Los tests serológicos en Europa arrojan un porcentaje mínimo de la población protegido frente al COVID-19 (en ningún país se halló que más del 10% de la población estuviese "cubierta").
Lo que no está claro, sin embargo, es si las células T únicamente protegen a la persona o también frenan al virus de ser contagiado a otros.
El instituto testeó a 200 personas tanto para ver si tenían anticuerpos contra el COVID-19 como para saber si poseían las células T. De las personas que formaron parte del estudio, algunos pertenecían a los primeros grupos de personas infectadas en Suecia -muchas de ellas asintomáticas, elegidas entre los pacientes del instituto y los familires- y otros eran donantes de sangre.
Lo que apunta el estudio es que las personas que presentan algún tipo de inmunidad frente al COVID-19 podrían ser más que las que aparecen en testeos serológicos.
"Las células T son una parte esencial del sistema inmunitario", explicó Marcus Buggert, uno de los autores del estudio, según la agencia Ansa Latina. "Nuestro resultado podría tener implicaciones importantes para la salud pública. Una observación interesante es que no solo las personas con COVID-19 confirmado tendrían inmunidad de las células T, sino también muchos familiares expuestos asintomáticos. Además el 30% de los donantes que dieron sangre en mayo tenían las células T específicas, un porcentaje mucho mayor de lo que mostraron los tests serológicos."
"El estudio indica que la inmunidad pública al COVID-19 es significativamente más alta de lo que sugieren los tests", dijo Hans-Gustaf Ljunggren, otro de los autores. "Si se confirma, sería una óptima noticia desde el punto de vista de la salud pública".
Existe una droga llamada Interleukin 7, que se sabe que impulsa la producción de células T, que está siendo ensayada en Reino Unido para ver si podría ayudar en la recuperación de los pacientes, explica la BBC.