La vacuna que crearon se aplica como una spray nasal.
Pero además, han distribuido el material para la vacuna a varios dentro de su círculo social.
El kit, explica el portal LiveScience, llega por correo con los ingredientes, que quienes la reciben deben preparar en su casa o laboratorio.
Nadie sabe si el antídoto funciona.
La FDA no respondió preguntas del MIT Technology Review sobre si la iniciativa puede ser considera legal o no.
Sin embargo, Estep dijo que la FDA no tiene jurisdicción sobre el proyecto porque los participantes mezclan y administran la vacuna por su cuenta, no se le paga a los voluntarios nada a cambio.
La FDA podría buscar regular el proyecto, particularmente mientras más gente se entera sobre la vacuna experimental y la prueba.
RadCav aún no tiene evidencia de que la vacuna impulse una respuesta inmunológica que proteja del COVID-19.
El grupo ha comenzado estudios para poder responder a esa pregunta.
El genetista Church explicó al MIT Technology Review que han tomado este enfoque porque consideran mucho más riesgoso al COVID-19 que a la vacuna experimental.
Además, dijo, cree que la vacuna es segura. Su mayor riesgo, advirtió, es que resulte inefectiva.
LiveScience explica que las vacuna siempre pueden presentar algún riesgo de efectos secundarios.
Uno de los potencial efectos secundarios que pueden suscitar algunas vacunas es un fenómeno extraño que deja al organismo más vulnerable frente a la infección que antes de ser vacunado.
El grupo de los científicos "rebeldes" de Harvard y MIT serán recordados o bien como héroes o bien como un grupos de locos.
En julio publicaron un paper describiendo la fórmula de la vacuna, advirtiendo a quienes leen que deben "reconocer y acordar con que el uso de la información para desarrollar y autoadministrarse una sustancia es un acto de autoexperimentación", cuya legalidad depende de dónde vivan.
La fórmula de la vacuna contiene fragmentos de proteínas llamados péptidos, hallados en el coronavirus. Estos péptidos no pueden causar COVID-19 por sí mismos, pero deberían, en teoría, ser reconocidos por el sistema inmunológico e impulsar la construcción de anticuerpos que podrían detectar y desactivar al patógeno.
Pero otros especialistas dudan de que este enfoque vaya a funcionar.