Uno de los principales defectos de la vacuna antigripal es su complejo y lento proceso de fabricación, que no ha cambiado mucho desde la primera en 1940.
Las versiones inactivadas de los virus se cultivan en huevos de gallina, en un proceso que puede llevar hasta seis meses. El problema es que en ese tiempo pueden surgir nuevas cepas de la gripe no contempladas en la fórmula.
Pero las vacunas ARNm son mucho más rápidas y sencillas de preparar. Por ejemplo, Moderna aplicó la dosis al primer paciente de ensayo clínico solo 63 días después de conocer la secuencia genética del coronavirus.
Esto se debe a que las vacunas ARNm comprenden solo una pieza de material genético, la parte que contiene las instrucciones para producir la proteína clave en la superficie del virus, encerrada en una partícula grasa.
Cada febrero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica las cepas más importantes del virus para el siguiente otoño. Por eso, si se logra acelerar el diseño de la vacuna antigripal anual, podría apuntar con mayor precisión a las cepas dominantes.
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Sanofi, GlaxoSmithKline y Pfizer están trabajando en vacunas ARNm contra la gripe estacional. [Foto: Getty Images]
El potencial ARNm
Los gigantes farmacéuticos habían descubierto el potencial de las vacunas de ARNm mucho antes de la pandemia.
Por ejemplo, Pfizer con BioNTech comenzaron en 2018 una búsqueda de una vacuna antigripal. Por su parte, Sanofi ha estado trabajando en lo mismo con su socio Translate Bio hace aproximadamente tres años. Glaxo ha estado investigando la tecnología internamente durante varios años y el año pasado comenzó a colaborar con el especialista en ARNm, CureVac.
Con la financiación de los gobiernos y el impulso de la pandemia, ahora las corporaciones compiten para lograr una fórmula contra la enfermedad estacional.
No obstante, no hay garantía de que sean mejores de las existentes.
"Lo que estamos viendo en Covid-19 no dice nada sobre lo que veremos con el ARNm en otros productos", dijo Thomas Triomphe, director del negocio de vacunas de Sanofi a WSJ.
“El producto que tenemos hoy se adapta muy bien a las necesidades de la pandemia [pero] lo que la gente acepta fácilmente en una emergencia podría percibirse de manera diferente para la inmunización de rutina”, dijo Triomphe respecto a los efectos adversos más comunes, como dolor y cansancio.
En paralelo, algunos los fabricantes van más allá y comienzan a considerar combinar la vacuna antigripal con refuerzos para COVID-19. Tanto Moderna como Glaxo han hecho público este interés.
Con información de The Wall Street Journal (WSJ)