Desde hace unos años que el mundo empezó a padecer un rebrote global de sarampión, la enfermedad contagiosa especialmente frecuente en niños, que se caracteriza por las manchas rojas en la piel, fiebre y un estado general debilitado. Aunque el sarampión puede causar complicaciones graves, la mayoría de los pacientes se recupera a las 2 o 3 semanas. Están especialmente expuestos a padecer complicaciones niños malnutridos o pacientes inmunodeprimidos.
Antes del desarrollo de la vacuna en 1963, casi todos los niños sufrían la infección. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la vacunación logró reducir en un 80% los casos de sarampión entre 2000 y 2017, lo que ha salvado más de 20 millones de vidas.
Un estudio arroja datos sobre por qué es tan peligroso este rebrote. Sucede que aún en el caso de que el paciente se recupere a las semanas del virus, las personas que contraen sarampión sufren más infecciones hasta 5 años después del contagio porque esta enfermedad destruye la memoria del sistema inmunológico, borrando las defensas contra virus y bacterias a largo plazo, dejando a los individuos desprotegidos frente a otros patógenos. Es decir que tras padecer sarampión, las defensas del paciente quedan en un estado similar al de un bebé recién nacido en su limitada capacidad para responder a infecciones.
Según el último parte epidemiológico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), del 1/1/19 al 25/9/19, se notificaron 6541 casos confirmados de sarampión, incluidas 5 muertes, en 14 países y territorios de la región. En Argentina, ya son 26 los casos confirmados en todo el país, especialmente en la ciudad de Buenos Aires. Las campañas antivacunas no son el único factor responsable por el rebrote en nuestro país: se le suma la difusión de una 'cepa venezolana' y un descenso en los niveles de vacunación producto de la falta de dosis extra y mal suministro por parte del Estado.
"Tos, erupciones cutáneas y fiebre, incluso complicaciones potencialmente mortales, como neumonía y encefalitis, una inflamación del cerebro, son efectos del virus del sarampión, que en 2017 causó 110.000 muertes en todo el mundo a pesar de que existe una vacuna segura y económica", explica Verónica Fuentes de la Agencia Sinc. La vacunación generalizada contra el sarampión es una necesidad no solo porque prevenga esta infección sino porque evita el debilitamiento de la inmunidad colectiva frente a otros tipos de patógenos.
El estudio, publicado en la revista Science el jueves 31/10, analizó el sistema inmunológico de 77 niños de los Países Bajos no vacunados contra el sarampión, antes y después de la infección por sarampión en un brote que se extendió por su comunidad. El tiempo promedio entre la recolección de ambas muestras fue de 10 semanas.
"En 2013 se produjo un brote de sarampión entre varias comunidades protestantes del llamado cinturón bíblico, una región de los Países Bajos donde pervive una interpretación rígida del calvinismo. Aunque los niveles de vacunación en el país rondan el 95% de la población, entre estas iglesias el porcentaje baja hasta el 30%. Casi 2.800 personas resultaron contagiadas, la inmensa mayoría niños que no habían sido vacunados por razones religiosas", explica el diario El País.
Los resultados del estudio muestran que la infección paraliza la inmunidad contra virus y bacterias a largo plazo, lo que provoca la "amnesia inmunológica", incluso con los virus con los que ya se ha tenido contacto. El virus eliminó entre el 11% y el 73% de los tipos de anticuerpos de los niños, responsables por "recordar" encuentros previos con las enfermedades. Esto dejó a algunos niños con un sistema inmunológico similar al de un recién nacido.
“Hemos encontrado pruebas sólidas de que el sarampión destruye el sistema inmunológico”, explicó Stephen Ellege, coautor del trabajo e investigador del Instituto Médico Howard Hughes (USA). "Cuando este virus ataca, los anticuerpos desaparecen."
La hipótesis de que el virus del sarampión borra la memoria del cuerpo de anteriores patógenos ya existía. Lo que este estudio arroja de nuevo es cómo este se produce. El trabajo explica la siguiente paradoja: quienes padecen sarampión nunca vuelven a tenerlo, pero presentan mayor incidencia a otras enfermedades infecciosas.
"El virus es mucho más nocivo de lo que pensábamos, así que vacune a sus hijos”, subrayó Elledge. “Y si se han saltado la vacuna y se han infectado de sarampión, pueden necesitar ser revacunados de enfermedades anteriores”.