Los científicos alemanes observaron las esponjas con el microscopio y llegaron a la conclusión de que en un centímetro cúbico, estas pueden tener una densidad de bacterias similar a la que se encuentra en las heces.
Algunas personas toman ciertos recaudos para mantener sus esponjas limpias y por eso las lavan con agua y jabón o detergente, pero esto es un error, debido a que con este accionar se aumenta la concentración de gérmenes en este elemento. Otras, las hierven o las enjuagan con lavandina, pero esto tampoco tiene efecto alguno.
Un grupo de bromatólogas argentinas crearon una cuenta de Instagram llamada "Bromatología en casa", en la que explican los múltiples errores de higiene y limpieza que se cometen a diario en un hogar. También le dedicaron un apartado a las esponjas.
"Nos preguntaron muchísimo qué esponjas recomendamos", dijeron y revelaron que no son recomendables las amarillas y verdes debido a que se agrietan y se almacenan microbios allí. Tampoco las de acero, bronce o aluminio, porque se desarman y diseminan sus pedazos en los utensilios.
Las ideales para comprar son las de fibra. "Son muy utilizadas en la industria alimenticia porque no se desgranan", explicaron.
"Hay personas que tienen la costumbre de hervir en agua caliente o meter en el microondas la esponja para limpiarla. A pesar de lo que se cree, estas prácticas no son efectivas y no reducen las bacterias mucho más del 60%", especificaron.
"Las esponjas no solo actúan como un almacén de microorganismos, sino que también contribuyen a diseminarlos por todas las superficies de la cocina en las que se usen", revelaron.
La solución más fácil y económica para el problema de las esponjas es simple: reemplazarlas cada semana.