precedentes.
De hecho, un ministro de Salud fue despedido tras hacer públicos sus desacuerdos con el presidente. El siguiente ministro tampoco estuvo de acuerdo con el respaldo de Bolsonaro a la hidroxicloroquina, una droga que no ha demostrado ser eficaz para coronavirus.
El tercer ministro durante la pandemia fue un general del ejército sin experiencia en salud. Durante su gestión, la pandemia salió de control en los primeros meses de este año. Los hospitales debieron rechazar pacientes, los médicos elegían a quien salvar y los estados lucharon contra la falta de suministros por varias semanas.
Panorama desalentador
La crisis estalló en la primavera del año pasado, con alrededor de 400 muertes diarias. Para abril del 2021, el promedio se disparó a 3.000 decesos y casi 86.000 positivos cada 24 horas.
Actualmente la media señala unas 2.000 muertes diarias, y los casos están aumentando a ritmo acelerado otra vez. De hecho, ayer se notificaron 115.228 casos, récord desde el inicio de la pandemia.
El 31,7% de la población tiene al menos una dosis de la vacuna y el 11,7% completó el esquema, según el rastreo de la Universidad Johns Hopkins.
En abril, los legisladores formaron un comité especial para investigar la respuesta del gobierno a la pandemia. Durante varias semanas, el panel ha realizado audiencias televisadas que han puesto a Bolsonaro a la defensiva.
La crisis sanitaria y política no ha llevado al gobierno a corregir el rumbo, sino que el gobierno consolida su posición luchando, por ejemplo, por el derecho de las iglesias a realizar servicios este año, incluso cuando los hospitales colapsan.