Uno de los hallazgos clave fue que las mujeres que duermen con un televisor o luz prendida en el cuarto tienen un 17% más de chances de haber aumentado 5 kilos o más durante el período que duró el estudio.
La correlación se mantuvo fuerte aún teniendo en cuenta otros factores que podrían intervenir tales como la duración del sueño, la dieta y la actividad física.
Los autores, sin embargo, advirtieron que no es suficiente para delinear un vínculo de causa y efecto, pero que sus hallazgos aportan a una gran cantidad de evidencia que sugiere que es muy conveniente dormir en un cuarto oscuro.
La alta exposición a la luz puede también "reflejar una constelación de medidas de desventaja socioeconómica y estilos de vida poco sanos, los cuales todos podrían estar contribuyendo a la ganancia de peso y la obesidad", explicaron.
La luz, apuntan, podría estar suprimiendo la producción de melatonina, causando entonces una disrupción en el ritmo circadiano y los patrones alimenticios.