Vivimos en un mundo pensado para los “alondras”, en el que un pobre búho sufre jet-lags casi diariamente. El estrés de tener que rendir desde primera hora cuando tu cuerpo no acompaña genera a la larga un problema de salud, como han demostrado los resultados de este estudio.
Los colegios y las empresas arrancan desde las nueve de la mañana y el vespertino se las ve y se las desea para llegar a tiempo. Además, como el cronotipo es genético, ya desde pequeños los búhos han entrado medio dormidos a las primeras horas de clase. No es de extrañar, por eso, que las profesiones con horarios más flexibles estén llenas de búhos, como escritores, periodistas, músicos o programadores.
Pues bien, ¿qué podemos hacer?
Lo primero de todo, conocerse. Como hemos dicho, el cronotipo es genético. Hay personas que están entre búho o alondra (como algunos llaman, “colibrí”) y que se adaptan mejor. Pero si estás en uno de los extremos, es recomendable que tomes conciencia lo antes posible para organizar tus horarios y para programar las reuniones importantes cuando estés en tu mejor momento.
Segundo, aunque sea genético, no está todo perdido, como comentan los autores de la investigación. Nuestro cuerpo también se adapta y, para ello, recomiendan el uso de la luz.
Para los búhos, que son quienes lo suelen tener más difícil, se sugiere encender una luz a primera hora con cierto tiempo de adelanto para que el cuerpo se vaya acostumbrando (y aceptar que con un único sonido del despertador te será imposible levantarte a la primera … vas a necesitar varios a pesar de las quejas de la persona que tengas al lado). Igualmente, se sugiere mantener la rutina de acostarse a la misma hora prudencial aunque el cuerpo no esté cansado.