Ambos virus se transmiten por contacto y por gotitas. Como resultado, las mismas medidas de salud pública, como la higiene de las manos y la buena conducta respiratoria (toser en el pliegue del codo o en un pañuelo y desecharlo de inmediato), son acciones importantes que pueden tomarse para prevenir ambas infecciones.
El período de incubación del coronavirus puede tomar entre 5 días a dos semanas, pero los científicos creen que durante todo este tiempo, una persona asintomática puede seguir contagiando a otras. En el caso de la gripe se incuba en 48 horas, por lo que la gripe puede propagarse más rápidamente que la nueva pandemia.
Sin embargo, la diferencia que más preocupa a los profesionales es que el coronavirus es nuevo. Esto quiere decir que como nunca nadie se había contagiado, todos pueden contagiarse. En cambio, hay grupos de personas que son inmunes a la gripe ya sea porque se vacunaron o ya se agruparon. Esto significa que entre el 20 y el 60 por ciento de la población del mundo se podría contagiar.
"La gente debe ser consciente de que covid-19 es realmente un tipo de gripe, por lo que tiene muchos síntomas en común", dijo a 'BBC Mundo' Paulo Sergio Ramos, especialista en enfermedades infecciosas de la Fiocruz Recife, instituto de investigación médica y científica de Brasil.
No obstante, para saber de qué se trata exactamente hay que buscar las diferencias sobre todo respecto a lo que sería un resfriado común. Y aquí una clave es la fiebre. Los resfriados comunes no suelen provocarla, mientras que la gripe y el Covid-19 elevan la temperatura del cuerpo más allá de la denominada febrícula, es decir, generan una fiebre alta (por encima de los 38 grados).
Asimismo, suelen provocar dolores y molestias musculares, especialmente en brazos, piernas y espalda, además de las articulaciones. En un resfriado pueden aparecer también ciertos dolores, pero mucho más leves que cuando se trata de una gripe.
Además, en un resfriado los síntomas aparecen de manera gradual, mientras que los síntomas de la gripe suelen aparecer de un momento a otro, de golpe.
Pero, otro punto en el que hay que prestar atención es la tos, ya que dependiendo del tipo de enfermedad del que estemos hablando se presenta de una u otra manera: en una gripe, y con el coronavirus, la tos es seca, a diferencia de lo que ocurre con los resfriados.
Pero, entonces cuándo llamar al médico. De la lista de síntomas relacionados con el Covid-19, los más frecuentes son: fiebre, cansancio, tos seca, dolores, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta y diarrea— si uno confirma que tiene fiebre, tos y sensación de falta de aire, puede pensar que es el momento de llamar al médico. Además, se deberá tener en cuenta e informar en caso de que así sea, si se ha tenido un posible contacto con alguna persona infectada.
Pero la fiebre, en principio, no es motivo suficiente para un llamado siempre y cuando se den unas circunstancias. Según especificó el sitio 'El Confidencial', una persona relativamente sana puede pasar una gripe en la cama sin necesidad de pasar por la consulta, pero en ocasiones una fiebre alta puede generar 'miedo'.
¿En qué momento debe buscar uno ayuda sanitaria si tiene fiebre? En primer lugar, depende de la edad: por ejemplo, en una situación normal los médicos recomiendan acudir a urgencias cuando un bebé tiene una fiebre superior a los 39 grados, o una persona de cualquier edad si la fiebre llega a los 40 grados. Cuando la fiebre no llega a esta 'barrera', lo óptimo es esperar que se reduzca; sino ocurre en 48 horas, podría buscar ayuda de los profesionales, afirma el mencionado medio español.
El dilema es que si bien ambos virus son similares, la proporción de pacientes con afecciones graves parece variar. En el caso de la COVID-19, los datos reunidos hasta la fecha sugieren que el 80% de las infecciones son leves o asintomáticas, el 15% son infecciones graves, que requieren oxígeno, y el 5% son infecciones críticas, que requieren ventilación. Estas fracciones de infección grave y crítica parecen más elevadas que las observadas en el caso de la infección gripal.
En tanto, la tasa de mortalidad del coronavirus parece mayor que la de la gripe, especialmente la gripe estacional. Aunque se tardará un tiempo en determinar con exactitud la verdadera tasa de mortalidad de la COVID-19, los datos reunidos hasta ahora indican que la tasa de mortalidad bruta (el número de muertes notificadas dividido por el número de casos notificados) oscila entre el 3% y el 4%, si bien la tasa de mortalidad por infección (el número de muertes notificadas dividido por el número de infecciones) será menor. En el caso de la gripe estacional, la tasa de mortalidad suele ser muy inferior al 0,1%.
En el mundo hay anualmente entre tres y cinco millones de casos graves de gripe y entre 250 y 500 mil de ellos terminan en muerte. La incidencia del virus de la influenza varía según la edad: es más frecuente en los niños (20/30%) y mucho menos en los adultos jóvenes (5/10%).
Sin embargo, para "realizar un control efectivo de la pandemia de COVID-19, es necesario mantener la inmunización de la población en otras patologías. En este sentido, los expertos llamamos la atención sobre el hecho de que si aumenta el número de personas sin vacunas frente a enfermedades infecciosas, los patógenos comenzarán a circular rápidamente. En el caso de la gripe estacional, y teniendo en cuenta la efectividad de la vacunación, una disminución en los niveles de la misma en los grupos de riesgo llevaría a un incremento de los casos de neumonía viral, internaciones y mortalidad. Es importante asegurar que la población no se vea afectada por un número aún mayor de cuadros graves por enfermedades prevenibles y que esto, a su vez, no abrume aún más la capacidad de los sistemas sanitarios", dijo a un sitio web Romina Mauas, infectóloga y coordinadora médica de Helios Salud y miembro de la SADI.