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Las dietas restrictivas son una mentira

el abordaje de la pandemia de la obesidad. El encuentro, impulsado por Mónica Katz (directora de la Carrera de Médico Especialista en Nutrición con Orientación en Obesidad de la Universidad Favaloro), contó además con la participación de María Teresa Panzitta (Psicóloga y Co-directora del curso de Metodología de Investigación en Psicología y Psicoanálisis del Hospital Durand) y Facundo Manes (Neurociéntifico. Director de INECO y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro) como invitado especial.

 

“Actualmente la población a nivel global está siendo atravesada por una epidemia de sobrepeso y obesidad. Y si bien hay acciones aisladas para reducirla, no hay acciones conjuntas, nos debemos un espacio interdisciplinario de encuentro, porque es que un tema del que todavía conocemos poco y tenemos mucho para investigar". Con estas palabras la doctora Mónica Katz, directora de la Carrera de Médico Especialista en Nutrición con Orientación en Obesidad de la Universidad Favaloro, abrió el 1er. Seminario.
 
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Videos de la 1ra. Jornada de Conducta Alimentaria Humana
 
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Ante un público integrado por estudiantes y profesionales, tres expertos en la materia repasaron algunos de los más recientes descubrimientos y avances en el área de la conducta, la psicología, las ciencias neurocognitivas y su relación con la ingesta alimentaria.
 
Durante este encuentro interdisciplinario, además de la Doctora Katz, presentaron nuevos conceptos y herramientas que sirven para la comprensión y tratamiento de trastornos alimenticios, la Lic. María Teresa Panzitta (Psicóloga y Co-directora del curso de Metodología de Investigación en Psicología y Psicoanálisis del Hospital Durand) y el Dr. Facundo Manes (reconocido neurocientífico, Director de INECO y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro). 
 
Las causas de la epidemia
 
Katz aseguró que entre las varias causas concomitantes que se relacionan con la creciente epidemia de sobrepeso y de obesidad, los más “populares” son dos: el sedentarismo y el exceso en la ingesta. 
 
Pero la doctora reconoce este enfoque como insuficiente y propone un novedoso abordaje de la problemática que deja definitivamente atrás al concepto tradicional de "dieta", relacionada con las severas restricciones en el tipo y en la cantidad de ciertos alimentos "prohibidos".
 
La experta plantea desde hace tiempo la necesidad de abordar la problemática del sobrepeso desde un enfoque diferente, donde no sólo tenga en cuenta a cada persona y a su contexto familiar y social sino que además incorpore un componente sensorial.  La doctora explica que se deben contemplar varios sistemas que actúan de forma articulada y en simultáneo, principalmente están los sistemas propios de los humanos que son el emocional (vinculados con el stress), el homeostático (energía) y el hedónico (recompensa), estos tres a su vez interactúan con el sistema social y el medio ambiente, que como contexto también afecta a la persona.  
 
“Básicamente, nacemos con una sola preferencia innata: al gusto dulce; y una sola aversión gustativa: al sabor amargo. Todas las demás elecciones y preferencias son adquiridas por experiencias, enseñanzas familiares y aprendizaje asociativo, y están fuertemente determinadas por la interacción de la persona en la sociedad. Primero con la familia y luego con el mundo y el mercado. Pero siempre será la interacción de lo innato y lo adquirido lo que genere el resultado final”, señaló.  Cuando comemos, explicaron los especialistas, incluimos junto con los alimentos significados como recuerdos inconscientes familiares, frases vinculadas a las comidas o indicaciones médicas escuchadas en consultorios y la televisión, que muchas veces incluso son contradictorios entre sí y con el conocimiento científico actual, conformando verdaderos mitos.
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Por su parte, en su charla el doctor Manes explicó que "todo lo que hacemos cotidianamente, nuestras elecciones de cada momento –sea conscientes o inconscientes- se realizan en nuestro cerebro. Y estas decisiones, que muchas veces son automáticas, también explican nuestras elecciones alimenticias y las conductas que mantenemos respecto a la comida".
 
Además, el experto recordó que "actualmente las investigaciones en neurociencias han demostrado que las emociones tienen un papel central en la toma de decisiones, incluyendo que alimentos preferimos sobre otros".
 
Otro concepto que resaltó es el hecho de que "para muchos expertos en neurociencias, el cerebro humano se caracteriza -y se vuelve único en el mundo animal- por ser un órgano con un muy fuerte componente social, que se transforma a partir de la interacción entre las personas". 
 
"El cerebro" –agregó- "genera estrategias sociales y modula nuestros impulsos animales, incluyendo las actitudes y conductas que tenemos hacia los alimentos. Por lo tanto, entenderlo en forma interdisciplinaria es una clave esencial para discernir cómo funciona el control de los impulsos conductuales relacionados con la comida".
 
El cerebro humano es un órgano social, es lo que nos diferencia de los animales, y es por eso que cuando hablamos de conducta alimentaria humana sólo los estudios realizados en humanos pueden ofrecer una aproximación a la realidad, y advirtió “todavía falta mucho por descubrir del cerebro humano”.
 
Manes concluyó que todo el tiempo estamos tomando decisiones guiados por la emoción, y también es su accionar el que regula la fuerza de voluntad respecto a lo que sentimos y hacemos frente a un determinado alimento. Esto explica que los estados de ánimo conocidos como ansiedad, depresión y estrés –entre otros- influyan en la toma de decisiones y en las conductas alimenticias. Es por eso que "algunos investigadores llegan a postular que una de las causas de la obesidad podría rastrearse hasta una disfunción en el proceso de toma de decisiones", agregó.
 
Animales programados para comer
 
 “Como todo animal, los humanos estamos programados para sobrevivir y por ello tendemos siempre a comer todo lo que se encuentre delante nuestro y terminarlo, acumulando para cuando no haya alimento disponible. Estamos programados evolutivamente para no morir de hambre y esta es la trampa, porque en una sociedad con trabas para el movimiento y una disponibilidad calórica constante y sin barreras, este ‘genotipo ahorrativo’ se manifestará con una pandemia de obesidad”, reflexionó Katz, promotora de la filosofía No Dieta, que propone legalizar el placer y bajar de peso comiendo de todo. 
 
Según la especialista, uno de los secretos está en moderar las porciones. “Una porción saludable permite al ‘mono completador’ [que somos los seres humanos] tomar decisiones equilibradas. El problema es la sobrecarga cognitiva, que en el mundo complejo y cambiante que vivimos, implica controlar la ingesta”. 
 
La experta explica qué es el mecanismo de la recompensa, lo que entra en juego a la hora de decidir qué comer y qué no. “La comida predice una oleada de bienestar que, en última instancia, está generada por el nivel del neurotransmisor dopamina. Cuando vemos alimentos sabrosos evocamos el momento en el que experimentamos placer por haberlos ingerido; el cerebro predice la recompensa con un pico de dopamina y genera una oleada de placer y bienestar que nos dirige a comerlo. Por supuesto, que el control lo tiene la persona. Aún personas con descontrol de los impulsos pueden aprender a retomar el control frente a la comida mediante técnicas o fármacos”, describió. 
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La Dra. Katz repasó algunas de las estrategias efectivas para trabajar con la saciación, desde un punto de vista cognitivo y sensorial, como ser realizar “laboratorios del gusto” con ciertos alimentos, optar por alimentos con cualidades saciantes y trabajar con las porciones. 
 
El riesgo de las dietas restrictivas
 
Los especialistas explicaron por qué desestiman las tan promocionadas dietas extremadamente restrictivas tanto en calorías como en alimentos que se ingieren. Estas dietas ponen el acento en el cumplimiento, en la voluntad, y no involucran el placer o la preferencia personal. Esto provoca que la persona se aleje de su registro de hambre y saciedad y de la autorregulación de la alimentación. Las dietas extremas dividen a los alimentos en permitidos y prohibidos, y esto hace que se pierda la riqueza sensorial tanto olfativa como gustativa. Perder esta capacidad produce tensión psicológica y desconexión sensorial, afirman.
 
Según los especialistas en cuestiones psicológicas de la conducta alimentaria humana, los aspectos cognitivos, sensoriales y psicológicos de quienes siguen dietas crónicamente quedan afectados porque al no poder cumplir con la restricción planteada se generan sentimientos de culpabilidad, frustración y vulnerabilidad psíquica, ya que el sometimiento psicológico a la prohibición señalada produce un incremento de la necesidad imperiosa de consumir el alimento prohibido y muchas veces desencadena el atracón. La velocidad con que se realiza una ingesta impide el tiempo de contacto necesario con el alimento para estimular los sentidos gustativos, olfativos y táctiles que permiten desplegar la sensación de saciación. 

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