La consecuencia más seria de este tipo de stress es la alteración celular y molecular.
Los más recientes lesionados representan un número por demás preocupante pero el caso del arquero Oscar Ustari resulta hasta risueño. Según declaraciones del propio jugador, a un programa de FOX Radio del Plata, su lesión consiste en un desgarro en el musculo tibial anterior, agregando además que el cuerpo médico del plantel le informó que su lesión era rarísima y que el último caso conocido fue el de Napoleón Bonaparte al regreso de alguna de sus batallas.
La buena práctica médica, realizada en los países desarrollados, aplica en el deporte los conocimientos de la biomedicina molecular e ingeniería de tejidos para explicar y dar soluciones a las lesiones deportivas. Por supuesto que hay una limitación en el mercado local: el precio del acceso a esas tecnologías.
En la Argentina existe un enorme desconocimiento de los que los científicos han dado en llamar “medicina del futuro”, o sea la medicina biomolecular e ingeniería tisular (de los tejidos). Por tal motivo, se trata, erróneamente, de aportar soluciones incorrectas indicando a los jugadores tratamientos basados solamente en el uso de fármacos y sobreentrenamiento.
Es público y notorio que en varios países, las instituciones deportivas han utilizado EPO (Erytropoyetina), con el fin de prevenir lesiones y mejorar el rendimiento deportivo. Sin embargo, las consecuencias fueron, lamentablemente, diferentes a lo que se pretendía: graves lesiones y doping.
La tendencia mundial en relación a la medicina deportiva es la incorporación de las nuevas investigaciones de biomedicina molecular a los tratamientos que reciben los deportistas.
El ejemplo emblemático de esta afirmación lo encontramos en el caso de Lionel Messi. El mito popular afirma que, de preadolescente/adolescente él fue inyectado con hormona de crecimiento, y esto no es cierto por le hubiera causado detención del desarrollo y cierre de los núcleos de crecimiento en los huesos (enanismo). Tampoco fue sometido a la hormona sintética.
En su caso, se aplicó biomedicina molecular con ingeniería de tejidos.
La Argentina está muy lejos de la realidad médica que describí anteriormente. Apenas contamos con los modestos consultorios de la Asociación del Fútbol Argentino. En cuanto al centro de alto rendimiento Cenard, en él “funciona” un laboratorio antidoping totalmente obsoleto, que no cumple con los mínimos requisitos exigidos por el Comité Olímpico Internacional, motivo por el cual tampoco cuenta con la acreditación de dicho organismo; y con la ley antidoping sancionada en el año 1996 –de la cual soy autor- y que hasta el momento es letra muerta.